El Museo Marino en el marco de la crisis

Paulino Betancourt Figueroa | @p_betanco

Profesor-Investigador Universidad Central de Venezuela • Miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat • Editor de la Revista Catálisis • Presidente (H) de la Sociedad Venezolana de Catálisis.

En los últimos días se ha generado un cierto revuelo por el anuncio del cierre temporal del Museo Marino. Desde el año 1994, fecha de su inauguración, el museo se había afianzado como una de las opciones turísticas obligadas de la Isla de Margarita. A través de un recorrido 1.000 m2 de exhibiciones, se podían conocer no sólo las estupendas piezas de peces marinos, la ballena, embarcaciones y carpintería de ribera (entre ellos los peñeros), del navío San Pedro Alcántara, etc. ¿Quién no tiene una foto en el álbum familiar con la ballena?

Me permito destacar la labor de Bladimir Rodríguez, Director de Relaciones Institucionales del Museo Marino, quien ha emprendido una campaña, buscando sostén económico, para rescatar este Museo creado por el ictiólogo, Dr. Fernando Cervigón. El Museo ha pasado por altibajos en los últimos años y es que los museos de ciencia en Venezuela están en crisis; requieren de apoyo financiero. Hay muchos que están privados de recursos.

Los Museos cumplen un papel trascendente frente a la sociedad y para la educación. Muchas escuelas están mal equipadas para la enseñanza de la ciencia; así, nuestros museos se convierten en opciones educativas complementarias para niños y jóvenes.

Sabemos en la actualidad que el aprendizaje de las ciencias no es exclusivo de la escuela formal. Las bibliotecas, parques temáticos, zoológicos, jardines botánicos y desde luego, los museos de ciencias, han permitido acercar la ciencia a distintos públicos, no sólo desde el aspecto conceptual y cognitivo, sino también a partir de las dimensiones actitudinal y social. Ambas están relacionadas con el desarrollo personal, la responsabilidad, la socialización y las actitudes positivas hacia la ciencia, que comúnmente se dejan de lado en la escuela y que eventualmente podrían contribuir a estimular aprendizajes posteriores o incluso a crear vocaciones científicas.

Las instituciones, como el Museo Marino, que albergan colecciones son algo más que almacenes de piezas. Fósiles, esqueletos y peceras coexisten en estos espacios destinados a su conservación, custodia e investigación. Siendo sus colecciones un testimonio de la diversidad biológica y cultural de nuestro país. Su potencial educativo ha de ponerse a disposición de la comunidad con el objeto de que el mensaje expositivo llegue a un mayor número posible de personas.

Los museos son unos espacios significativos dentro de la infraestructura de Venezuela y desde un punto de vista social. Cuando un país, como el nuestro, se ocupa y preocupa de tener y mantener esos espacios, hablamos de una nación a la que le importa el conocimiento, a la que le importa la cultura de sus habitantes y, sobre todo, le interesa conocer su pasado, su presente y como todo este bagaje cultural influirá en el futuro.

Venezuela es un país que se ha destacado prácticamente en todas las manifestaciones culturales y esto es uno de los pilares de nuestra identidad nacional, el amor a nuestro pasado y raíces y al quehacer diario. Nos ha sorprendido a miles de venezolanos el conocer sorpresivamente que el Museo Marino ha sido cerrado súbitamente. Considero que por respeto a quienes somos los beneficiarios de la heredad nacional se debería manifestar inquietud sobre esta situación. Ahora la preocupación que se viene es: ¿Qué pasará con el Museo?

Esperemos una pronta reapertura del Museo marino de Margarita.

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