El madurismo asesinó la educación venezolana

Javier Antonio Vivas Santana | @jvivassantana

Doctor en Educación. Autor de la Teoría de la Regeneración del Pensar.

Que no quede ninguna duda. El madurismo destruyó la educación venezolana. Desgraciadamente como bien lo señalan diversos informes a nivel nacional, tenemos más del 70% de la infraestructura educativa abandonada. Las aulas de “clase” tienen los pisos carcomidos y los “techos” desmantelados en sus tejas, mantos asfálticos o platabandas Las ventanas quedaron sin vidrios, y sus marcos convertidos en estructuras de óxido. En los baños no funcionan pocetas ni lavamanos, sino que las redes de aguas servidas se transformaron en letrinas y pozos sépticos.

Para qué mencionar los llamados “laboratorios” en donde apenas quedaron los vestigios del abandono. Las canchas sin materiales deportivos, ahora son nidos de malandros y delincuentes quienes aprovechan las tinieblas de las escuelas y liceos en horas nocturnas para ejecutar sus orgías, venta y consumo de drogas. Las bibliotecas no existen, y los pocos libros que aún quedan, los ácaros son el único testigo de sus páginas. Los pupitres, mesas y sillas son cementerios de metal y madera de lo que una vez fue un mobiliario.

Los filtros de agua desaparecieron, y sólo al pegar la boca a una llave de agua de un jardín abandonado es posible saciar la sed. El comedor es un saludo a la bandera, porque simplemente este gobierno, al generar una perversa inflación, destruyó el programa de alimentación escolar, al punto que los niños y adolescentes se desmayan por hambre, porque tampoco en sus hogares están comiendo los mínimos nutrientes por la espantosa crisis social. El llamado vaso de leche escolar no existe, porque fue suprimido como política de Estado.

Cifras que manejamos como gremio educativo, demuestran que más del 34% de los liceístas han desertado del sistema educativo en los últimos cuatro años, mientras que Venezuela se ha convertido en el país con la tasa más alta de embarazo en adolescentes entre 10 y 19 años, según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, siglas en inglés), lo cual sólo es cultivo para la pobreza crítica.

Aquellos estudiantes que logran con suerte culminar bachillerato, más del 77% presenta profundas debilidades en análisis de textos, oralidad y redacción (incluso ayudados por un Estado que con sus medios públicos legaliza programas con palabras mal escritas), así como habilidad y razonamiento numérico. No pregunte a nuestros “bachilleres” por conocimientos básicos de historia y geografía. En cuanto a filosofía, de eso ni se habla en el mal llamado currículo escolar, porque este fue entregado en la “planificación” de improvisados ministros de “educación”, como el actual, que hasta pluraliza el verbo haber, y que ignoran la interrelación de los aspectos ontológicos, biológicos, cognitivos, neurológicos, psicosociales, físicos y culturales en relación con la deconstrucción epistemológica y la regeneración del pensar.

Los docentes son ignorados como facilitadores del conocimiento y líderes sociales. Apenas si el malogrado salario les permite comer unos tres o cuatro días. En los planteles no existen ni materiales pedagógicos y menos tecnológicos para fortalecer el proceso del pensar y la creatividad del pensamiento. Con un docente en esas condiciones, es obvio que la relación enseñanza y aprendizaje queda fracturada, porque el impartir saberes no es un dogma, es una concepción que transciende la vida para convertir la praxis educativa en praxis de experiencias, y praxis en la (auto)formación del ser, de un ser que debería ser útil a la sociedad y, para los suyos con el devenir del tiempo.

Hoy, nuestros niños y adolescentes están condenados al hambre, quedando a la merced de malandros y asesinos, porque estos hicieron de las escuelas y liceos sus lugares preferidos para ejecutar sus actos delictivos.

Tenemos una población estudiantil afectada por la desnutrición infantil, las enfermedades y el abandono escolar. Y aquellos jóvenes que lograron formarse hasta los tiempos de Chávez, siguen emigrando del país, mientras quienes aún “estudian” en el medio de la barbarie social, sólo piensan en marcharse de Venezuela porque el madurismo sólo genera incertidumbre, desesperanza, neototalitarismo y destrucción social. El madurismo asesinó la educación venezolana y está asesinando el futuro del país. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.

***

Las opiniones emitidas en esta sección son de la entera responsabilidad de sus autores.