El campo de lo militar

Leopoldo Puchi

Sociólogo. Secretario General del MAS 1996-2006. Ex diputado al Congreso y a la Asamblea Nacional. Miembro de la Asamblea Nacional Constituyente de 1999. Ex Ministro del Trabajo y de la Familia. Premio nacional de periodismo de opinión. Analista. Columnista

En República Dominicana no hubo acuerdo y en el momento de inscribir las candidaturas para las presidenciales del 20 de mayo los principales partidos de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) estuvieron en desacuerdo con postular candidatos. Por otra parte, la oposición interna no luce en condiciones de influir de manera decisiva en la evolución de los acontecimientos: ni en el plano electoral, pues está fracturada, sin una candidatura unitaria y con poca disposición de los electores a acudir a votar; ni en el plano de la insurgencia de calle, como lo indicarían las recientes convocatorias a movilizaciones.

Estas circunstancias han hecho que la lucha por el poder entre las dos fuerzas políticas y sociales en pugna se haya desplazado desde el espacio electoral hacia el territorio inhóspito y peligroso del campo militar o hacia el accionar de factores extranjeros que hacen parte del arco de fuerzas en pugna. Es hacia allí donde se encuentran volcadas las iniciativas del centro de gravedad del conjunto de los sectores del mundo opositor, tanto del interior como del “Frente Amplio Internacional”. De modo que las candidaturas a las presidenciales, como la de Henri Falcón, son consideradas como situadas fuera del actual despliegue estratégico.

En esta perspectiva cobran sentido las declaraciones a la prensa del exsecretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, al inicio de su gira latinoamericana: “En la historia de Venezuela y otros países sudamericanos, muchas veces el ejército es el agente del cambio cuando las cosas están tan mal y el liderazgo ya no puede servir a la gente”. Estas palabras, aunque no hicieron parte del discurso oficial en la Universidad de Texas, no pueden ser consideradas como una boutade, sino como una revelación, tal vez un desliz, del criterio de quienes manejan de cerca el asunto.

De predominar esta óptica, como parece estar sucediendo, entra en escena lo militar, por lo que habría que prestar especial atención al reforzamiento de esta visión que pudiera tener lugar con las designaciones a posiciones clave en la política exterior de Estados Unidos de autoridades vinculadas al mundo castrense o de la inteligencia, como es el caso de Mike Pompeo y de Kimberly Breir, la nueva subsecretaria de Estado para el hemisferio occidental.

Todos los esfuerzos, bien sean diplomáticos o sanciones, concurren en la dirección de actuar como palancas destinadas a jugar en el frente prioritario, bien sea porque el incremento del padecimiento de la población podría dar lugar a un pronunciamiento o porque podría producirse una sublevación, y hasta pudiera llegarse a una confrontación entre grupos opuestos.

Los recientes movimientos en las Fanb y las detenciones realizadas se inscriben en este desplazamiento de la lucha desde la esfera política hacia el campo más crudo, la instancia última del poder: las armas. Esperemos que no sea allí donde se decida el futuro de Venezuela.

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Las opiniones expresadas en esta sección son de la entera responsabilidad de sus autores.

 

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