El amargo del país

Mirla Perez | @mirlamargarita

Doctora en Ciencias Sociales y Licenciada en Trabajo Social. Profesora titular de la Universidad Central de Venezuela. Investigadora en antropología cultural del pueblo venezolano y sobre el fenómeno de la violencia en Venezuela.

“Tratamos de no amargarnos, de no acumular rabia pero sí es una vida difícil. Difícil… porque si no te mata el hambre… te mata la falta de medicinas. Y ese es el amargo del país.” (Grupo Focal)

¿Qué nos hicieron? Es conmovedor escuchar esa expresión: “amargo del país”, todo lo contrario a lo que hemos vivido. Un pueblo caracterizado por la amabilidad, el sabor de la relación afectiva, con el impulso y la fuerza que da la convivencia. Como venezolanos nos hemos hecho en la trama afectiva y desde ahí hemos levantado un país.

El talante democrático del venezolano común se ha mantenido, el régimen que hoy domina no lo hace por la voluntad del pueblo. Se impuso. Obstaculizó toda posibilidad de disentir, sin lograr eliminar ni la historia ni la enorme posibilidad de resistir a esta tiranía dado que no depende de ellos sino de la memoria y la vivencia, dos lugares a los que el totalitarismo nunca ha podido llegar, pueden prohibir la expresión pero no el pensamiento, no lo vivido, no lo sentido.

Hoy podemos decir que en Venezuela tenemos uno de los momentos más oscuros de nuestra historia, los índices económicos revelan que estamos en un tiempo de muerte, vivir cada día implica un enorme sufrimiento, hasta ahora lo hemos logrado, pero con llagas en nuestros cuerpos: hambre, desnutrición, enfermedades, suicidios, tragedias. En medio de esto, es necesario decir que todavía ¡puede ser peor!

Hasta ahora no tenemos muertos en la calle en la cantidad que corresponde a la crisis, porque nos estamos salvando en las comunidades con ayuda de las propias familias, de la iglesia y de gente de buena voluntad que arrima el hombro para hacer transitable lo invivible. La convivencia relacional y solidaria nos ha salvado de un dolor mayor.

Nuestra familia venezolana al tener en su horizonte a la persona concreta, al convive, ha creado las condiciones para la multiplicación del pan: “en mi casa llega una caja, en la de mi mamá otra, mi vecino trae algo y cocinamos, entonces nos unimos y entre todos comemos…” (Grupos Focales)

Esta experiencia, por más sencilla que parezca, es el mecanismo que ha impedido más muertes, la pregunta es: ¿hasta cuándo? Las estructuras se agotan, el régimen con sus cajas CLAP ha intentado individualizarnos pero no lo ha logrado, la fuerza de la cultura se sobrepone al control. Pero llegará el momento que de tanto forzarla, la quebrará, no por agotamiento interno de los lazos entramados de las comunidades sino por aniquilamiento real, corporal que cierra la relación a lo mínimo. Seguirá la intención de la relación pero totalmente anulada por las condiciones económica de muerte.

Cito: “En Kolpino, cerca de Petrogrado, el jefe de un destacamento de la Cheka ordenó disparar sobre una manifestación contra el hambre, ¡organizada por obreros cuya ración mensual había descendido a dos libras de harina! Se produjeron diez muertos” (Stéphane Courtois, et alt., El Libro Negro del Comunismos, p. 8)

Las cajas CLAP no son un invento chavista, ya el comunismo soviético usaba algo parecido, se trata de racionamiento, es lógico que cuando el dominio está en marcha y la destrucción del aparato productivo es un hecho, baja la cantidad de alimentos disponibles y se produce la protesta, nada raro la gran cantidad de disturbios por la falta de alimentos en Venezuela. Tenemos, así, dos tipos de muerte, la que se produce por el hambre y la que ocasiona la represión. Ambas son consecuencias del mismo régimen.

Hoy a un año de la gran rebelión popular, tenemos en el escenario los dos bloques que nos permiten ir tipificando este genocidio: por hambre-falta de medicamentos y por represión. Ante la muerte, el silencio no es una opción ni ética, ni para la sobrevivencia. Hoy tenemos una historia de fallecidos pero también unas enormes posibilidades de que sigan ocurriendo muertes.

Lo que lleva a declarar una crisis humanitaria es la imposibilidad que tiene el pueblo de evitar que el régimen siga produciendo muertos, la tiranía y voluntad absoluta de control no se detendrá con solicitudes anodinas. La resistencia que como pueblo mostramos, nuestras luchas, la sobrevivencia diaria requiere que se produzca una asistencia internacional que nos ayude a recuperar la democracia.

Este amargo país debe dar paso a la Venezuela próspera, relacional, afectiva que siempre fuimos. No podemos permitir que la vida siga perdiendo contra la muerte, nuestra fortaleza está en que ni la vivencia ni la relación ni la memoria de ambas pueden ser dominadas, en ellas están la base de la libertad.

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Las opiniones expresadas en esta sección son de la entera responsabilidad de sus autores.

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