¿Dos constituciones? ¿Dos estados?

Antonio José Monagas

Profesor Titular ULA, Dr. Ciencias del Desarrollo, MSc Ciencias Políticas, MSc Planificación del Desarrollo, Especialista Gerencia Pública, Especialista Gestión de Gobierno, Periodista Ciudadano (UCAB), Columnista El Universal, Diario Frontera, RunRunesWeb.

La ciencia política ha apuntado, reiteradamente, que la política es un acuerdo. Cualquier convención que pretenda plantearse discrecionalmente o al margen del otro actor o actores involucrados en alguna cuestionada situación, resulta contraproducente por cuanto ha de terminar en ruptura de la legitimidad de origen sobre la cual se asienta toda consideración que toque o refiera a la política como condición sine qua non. Sólo así, podría reconocerse la política como hecho, derecho y deber.

Sin embargo, más allá de las contingencias sobre las cuales se depara la política, la macro política o política de alto sentido y contenido, surgen contingencias tendentes a convertirse en factores violatorios de cualquier posible acuerdo razonado con base en necesidades e intereses comunes a los bandos encarados. Las envidias y egoísmos enrarecen y encarecen los ambientes en los cuales podrían tranzarse relaciones de convivencia y de avenencia. Total, la vida del hombre no da para ocupar todo el tiempo en enfrentamientos que la historia desmantelaría en provecho de quien la escribe.

Lo que vive Venezuela, por ahora, es la mejor demostración del concepto de “antipolítica”. Pero también, de “antipartido”. Aun cuando hay quienes comentan que en la razón de tan profundo problema existe una marcada precariedad en lo que refiere un debido “ejercicio de ciudadanía democrática”.

A todas luces, sobre todo, las que enciende la teoría política, la situación venezolana evidencia una penetrante crisis cuya causa estriba en varios hechos, fundamentalmente sociopolíticos, que fueron ensanchándose en el curso de tiempos calamitosos como los que comenzaron a vivirse más intensamente con la llegada del siglo XXI, lapso este contaminado por la acumulación de problemas, no tanto de vieja data como de escalonada secuela, como en verdad ha sido la cabalgante y casi impune corrupción.

Asimismo, el revanchismo, propio de una política rastrera, también el estatismo, propio de gobiernos que buscaron, y así insisten en la actualidad, apoyarse fiscalmente en economías subsidiarias, dependientes o sometidas.

Por tanto luce bastante absurdo, incluso extemporáneo, que en el fragor de un mundo cuya civilización ha comenzado a transitar por realidades definidas por el avance de novedosas tecnologías de información y comunicación, así como de modelos económicos bastante entendibles en términos de sus accesos y relacionamientos, Venezuela haya caído en un proceso de denigrante retroceso social, económico y, desde luego, político.

Es inaceptable que tales condiciones reinen en lo que fuera un país que en las postrimerías del siglo XX, fuera referente en cuanto al modo de accionar política y económicamente su devenir social y cultural. Pero cuando, como ahora, se impone una “revolución pacífica pero armada”, las contradicciones rebasan toda medida y proporcionalidad.

Con el impugnado advenimiento, por vía de la represión, la opresión y la humillación, de la cuestionada Asamblea Nacional “Constituyente”, reprochada por ilegítima, inconstitucional e ilegal, el país terminó por desaparecer del mapa de la geopolítica internacional. En consecuencia, se aisló del resto del mundo para declarar su auto-condena cuyo pronunciamiento será un asunto de escaso tiempo toda vez que su funcionamiento no escapa de la verticalidad y conflictividad que acompaña cualquier dictadura. O peor aún, toda tiranía.

En medio de tan contrastadas realidades, Venezuela comienza a instituir un desorden de tal magnitud, que podrá hablarse de dos ordenamientos jurídicos cuyos basamentos morales tendrían direcciones y objetivos opuestos en casi todos los sentidos, y alcances de tan craso cometido. ¿O acaso se materializarán realidades tan contradictorias que podrán coexistir, políticamente hablando dos Constituciones, dos Estados?

 

  • LUIS

    LO QUE FALTA ES OTRO BANCO CENTRAL DE VENEZUELA Y OTRO PRESIDENTE,,,,,2 REPÚBLICAS NEFASTAS OPROBIAS,,,,,
    EL DESASTRE QUE LLEVARÁ A VENEZUELA A UN ABISMO SIN PRECEDENTES EN LA HISTORIA VENEZOLANA Y LATINO AMERICANA,,