Dilemas en torno al conflicto actual

Francisco Alfaro Pareja |@franciscojoseap

Analista político. Doctor en estudios de paz, conflictos y desarrollo. Investigador externo del Instituto de Desarrollo Social y Paz de la Universitat Jaume I.

La situación en Venezuela es dramática. No hay que ser un experto para atisbar el desastre en el que nos encontramos y el panorama que se avecina sobre el país en los próximos meses. La apuesta del gobierno fue jugar fuerte. Llevó al país de un autoritarismo competitivo a la amenaza real de uno cerrado. Ahora la negociación que plantea, a lo sumo, es volver a un autoritarismo electoral, en donde la oposición se debate entre asistir o no a las elecciones regionales en condiciones de mayor desventaja que en las parlamentarias de hace dos años.

Desde sus inicios, el régimen político chavista asumió características híbridas entre el modelo democrático liberal y el autoritarismo competitivo. Según la caracterización de Levitsky y Way, el venezolano podría identificarse como un régimen híbrido, específicamente un autoritarismo competitivo o electoral en cuanto a que, a pesar de ser formalmente democrático, los funcionarios violentan de manera recurrente las reglas de la democracia para impedir un cambio en el poder y generar un campo de juego político muy desigual entre gobierno y oposición (Camero, 2016). Sin embargo, a partir de diciembre de 2015, el gobierno nacional avanzó en una propuesta destinada a transitar hacia un autoritarismo cerrado o clásico. El cenit de su apuesta fue la elección e instalación de una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) inconstitucional e ilegítima.

Los dilemas para ambos sectores políticos, así como para el país en general y la comunidad internacional, son numerosos y están servidos. Para la coalición de gobierno, la apuesta es peligrosa. Podrían quedar aislados totalmente por la comunidad internacional. Sólo le quedaría la legitimidad derivada de la elección presidencial de abril de 2013. Por ello pareciera que, aunque la Constituyente es idealmente un supra poder destinado a refundar el Estado, esta tendrá facultad sólo para socavar los espacios de la oposición si no accede a conformarse con un marco institucional limitado, en ningún caso al del gobierno.

Al mismo tiempo, la elección de la ANC ha alborotado conflictos de poder a lo interno de la coalición. La composición de su actual directiva denota una inclinación importante a favor del círculo cercano al presidente Maduro. A pesar de esto, dicha coalición se mantiene. Son más los beneficios de permanecer unidos y más los riesgos de separarse. El modelo autoritario electoral le permitiría mantener un equilibrio entre los costos de tolerancia y los de opresión. Sin embargo, las acciones desmedidas de violencia legal, humanitaria y política de las últimas semanas dejan dudas sobre su verdadera intencionalidad como mecanismo opresor o como reafirmación de liderazgos internos en pugna.

Para la oposición, los dilemas son también diversos. Si bien se busca lograr una dirección más cohesionada en torno a la MUD, se pretende ampliar la base de apoyos con el chavismo disidente, todo ello en medio de presiones de sectores que buscan tomar la vía de la resistencia. Cómo hacer que la movilización sea un instrumento para impulsar la negociación y convencer que una no es excluyente de la otra sino que, por el contrario, son complementarias, sigue siendo un reto de su dirigencia. Asimismo, explicar cómo puede beneficiar la participación electoral a la lucha democrática a pesar que el juego político dejó de ser institucional. Es prioritario plantear estrategias y reparar constructivamente el estado emocional de las bases cuando se han generado altas expectativas cuya satisfacción luce, cuando menos, improbable en el mediano plazo. Sobretodo aquella basada en la hora 0, en donde se evidencia la incoherencia entre estrategias planteadas.

A nivel de país se presentan otros retos. ¿Hasta dónde es posible sostener un mínimo de gobernabilidad con instituciones paralelas basadas en legitimidades distintas? ¿Qué legitimidad reconocerá a mediano plazo la Fuerza Armada Nacional? ¿Mantendrá una acción corporativa o responderá a proyectos de país diferenciados o a liderazgos personales? Los sucesos del pasado domingo 7 de agosto en Valencia despiertan dudas al respecto. ¿Cómo sostener una lucha pacífica en un terreno no electoral y desinstitucionalizado al cual ha llevado el gobierno? Todo esto en medio de una gravísima situación social y económica sin precedentes y con la amenaza de sanciones sobre los ingresos petroleros que podrían ser devastadoras.

Para la comunidad internacional, el caso venezolano es inédito y los retos mayúsculos. Para las organizaciones multilaterales es menester articular medidas para proteger a los ciudadanos de amenazas internas contra los DDHH, las libertades y la democracia. Asimismo, emprender reformas para ampliar la representación de los estados en el seno de cuerpos colegiados y desarrollar medidas oportunas, tales como basadas en la dimensión pacífica del tercer pilar de la responsabilidad de proteger. En este caso, es fundamental superar el falso dilema del choque de este principio con el de soberanía.

Finalmente, a nivel de la opinión pública, uno de los grandes retos es explicar con empatía, en especial a los sectores progresistas de la región, que el origen de los regímenes con vocación autoritaria y totalitaria puede ser no sólo de “derechas” sino también de “izquierdas” y que la legitimidad de los gobiernos no es sólo de origen sino también de ejercicio. La batalla por impedir o superar la alienación es quizá una de las más importantes causas en defensa de la libertad, los DDHH y la democracia.

Así las cosas, pareciera que hay una marcada intención por volver a un autoritarismo electoral en Venezuela previo a las condiciones del pasado 1° de abril. Lo contrario podría implicar la mutación hacia un régimen más cerrado que terminaría imponiéndose, al menos temporalmente, a pesar de sus riesgos para la unidad y viabilidad de la coalición de gobierno en el mediano plazo. En sentido inverso, la meta de la transición democrática, aunque luce más lejos que ayer, sigue allí. Su consecución requiere de ingentes esfuerzos. Para la oposición, los retos pasan por dilucidar sus dilemas en distintos escenarios, tener amplitud y altura de miras e impulsar planteamientos estratégicos coherentes y realistas que sumen y no resten, que unifiquen y no dividan; que ponderen fortalezas y debilidades, ventajas comparativas y terrenos desfavorables, variables dependientes e independientes; que esclarezcan y no que oscurezcan.

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