Del Comité de Salvación Pública al Comando Antigolpe

Eloi Yagüe Jarque | @eloiyague

Escritor, periodista y profesor universitario. Autor de novelas, libros de cuentos y guiones de cine. Ganador del premio de cuentos Juan Rulfo-Semana Negra de Gijón.

La Revolución Francesa cavó su propia tumba al fundar el comité de Salvacion Pública para acabar con todos los contrarrevolucionarios. Al final tanto Danton –su creador- como Robespierre “El incorruptible” –su último director- conocieron la “frescura” fugaz del filo de la guillotina.

Robespierre aumentó su autoritarismo firmando decretos que anulaban la comparecencia de testigos y de defensores en los juicios revolucionarios. Pero al fin consiguió articularse una oposición a su tiranía, fue acusado de traición y detenido el 9 de thermidor de 1794 junto con sus amigos Louis Saint-Just y Georges Couthon. Fueron guillotinados sin juicio al día siguiente. El Comité de Salud Pública no tardó en disolverse.

Antes de su disolución, el Comité dictó alrededor de 40 mil sentencias de muerte. Sólo un ínfimo porcentaje de los ejecutados –no llegaban al 10%- fueron nobles o pertenecientes a la odiada aristocracia. La gran mayoría de los decapitados eran trabajadores o campesinos acusados de eludir el reclutamiento, deserción, acaparamiento, rebelión u otros delitos. Porque el Comité también tenía a su cargo la distribución de alimentos. O sea que también el bachaquerismo, como lo llamamos ahorita, era considerado traición.

Entre nosotros, la constitución del Comando Antigolpe equivale a la formación del Comité de Salvacion Pública. ¿El objetivo principal? “Derrotar y acabar definitivamente con todos los vestigios del golpe de Estado oligárquico y de derecha”, según el presidente Maduro. Pero hay otros objetivos declarados: combatir a los enemigos de la revolución, a los terroristas y a los traidores.

Como si no bastaran los organismos regulares del Estado -Fuerzas Armadas, Policía, Guardia Nacional, Servicios de Inteligencia- se activa otra instancia del gobierno que inaugura a la vez una nueva etapa de la represión puramente política. ¿Estaremos frente a una nueva fase de la revolución, esta vez terminal como lo fue El Terror, la inaugurada por la guillotina en la Francia revolucionaria?

Si había alguna duda acerca de los objetivos y alcance de este organismo, las podemos considerar superadas: en los primeros días de funcionamiento tiene el dudoso mérito de haber arrestado a seis dirigentes opositores en cinco días. Y se nota entonces que el objetivo no declarado del Comando es garantizar que el chavecismo se mantenga en el poder muchos años más, como pregonan voceros oficialistas.

Pero no basta liquidar a la oposición, detener a sus dirigentes -incluso a un diputado   como Gilber Caro sin haber allanado su inmunidad parlamentaria-, dictar inhabilitaciones o ilegalizar a los partidos políticos para que no puedan celebrarse elecciones regionales ni municipales.

Lo que resulta inevitable es que en Venezuela haya elecciones tarde o temprano. Y de seguro habrá en el Psuv , así como en los otros partidos que componen el Polo Patriótico, o en la izquierda disidente (que existe, así como el chavecismo crítico) dirigentes que querrán lanzarse a la confrontación electoral, en pleno uso y de sus derechos políticos.

¿Cómo va a manejar la cúpula del partido de gobierno la presión que se produce dentro de las filas chavecistas para que se dén las elecciones? La única forma sería considerar traidores a quienes manifiesten aspiraciones, porque obviamente y tal como están las cosas (especialmente la baja popularidad del régimen), quien aspire a descollar dentro de las filas chavecistas tendrá que articular un discurso sino disidente al menos crítico, para distanciarse del monumental fiasco que ha resultado el madurismo.

¿Serán entonces esas aspiraciones consideradas la traición que hará pagar caro el Comando Antigolpe? El concepto de traidor se aplicará entonces a quienes se desvíen de la versión madurista del chavecismo (algunos chavecistas de vieja data acusan precisamente de traidor a Maduro). El término traidor no aplica para la oposición pues no se puede traicionar algo en lo que nunca se creyó. ¿Cuáles serán los criterios del mencionado Comando para decidir quién o quiénes son los traidores? ¿Bajo qué leyes, o manual de procedimiento se regirá?

Claro que dirán que la Venezuela del 2017 no es la Francia de 1794. Es verdad; pero también es cierto que la historia es circular. Y que toda revolución se come a sus hijos.