Cuba: de la ilusión a la “apertura”

Hisvet Fernández | @HisvetF

Investigadora en Psicología Social y Sexualidad. Profesora de Psicología Universidad Centrooccidental Lisandro Alvarado.

Por Hisvet Fernández* / @HisvetF

La Habana, después de tantos, años es otra. Es ahora una ciudad en la que, por ejemplo, te encuentras negocios regentados por la gente particular. Y eso, cuando yo viví allí, era absolutamente impensable. En el casco histórico, a primera vista, crees que estás en cualquier ciudad cosmopolita, con su bullicio comercial correspondiente. Hay tiendas anunciando productos con el rostro de Julia Robert como las puede haber en cualquier ciudad del mundo globalizado y capitalista, y a su lado, la figura de una negra anciana sentada en un banco con su atuendo de santera, con su tabaco en la mano, que se presta para posar contigo por 1 CUC (1$) para que tu imagen se inmortalice con ella y con sus creencias. En las librerías pagas en dólares por el rostro del Che Guevara o del inmortal Camilo Cienfuegos. Yo me traje fotos de Celia Sánchez y Vilma Espín, como quien compra uno de Frida Kahlo en Ciudad de México.

Hay que haber vivido en esta ciudad para reconocer aquello que no ha cambiado en el fondo. Yo he regresado a Cuba 28 años después de haberla vivido, con unos recuerdos acuestas de amores extintos, de apegos políticos primitivos, del nacimiento de mi hija, cubana de la Maternidad Obrera, de la niñez de mi hijo y de sueños compartidos con su gente, que me pesan en el alma como un costal.

Cuando llegué por primera vez a La Habana iba enamorada y loca por llegar al cielo, al bastión de la “dignidad latinoamericana”. Así la sentía en esos momentos. Impactada, al ver sus calles sin ningún letrero comercial, creí que eso era prueba de que el capitalismo se había ido de allí. Hoy, con mayor sensatez y madurez política, llego segura de que el cielo sigue aún a la espera de ese asalto, porque en algún momento se convirtió apenas en un purgatorio, ya que la definición de infierno no es precisa, so pena de atropellar al pueblo cubano y a su belleza y bondad intrínsecas.

Encuentro una Habana reconstruida en su belleza arquitectónica como Patrimonio de la Humanidad, y vaya que lo es. Para mí, tiene una particularidad entre la luz y la sombra en sus calles centrales que te mantienen atrapada entre la claridad nítida del Caribe soleado y la penumbra de espacios donde el sol nunca ha llegado, esquivando alumbrar lo que permanece oculto y que aún lucha por dejarse ver. Ahora, las sombras de santeras cubanas de imitación y a un precio de un CUC por foto, lidian con Julia Robert en el casco histórico de La Habana.

 

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Es majestuosamente hermosa esta ciudad. Nos reencuentra con una historia que nos pertenece a todos los pueblos latinoamericanos; la colonia y nuestra colonización. Fue maravilloso poder recorrer de nuevo sus calles y escudriñar de nuevo para encontrar allí, como levitando en el tiempo, las casonas inmensas donde habitan numerosas familias hacinadas en condiciones que dejan mucho que desear para el promedio de las personas civilizadas. Eso no ha cambiado con la “apertura”; eso se mantiene encerrado y solo es para el pueblo cubano.

Encontré una industria del turismo muy crecida y desarrollada, con hoteles 5 estrellas que convirtieron en solo recuerdos a los hoteles de mi memoria como El Riviera, que ahora lo llaman Hotel de Cucarachas y que en otros tiempos fue de lujo, donde funcionaba uno de los mejores Cabaret de La Habana. Yo viví en él más de 6 meses, en sus paredes habaneras. La nueva cadena de hoteles aloja a turistas de todo el mundo que vienen en búsqueda del “enigma” cubano y del sol de sus hermosas playas, por la atención médica especializada y por el gentilicio de su pueblo, que es maravilloso. Pero en esos hoteles siguen solo entrando los [email protected] que trabajan allí para el Estado, militantes del Partido Comunista de Cuba y [email protected], pero el pueblo cubano no puede entrar aún a ningún hotel para disfrutar sus instalaciones. Eso tampoco ha cambiado con la “apertura”.

Si algo encuentra una como turista es que cualquier cubano o cubana puede hacer de guía y te pueden hablar de la historia pasada y contemporánea con una pasión única. Por lo general, son profesionales universitarios que no trabajan en su profesión. También suelen aprovechar la conversa para desahogar criterios y puntos de vista, que en otro país nadie suele comentar. Es una situación en donde se trata como de abrir un cofre que lleva mucho tiempo cerrado y buscan utilizarte como una botella, con un mensaje lanzado al mar.

Si de algo te hablan ahora es de la llamada “apertura” o las “nuevas relaciones con los gringos”, como le dicen. Los comentarios de la gente común son impactantes, como el taxista graduado en Ciencias Jurídicas (abogado) que nos dijo: “Bueno, la apertura es solo apertura para quienes ya han estado viviéndola hace tiempo, para quienes han podido siempre tener acceso a las cosas que nos han sido negadas a todos con el cuento del embargo económico de los gringos, pero que nunca han sufrido por ese embargo. Para nosotros, el pueblo, siguen las limitaciones, pero hay algo muy bueno de la apertura y es que ahora se les acaba el cuento de que por esa razón, por el embargo económico, tenemos 50 años viviendo entre un período especial y otro de preludio del período especial. Yo estoy loco de que pase por lo menos 1 año para ver con cuál cuento vendrán, si ya no hay embargo. La vida no es nada fácil aquí. Tengo un amigo que habla 7 idiomas, es graduado en Física pura, es una persona demasiado inteligente y trabaja en una carnicería, cortando carne en un negocio de los que ahora podemos tener, casi privado, pero pagando muchos impuestos. Yo le pregunto, ¿por qué?  y su respuesta es: porque no quiero trabajarle al gobierno y que me digan cómo debo pensar y cómo y de qué debo hablar. Un talento perdido”, me dijo el taxista, y estas palabras me conmovieron profundamente.

Y continuó: “Qué haces con graduar a tantos jóvenes en diferentes profesiones si no les brindas oportunidades para desarrollar sus potencialidades; si el empleo es precario y le colocas un techo de vidrio que nunca pueden sobrepasar”. Ese es el cofre que te abren los cubanos que se acercan a una como turista. Un cofre tan transparente que no se ve, pero se vive y se siente. Antes, la única alternativa laboral era el Estado, que controlaba absolutamente todo y era único patrón laboral, algo significativamente lejano al socialismo que soñaron Marx y Lenin. Hoy, con la “apertura”, tienes otra alternativa: el autoempleo, que significa tu “libertad económica”, pero sujeto a elevados impuestos y trámites burocráticos que solo pueden superar quienes tienen realmente voluntad casi desquiciada de “emprendedores”, pero que al final casi siguen trabajando igual para el Estado.

La moneda cubana hace 28 años era equivalente al dólar, 1 peso 1 dólar. Hoy existe una moneda intermedia llamada CUC entre el peso cubano y el dólar, que equivale a 23 pesos; 1 CUC – 23 pesos cubanos; 1 CUC es casi 1 dólar. Es obvia la devaluación de su moneda nacional. Para el pueblo cubano, 1 minuto de Internet cuesta 1 dólar, que ahora en Venezuela equivale a 172 bolívares Simadi. Por lo que me mantuve incomunicada, naturalmente.  Alrededor de las salas de navegación y hoteles ves a jóvenes tratando de acceder a señales perdidas en el espacio, pero hay un control férreo para que nunca lo logren. Aunque la creatividad humana, y en especial la cubana, rompe todos los cercos y muchos manejan códigos para lograrlo.

No pude ir a mis lugares queridos ni ver a la gente que fue mi familia y la de mis [email protected] mientras viví en La Habana.  Esto me dolió mucho , ya que estaba allí, en la misma ciudad que ellas, pero ir implicaba tiempo y dinero extraordinario. Un taxi para llevarme hasta Bahía, donde viví hace 28 años, me cobraba 50 CUC solo de ida, y en guagua (bus) implicaba un tiempo como de 1 hora en ida y otra de vuelta, más el tiempo de visita imprevisible, ya que no tenía forma de comunicarme con mis antiguos vecinos. Era tiempo con el que no contaba, pues estaba participando en un Congreso con tiempos planificados.

En Cuba siempre todo está planificado por la compañía del Estado, y debo decir: muy bien planificado. Fue doloroso estar tan cerca y tan lejos y tener esa sensación de pérdida de control sobre mis decisiones y deseos. Es esa sensación de que te digan “yo no te lo prohíbo” pero te coloquen todos los obstáculos. Eso es lo peor de la experiencia de mi regreso a La Habana.

Cuba parece otra por la apertura, pero sigue siendo la misma para pueblo. Lo mejor es haber respirado su aire, ese salitre espeso, haber mirado el horizonte del malecón donde se confunden cielo y mar, haber sentido en mi piel su sol y escuchado esas voces inconfundibles de mis [email protected] del pueblo cubano, que te nombran y responden siempre con la palabra compañera.

 

*Psicóloga social

venezolana y cubana

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