La crisis venezolana y los riesgos para la seguridad regional - Efecto Cocuyo

La crisis venezolana y los riesgos para la seguridad regional

La disuasión es la anarquía
Andrei Serbin Pont | @SerbinPont

Analista Internacional especializando política exterior, defensa, seguridad, derechos humanos y prevención de conflictos

El proceso de modernización de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) impulsado por el fallecido presidente Hugo Chávez, se hizo notorio por la incorporación de grandes cantidades de armamento y material bélico, lo que impulsó las capacidades convencionales del instrumento militar venezolano para llevar adelante operaciones militares tradicionales en el contexto de las hipótesis de conflicto de desestabilización interna y conflicto armado con un país vecino.

Se destacaron las compras de modernos aviones de combate Su-30MK2 Flanker G, uno de los mayores sistemas de defensa antiaérea que incluyeron los S-300VM y BUK-M2E, enormes lotes de vehículos terrestres incluyendo T-72B1, BMP-3, BTR-80, MSTA-S, BM-21 BM-30, así como una extensa red de radares de alerta temprana, patrulleros oceánicos, y una amplia flota de helicópteros Mi-17/26/35, entre otros.

Pero dado el actual contexto de caos generalizado, corrosión profunda de las instituciones estatales, corrupción dentro de la FANB y penetración y expansión de grupos paraestatales en territorio venezolano, cobran mayor importancia los grandes lotes de armas ligeras adquiridos durante dicho proceso de modernización. En este sentido se destacan las compras de los fusiles AK-103, el pase a reserva de los FAL (Fusil Automático Liviano), la incorporación de lanzadores granadas auto-propulsadas RPG-7V1(con sus respectivas variantes de munición) y, sobre todo, la llegada a Venezuela de considerables lotes de misiles portátiles antiaéreos (MANPADs por sus siglas en inglés) Igla-S de fabricación rusa.

Grupos ilegales y tráfico de armas

Según informes de InSight Crime, la penetración de grupos ilegales en Venezuela es alarmante. La porosa frontera colombo-venezolana se encuentra plagada de unidades del ELN (Ejército de Liberación Nacional), ex FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), diversos grupos vinculados a actividades ilícitas (tráfico de armas, personas, drogas, comida, medicamento y otros bienes y productos), EPL (Ejército Popular de Liberación), y Fuerzas Bolivarianas de Liberación – Ejército Libertador (FBL-EL), entre otros.

Muchos de estos grupos han ido centrando sus operaciones dentro de Venezuela a medida que aumenta la presión por parte de las fuerzas militares en territorio colombiano, se presentan avances en los procesos de paz, y del lado venezolano hay menor control o mayor complicidad por parte de las fuerzas del Estado. La situación caótica de la economía venezolana ha fortalecido el accionar de muchos de estos grupos que se nutren de recursos humanos por medio del reclutamiento de venezolanos y se financian por medio de una diversidad de actividades ilícitas, incluyendo la minería ilegal que se ha convertido no solo en un negocio altamente redituable sino también en un foco de conflictos armados dentro de Venezuela.

Esto ha derivado en una situación en la cual no solo encontramos coordinación y cooperación entre grupos paraestatales y las fuerzas del Estado, sino también competencia entre estos. Esto quedó ejemplificado en la captura de un líder de la guerrilla colombiana ELN el 4 de noviembre, que resultó ser el detonante para la emboscada que sufrieron funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) en la comunidad indígena Picatonal, a pocos minutos de Puerto Ayacucho, en el estado Amazonas.

El ELN es uno de los grupos con mayor penetración en Venezuela, y se han ido desplazando hacia el interior del país, alejándose de la frontera, para ampliar sus actividades y fortalecer su capacidad de financiamiento. Desde la llegada al poder de Chávez, las acusaciones por parte del gobierno colombiano contra el venezolano por la provisión de insumos militares a grupos armados han sido numerosas.

En parte, la presencia de armamento venezolano en manos de grupos paraestatales es atribuible a los ataques realizados contra unidades fronterizas venezolanas, pero también a corrupción dentro de unidades militares, el amplio mercado negro de armas en Venezuela y posiblemente algunas iniciativas concretas por parte del ejecutivo venezolano de proveer pertrechos de guerra a grupos ilegales colombianos.

Un cambio reciente en la tendencia es la aparición de vínculos de grupos brasileños como el PCC (Primer Comando da Capital), que estaría traficando o buscando traficar armas de Venezuela a Brasil para cumplir con su creciente demanda de armas para continuar con sus esfuerzos de expansión territorial. En 2017 dos venezolanos fueron detenidos en el estado brasileño fronterizo de Roraima por tráfico de armas, y escuchas telefónicas han dejado al descubierto conversaciones entre miembros del PCC y traficantes venezolanos para la adquisición de material bélico proveniente de la FANB para ser enviado a Brasil.

Tipo y Cantidad de Armamento

El Igla-S (SA-24 Grinch 9K338) es uno de los MANPADs más avanzados del mundo, disponiendo de un sistema de guía infrarrojo pasivo, una ojiva de mayor poder explosivo y alcance efectivo aumentado en un sistema compacto con un peso total de 17 Kg y que requiere de una sola persona para su operación.

Así se distribuyen los MADPADs en el país
Mapa de Presencia Confirmada de MANPADs

Estas características lo convierten en una enorme amenaza para la seguridad regional dada la facilidad para su tráfico y comercialización ilegal, su capacidad para derribar una diversidad de objetivos aéreos (helicópteros, aeronaves no tripuladas, aviones de combate a baja altura, e incluso aviones comerciales civiles en las aproximaciones a aeropuertos), y una creciente demanda por parte de grupos paraestatales que buscan aumentar sus capacidades antiaéreas en un esfuerzo de establecer capacidades básicas de negación del espacio aéreo contra fuerzas del Estado. Los Igla-S se encuentra distribuidos a nivel nacional en unas 42 unidades de defensa antiaérea, y probablemente unidades blindadas y fronterizas también.

No hay claridad sobre los stocks de Igla-S con los que cuenta Venezuela. El numero más conservador es el de SIPRI(Stockholm International Peace Research Institute) que indica por lo menos 200 lanzadores (posiblemente 400) y 4000 misiles. Analistas especializados en Venezuela tienden a consensuar una cifra de entre 1000 y 1500 lanzadores con alrededor de 5000 misiles, e incluso algunos estimados señalan 2500 lanzadores con 7500 misiles. Un relevamiento de las unidades que operan el sistema Igla-S nos ofrece dos estimados de cifras alternativas: 564 lanzadores y 5952 misiles o 738 lanzadores y 7692 misiles sin contabilizar lanzadores y misiles que puedan encontrarse en depósito/reserva y material de dotación a unidades que no son de defensa antiaérea, pero son provistos de medios como el Igla-S para ofrecer capacidades mínimas de defensa antiaérea.

Otros dos tipos de armamento que han tenido una gran proliferación dentro de la FANB son los fusiles AK-103 y los lanzadores de granadas autopropulsadas RPG-7V1, ambos de fabricación rusa. El AK-103 es una versión modernizada el AKM/AK-47 y utiliza munición 7.62x39mm (mismo calibre que utilizado por Cuba en sus Fuerzas Armadas, así como varios grupos paraestatales colombianos). Venezuela contrató la compra de 100.000 fusiles para reemplazar los antiguos FAL en 7.62x51mm (los FAL pasaron a reserva), así como grandes lotes de municiones y la instalación de una fábrica de fusiles en Venezuela y otra de munición.

Casa donde se escondía Oscar Pérez
En la edificación en la cual se encontraba Oscar Pérez se utilizaron lanzadores RPG-7V1

Hasta el día de hoy, ninguna de las fabricas opera (puede que en los próximos dos años inicien producción), aunque Venezuela si continúa produciendo diferentes tipos de munición para armamento ligero con capacidades de fabricación preexistentes, así como ha importado grandes lotes de munición. Los AK-103 han ingresado con fuerza en el mercado negro por diferentes medios: el robo a personal militar, la corrupción dentro de unidades militares que deriva en desvió de material y la comercialización de estos fusiles a cambio de bienes esenciales (sobre todo en unidades en las fronteras cuya logística se ve aún más afectada que en el resto del país).

Los RPG-7V1 han sido adquiridos en cantidades no declaradas y no existen indicios sobre los cuales realizar un estimado con la excepción de que prácticamente todas las unidades de la FANB han recibido RPG-7s como armamento colectivo de las unidades, por lo cual se estimada un elevado número de lanzadores y municiones (disponibles en sus diferentes versiones: PG-7VL alto explosivo anti-tanque, PG-7VR anti-tanque, TGB-7V termobárica y OG-7V / OG-7M alto-explosivo y fragmentación anti personal).

Los RPG-7 obtuvieron mayor visibilidad a principios de 2018 cuando los grupos de seguridad del Estado, específicamente las Comisiones de las Fuerza de Acciones Especiales (FAES) pertenecientes a la Policía Nacional Bolivariana (PNB); de la Comisión Antiextorsión y Secuestro (CONAS) pertenecientes a la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), integrantes de la Dirección Contra Inteligencia Militar (DGCIM) y del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional Bolivariana (SEBIN), participaron en la Operación Gedeón que tuvo lugar en el kilómetro 16 de El Junquito, ubicado en la capital del país. Los efectivos de estos cuatro cuerpos accionaron fusiles, granadas de mano, subametralladoras y RPG-7s contra el refugio en el que se ocultaba el Oscar Pérez, lográndose apreciar el empleo de municiones TGB-7V termobáricas lanzadas desde los RPG-7V1.

Hay otros dos tipos de armamento a tomar a consideración, los FAL y los Mosin Nagant. Los primeros, se encuentran en depósitos de reserva de la FANB en grandes cantidades, y muchos ya han entrado en el mercado ilegal. No se disponen de estimados en cuanto la cantidad de FAL, pero se estima grandes stocks en reserva de fusiles y de municiones. Con relativa frecuencia se reincorporan estos fusiles a medida que los AK-103 no fueron suficientes para proveer a nuevas unidades activadas dentro de la FANB.

Los Mosin Nagant son casi irrelevantes en términos de sus capacidades en el contexto de los conflictos armados modernos dada su obsolescencia (fusiles a cerrojo fabricados durante la Segunda Guerra Mundial en la Unión Soviética), pero si son relevantes en cuanto son indicativos de la presencia de armas largas importadas sin encontrarse ningún tipo de registro de las mismas. Por los marcajes de las armas se ha logrado identificar el armamento como provenientes de los stocks de la Unión Soviética producidos durante la Segunda Guerra Mundial. Desde 2005 ha habido múltiples indicios fotográficos de que el gobierno venezolano habría adquirido lotes de armas adicionales incluyendo Kalashnikovs búlgaras por medio de mecanismos similares al empleado para adquirir los Mosin Nagant a Cuba. Se desconoce el destino de este armamento, aunque la evidencia fotográfica indicaba su presencia dentro de depósitos militares venezolanos.

Gestión y Control

En fechas recientes Rusia anunció el suministro del sistema Grafit, un moderno sistema de gestión de equipamientos militares. Según las autoridades rusas, el sistema proveerá a Venezuela de mayor capacidad de mantenimiento de sus unidades, aunque la provisión del sistema puede ser interpretado como un mecanismo para fortalecer las capacidades de control interno de material de la FANB. Por el momento en el caso de Venezuela, hemos visto que el material desviado de la FANB al mercado ilegal suelen ser pistolas, fusiles, munición y granadas, que es equipamiento de dotación de buena parte del personal y por ende de fácil acceso.

Pero, el ataque del 6 de agosto de 2017 contra el Fuerte Paramacay en la denominada Operación David, dejó en claro las vulnerabilidades de la FANB en cuanto a resguardo de material. Durante dicho ataque, un grupo armado atacó las instalaciones de las 41 Brigada Blindada (la unidad más importante del Ejercito Bolivariano) logrando robar cientos de fusiles AK-103, lanzadores de granadas múltiples, 60 pistolas y cohetes antitanque, así como municiones de diverso tipo. El ataque es un peligroso antecedente que no solo deja en evidencia la vulnerabilidad de las unidades militares a ataques de grupos paraestatales, sino porque en todo Venezuela hay distribuidos una infinidad de depósitos de armas con condiciones de seguridad muy inferiores a las de la 41 Brigada Blindada del Fuerte Paramacay, incluyendo aquellos depósitos de las 42 unidades de defensa antiaérea que disponen de stocks de lanzadores y misiles Igla-S.

Cabe destacar que existen dudas sobre las condiciones de seguridad de almacenamiento de los Igla-S. Especialistas internacionales en el tema destacan que una medida de seguridad esencial es el almacenamiento por separado de los diferentes componentes del sistema de armas para dificultar el robo del mismo.

En la imagen de más arriba, tomada durante una inspección a la 391 Grupo Misilístico de Defensa Antiaérea “Capitán Fernando Crespo” y publicada en la cuenta de Twitter de la unidad, se aprecia que en la misma sala se encuentran los lanzadores, tubos de misil y baterías, lo que facilita la sustracción ilegal del sistema completo.

Conclusiones

A medida que el caos se profundice dentro de Venezuela, la corrosión dentro de las instituciones del Estado sea mayor, y la penetración de grupos paraestatales continúe incrementando, Venezuela se convertirá no solo en un hub internacional de actividades ilícitas, sino que también en una fuente enorme de armamento militar con el riesgo que ingresen al mercado ilegal de armamento. Esto favorecería no solos a los que comercialicen este material militar sino también a grupos paraestatales en Colombia y el resto de la subregión, así como las organizaciones criminales internacionales como el PCC.

Si a esta ecuación le sumamos la posible presencia de grupos radicales islámicos y su acceso a misiles portátiles antiaéreos, podemos encontrarnos en un escenario en el cual se logre perpetrar ataques terroristas contra la aviación civil, o que grupos como el PCC, el ELN o los grupos no desmovilizados de las FARC, empleen medios avanzados como los Igla-S para negar acceso al espacio aéreo a las fuerzas militares de la región y consolidar sus posiciones en territorios que controlan o buscan controlar para continuar con sus actividades iliciticas.

Por último, es importante destacar que un conflicto armado en Venezuela, sea con un país vecino o por medio de una intervención militar extranjera, solo aumentaría exponencialmente el riesgo de que este armamento ingrese al circuito ilegal de armas, como ha dejado en claro los conflictos recientes en Libia y Siria. En el contexto de un conflicto armado la tendencia es la reducción de la seguridad en el resguardo del material, y su proliferación, sobre todo ante un posible colapso de la estructura estatal que dejaría los depósitos vulnerables al saqueo.

En el caso de un eventual gobierno de transición, este deberá tener claridad sobre el riesgo que implica la falta de medidas de seguridad para estos sistemas de armas y planificar para en un futuro inmediato aumentar significativamente las medidas de control para asegurar el resguardo del material sin reducir las capacidades operativas del instrumento militar.

(La información sobre unidades militares de defensa antiaérea ha sido recopilada tanto de fuentes abiertas y accesibles en línea(como las cuentas de redes sociales de dichas unidades militares), como también en consulta con fuentes que prefieren mantener el anonimato.)

 

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