Ciudades seguras desde la perspectiva del género

ciudades seguras para las mujeres
Susana Reina | @feminismoinc

Psicóloga. Magister en Gerencia de Empresas. Coach Ontológico Empresarial. Directora Fundadora de feminismoinc.org Venezolana. Feminista. IG: @feminismoinc

La violencia de género es una situación compartida en todos los territorios y culturas del planeta y, más allá de ciertas áreas de mejora en los mecanismos de integración y protección, las ciudades pueden y deben mejorar su desempeño para que las mujeres y niñas tengan una vida más segura y contribuir de este modo a mejorar su calidad de vida. Noviembre es el mes donde más se aborda este tema desde el activismo feminista por celebrarse el 25 el Día de la Eliminación del Violencia contra la mujer, por ello es más que propicio poner en la agenda noticiosa todos los esfuerzos que se hacen para erradicarla.

El concepto de violencia debe ser manejado en sentido amplio para incluir todas las formas de interacción que restringen el derecho de mujeres y niñas a vivir una vida plena y segura. La violencia en el espacio urbano ocupa un lugar preponderante en el análisis porque la mayor parte de la población de América Latina se concentra en ciudades y las relaciones culturales que sustentan la diferenciación de género son, por tanto, propias de una vida urbana, sin dejar de considerar la problemática de género en los espacios rurales.

A partir de datos de 50 países en vías de dearrollo, ONU Mujeres reporta que más de 50% de las mujeres y niñas en las zonas urbanas carecen de al menos uno de estos recursos: acceso al agua limpia, instalaciones sanitarias, vivienda durable y espacio suficiente para vivir. Esto también es violencia, subestimada, estigmatizada e invisibilizada en las políticas públicas, e incluso se duplica y reitera el daño desde el mismo espacio que debiera proteger y liberar.

Muchos documentos, acuerdos y convenciones internacionales han venido reconociendo y resaltando el derecho de las mujeres a vivir sin violencia. Ello implica trabajar en planificación, coordinación, diseño, administración, supervisión y control ciudadano de todos los aspectos de la ciudad (arquitectónicos, regulatorios, de equipamiento, de servicios, respuesta organizada, promoción cultural, entre otros) para que la seguridad -como variable multidimensional- y la sensación de seguridad de mujeres y niñas mejoren y contribuyan al perfil de apropiamiento civilizatorio que se espera del ejercicio ciudadano.

Latinoamérica muestra avances

A través de algunos ejemplos latinoamericanos se pueden evidenciar avances en la consideración del género al planificar y desarrollar ciudades para la gente más allá de los esquemas tradicionales, que muchas veces encierran medidas de protección basadas en estereotipos, en ocasiones ajenos a la consulta misma a las mujeres y la evaluación de las condiciones de sus hábitos de movilización en las ciudades, que son diferentes a las de los hombres.

Yo trabajo promoviendo el crecimiento de las mujeres en el espacio corporativo y, en este sentido, tengo mi propia batalla contra el estándar de mujer que debe abrir un espacio distinguido en su vida para parir y criar hijos. A mí misma me tocó hacerlo y no dudé en buscar ayuda en otras mujeres para no limitar los alcances de mi carrera, convencida siempre que el tiempo de calidad era un buen sustituto de la total dedicación y que mis hijos se criarían emocionalmente más sanos viendo a su madre realizarse en múltiples formas.

Sin embargo, sé que para muchas es muy duro hacer compatibles todos estos retos y me parece ahora que, desde las políticas de organización local, mucho se puede hacer para que más mujeres reinterpreten sus propias posibilidades de libre expansión en la medida en que la ciudad sea más amable con su cotidianidad.

 

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