Ciencia vs apartheid: 50 aniversario del primer trasplante de corazón humano

Paulino Betancourt Figueroa | @p_betanco

Profesor-Investigador Universidad Central de Venezuela • Miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat • Editor de la Revista Catálisis • Presidente (H) de la Sociedad Venezolana de Catálisis.

Cuando el cirujano sudafricano Christiaan Barnard anunció que había realizado con éxito el primer trasplante de corazón humano en las primeras horas del 3 de diciembre de 1967, provocó un frenesí en la prensa. Pero la primera pregunta de los periodistas no fue sobre los detalles del novedoso procedimiento, ni siquiera cómo se sentía el paciente. Querían saber sobre la raza del donante. La operación había tenido lugar en el Hospital Groote Schuur de la Ciudad del Cabo, en pleno corazón del apartheid. 

El impulso para la operación se había estado realizando desde que el cirujano estadounidense Richard Lawler realizó el primer trasplante de riñón en 1950 y 13 años después, James Hardy realizó el primer trasplante de pulmón del mundo, intentando al año siguiente un trasplante de corazón. Pero se vio obstaculizado por las leyes de los Estados Unidos de Norteamérica que no reconocían el concepto de muerte cerebral. Hardy se dio cuenta de que corría el riesgo de ser acusado de asesinato si le quitaba el corazón al donante, por lo que implantó un corazón de chimpancé en el pecho de Boyd Rush. El cuerpo de Rush rechazó el órgano del animal y murió ese mismo día.

Sin embargo, Sudáfrica no tenía tales escrúpulos sobre la muerte cerebral y Barnard había recibido la garantía de que no sería procesado si tomaba el corazón palpitante de un paciente con muerte cerebral. En el invierno de 1967 había llevado a cabo 49 trasplantes de corazón en perros y había reunido a un equipo de cirujanos y enfermeras dispuestos a intentar la primera operación humana. También había seleccionado a un candidato, el señor Washkansky, que padecía una enfermedad coronaria grave, diabetes e insuficiencia cardíaca. Así, el 22 de noviembre se ofreció un corazón y Washkansky estaba decidido a seguir adelante, pero el donante era negro y tal era el poder del apartheid que la operación se detuvo.

Ya previamente, Barnard había hecho un trasplante de riñón de una persona negra a una mujer afrikaans blanca y había causado disturbios en Ciudad del Cabo. Hubo un gran debate en Suráfrica sobre el uso de los órganos de las personas negras para mantener vivas a las personas blancas. Hubo incluso una cuestión de si un hombre blanco con un corazón negro podría ser enterrado en un cementerio blanco. Entonces le indicaron a Barnard que tenía que encontrar un donante blanco para su receptor blanco por lo que debieron esperar hasta el día 2 de diciembre, cuando un conductor ebrio golpeó a Denise Darvall, de 25 años, a un kilómetro de distancia del hospital. Tras quedar claro que no tenía ninguna posibilidad de sobrevivir, Barnard le preguntó a su padre si podía usar su corazón para salvar al señor Washkansky. El señor Darvell estuvo de acuerdo, señalando al cirujano que su hija era devotamente cristiana, que tenía un “corazón de oro” y ella querría que alguien más lo usara.

La operación comenzó en la madrugada del 3 de diciembre, pero el cirujano Terry O’Donovan, que estaba a cargo de abrir el tórax de la señorita Darvell no quería quitarlo hasta que el corazón dejara de latir. Cuando se transfirió al Sr. Washkansky tomó tres intentos antes de que comenzara a bombear sangre. El corazón de la señorita Darvell también era pequeño y los cirujanos comentaron que “se movía como un pez” en la enorme cavidad del pecho del señor Washakansky, lo que dificultaba la unión de vasos sanguíneos. Después de una operación de cuatro horas, Barnard se volvió hacia su equipo con asombro y dijo: “Jesús. Esto funcionará” (Jesus. Dit Gaan Werk en Afrikáans).

En cuestión de horas, las noticias del éxito habían viajado por todo el mundo y las indagaciones de los periodistas abundaron. La primera pregunta que hizo la prensa fue si el órgano del donante provenía de una persona blanca. Luego preguntaron cómo se sentía el Sr. Washkansky, un judío, acerca de tener el corazón de un cristiano. Sin embargo, el éxito inicial fue de corta duración. En los días posteriores a la operación, Washkansky comenzó a deteriorarse. Creyendo que su cuerpo estaba rechazando el órgano del donante, los médicos aumentaron los medicamentos inmunosupresores, lo que empeoró la infección. Lamentablemente, murió el 21 de diciembre después de sufrir un shock séptico por neumonía y falla orgánica múltiple. Christiaan Barnard estuvo amargado por un tiempo y fue muy criticado por no estar suficientemente preparado. A pesar de la muerte de Washkansky, Barnard repitió la experiencia un año después, cuando reemplazó el corazón de Philip Blaiberg, quien vivió veinte meses más con su nuevo corazón. Ese mismo año se realizaron cerca de 100 trasplantes, se consideró a Barnard un héroe y se elevaron las esperanzas de vida para pacientes con insuficiencia cardíaca.

Empleando la misma técnica usada por Barnard, el 17 de septiembre de 1978 un equipo de quince médicos del Hospital Militar realizó el primer trasplante de corazón en Venezuela. La operación fue realizada en un paciente de 45 años de edad, quien desafortunadamente murió. A pesar de este tropiezo, el 5 de julio de 1987, se realizó el primer trasplante exitoso en el Hospital Pérez Carreño practicada por los médicos Manuel Penso y Marcos Poler al paciente Víctor Bejarano.

Cincuenta años después de que Barnard realizara su operación pionera, el trasplante de corazón se considera una actividad rutinaria, salvando en el 2016 la vida a más de 7.000 pacientes en todo el mundo.

Foto: elcomercio.pe

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