¿”Ciencia lenta” para países en desarrollo?

Paulino Betancourt Figueroa | @p_betanco

Profesor-Investigador Universidad Central de Venezuela • Miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat • Editor de la Revista Catálisis • Presidente (H) de la Sociedad Venezolana de Catálisis.

El movimiento Slow Science, originado en Alemania y cuyas ideas son ahora difundidas por la Slow Science Academy, ha sido popular entre los países desarrollados, como Estados Unidos, que tienen una fuerte capacidad de investigación. El manifiesto del movimiento sostiene que centrarse en la productividad limita la creatividad de los investigadores, evitando que tomen “tiempo para pensar, tiempo para leer y tiempo para errar”.

Sin embargo, los científicos de los países en desarrollo debemos aumentar la calidad de nuestras investigaciones, publicando más artículos. Estamos bajo una creciente presión para publicar más cada año. Algunos argumentarían que estas métricas cuantitativas están promoviendo una distorsión científica, en la cual la cantidad prevalece sobre la calidad, es decir, publicar artículos en revistas con altos factores de impacto.

En algunos países en desarrollo, la capacidad de los investigadores o instituciones para obtener financiamiento está estrechamente relacionada con su productividad, medida como el número de artículos científicos que se publican. Desde que Brasil comenzó a aplicar esta métrica hace unos 20 años, como mecanismo para evaluar el desempeño de los investigadores, su ciencia ha mejorado, con un mayor número de artículos publicados en revistas de alto impacto y nuevas redes de investigación establecidas. La necesidad de publicar más artículos, conduce, en última instancia, a trabajos más cortos con discusiones superficiales, a un número creciente de revisiones cuantitativas en lugar de descriptivas y al reemplazo de los artículos desarrollados en el laboratorio por documentos sobre simulaciones o modelajes.

Crecimiento regional

Sin embargo, el aumento de la producción editorial de nuestro vecino, Brasil, ha traído un enorme crecimiento en la ciencia. Por ejemplo, la inversión en educación científica ha aumentado, fomentada por el establecimiento de nuevos programas de capacitación de postgrado y la implementación de políticas para incentivar la cooperación nacional e internacional. He conversado en el pasado, con colegas de la Universidad Federal de Rio de Janeiro, donde concentrarse en la productividad es un paso difícil pero necesario en el camino hacia el establecimiento de un sistema más maduro en el cual la calidad de los documentos científicos acabará reemplazando la cantidad como un enfoque en la estrategia de investigación.

La situación es similar en otras naciones latinoamericanas, como Argentina, Colombia y México. En estos países, la presión de los organismos de financiamiento y las instituciones para publicar más, ha aumentado su clasificación científica respecto al resto de América Latina, y superando a Venezuela. En China, el crecimiento económico y una presión para publicar han aumentado drásticamente la calidad de la ciencia y la tecnología.

Los investigadores altamente productivos publican en revistas de alto y mediano impacto, mientras que los menos productivos publican en revistas de bajo impacto. Este es un argumento claro contra la ralentización de la producción científica (ciencia lenta), basada en el factor de impacto como una medida internacional bien establecida de la calidad científica de una revista. Este patrón emerge por varias razones. En primer lugar, publicar artículos requiere práctica. Hagamos lo que hagamos, mejor lo hacemos cuanto más lo hacemos. En segundo lugar, ser publicado en una revista de alto impacto aumenta la reputación.

Creación de redes

Sobre la base de mis experiencias y las de mis colegas, los científicos altamente productivos suelen ser expertos en la creación de redes. También son buenos para iniciar una investigación internacional de colaboración, cuyos resultados suelen ser sólidos y bien discutidos y, por lo tanto, es más probable que se publiquen en revistas de alto impacto.

Por último, la investigación colaborativa internacional de alta calidad ayuda a los científicos a recaudar fondos, lo que en última instancia atraerá a más estudiantes, postdoctorantes y científicos jóvenes a trabajar con ellos, dando lugar a artículos de mayor calidad.

Este panorama general es, por supuesto, simplificado, y hay excepciones. También reconozco que hay una “compensación” en el aumento de la productividad: cuanto más se necesita publicar, menos tiempo hay disponible para experimentos de laboratorio o salidas de campo. Sin embargo, también creo que publicar más artículos es una consecuencia natural de un ambiente de investigación saludable y colaborativo, que se puede lograr dentro de un gran grupo de investigación.

Pero existe una tendencia en la que se nos pide tratar de alejarnos del énfasis de la productividad, bajo el criterio de que la presión para publicar deja a los científicos con tiempo insuficiente para pensar en temas importantes que requieren un profundo debate y reflexión, como el alivio de la pobreza y el desarrollo de una vacuna contra el cáncer. Si bien tal propuesta puede ser atractiva para algunos, debe aplicarse con cautela en países como el nuestro donde se han desmantelado las capacidades de investigación.

Creo que la “ciencia lenta” no funcionaría para nosotros. Por lo tanto, los países en desarrollo debemos ser cautelosos con respecto a este movimiento. El énfasis de los financistas e instituciones de investigación sobre la productividad puede ser global, pero la historia del desarrollo científico varía considerablemente entre países desarrollados y en desarrollo. Se necesita tiempo para que las naciones alcancen un estado de constante producción científica sobre todo cuando la ciencia y la tecnología todavía están en desarrollo.

Para los países desarrollados, centrarse en la productividad puede limitar la creatividad. Pero para los países en desarrollo, tener un enfoque basado en la métrica puede ayudar a mejorar la ciencia nacional. En Venezuela, la implementación de métricas e indicadores de desarrollo de ciencia y tecnología habían ayudado al país en el pasado a definir mejor sus objetivos y alentó a nuestra comunidad científica a publicar en revistas de mayor impacto.

El gran reto a futuro: las políticas deben orientarse a retomar los esfuerzos anteriores para impulsar un ambiente propicio, a fin de contribuir con los cambios necesarios para insertar al país en los nuevos paradigmas basados, fundamentalmente, en la producción de artículos, valoración del talento humano y en el desarrollo científico-tecnológico.