Ciencia en versos - Efecto Cocuyo

Ciencia en versos

Ciencia y poesía
Paulino Betancourt Figueroa | @p_betanco

Profesor-Investigador Universidad Central de Venezuela • Miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat • Editor de la Revista Catálisis • Presidente (H) de la Sociedad Venezolana de Catálisis.

La ciencia y la poesía no siempre han ido de la mano. Edgar Allan Poe escribió en 1829:

¡Ciencia! ¡Verdadera hija del tiempo tú eres!
que alteras todas las cosas con tus escrutadores ojos.
¿Por qué devoras así el corazón del poeta…?

Aquí, Poe critica la forma en que la ciencia natural elimina la magia de un mundo que se captura con mayor precisión en la poesía ¿Estaba en lo cierto?

En conversaciones recientes con el químico y poeta venezolano Ricardo Harner, me interesó la forma como la poesía ha influido en las vidas y obras de los científicos. Al hacerlo, he reflexionado sobre la necesidad de un enfoque más interdisciplinario para entender nuestro mundo. Tanto los poetas como los científicos forman hipótesis y experimentan, pero con diferentes estrategias para apoyar o descartar una teoría. Un poeta trata con las palabras de la misma manera que un científico trata con las células y los átomos. Un poeta usa metáforas de la misma manera que lo hace un científico. Si bien se puede argumentar que las manipulaciones verbales y las pruebas de laboratorio no son comparables, creo que la principal similitud entre los poetas y los científicos es que adoptan la misma actitud hacia su objeto de estudio.

En algunos casos, el laboratorio de un científico cumple una función similar a la pluma y el papel del poeta: son lugares donde el autor prueba sus ideas y revisa sus enfoques. De esta manera, ambos buscan retroalimentación sobre sus ideas del mundo natural mediante la observación y la experimentación. Así, abordan su trabajo con una actitud empírica. Octavio Paz, el Premio Nobel de Literatura de 1990, escribió: “Ver con nuestros oídos, sentir con nuestras mentes, combinar nuestros poderes y usarlos hasta el límite, saber un poco más sobre nosotros mismos y descubrir dentro de nosotros realidades desconocidas: ¿no es ese el objetivo asignado a la poesía?” Ambas disciplinas involucran el uso de nuestros sentidos no solo para aprender sobre la naturaleza sino también sobre nosotros mismos.

A menudo, muchos poetas adoptan y exploran las teorías confirmadas en trabajos de la física, la astronomía y la naturaleza, los campos científicos más populares para los poetas. La idea de los científicos como poetas es sorprendentemente común. Ada Lovelace era la hija del poeta Lord Byron, quien, poco después de nacer, fue llevada a Grecia. La madre de Lovelace, Annabella, estaba decidida a que su hija no se convirtiera en la poeta “loca, mala y peligrosa” en que se había convertido su padre. Así que Annabella se comprometió a asegurar la mejor educación científica para su hija que estaba disponible a principios del siglo XIX. Lovelace sobresalió como estudiante.

Al principio de su matrícula, le presentaron al matemático inglés Charles Babbage y su trabajo sobre el “motor analítico”. Los diseños de esta máquina, compartían muchas características de las computadoras modernas, incluidos los cálculos matemáticos complejos, las copias impresas y la capacidad de trazar gráficos. Mientras Babbage diseñó y creó esta increíble pieza de ingeniería, fue Lovelace quien vio su verdadero potencial al crear el procedimiento lógico de como debía programarse, teorizó que el motor podría ser capaz de cualquier tarea si se programaba correctamente, incluso componer música o escribir poesía.

A pesar de los recelos de su madre, ella continuó escribiendo poesía y reflexionó, que su visión fue posible gracias a esta rebeldía. Esta visión sorprendente, contribuyó a la creación de la máquina de computación, por parte de Alan Turing, casi un siglo después. Hoy en día, la visión original de Lovelace le parecerá inmediatamente familiar a cualquiera que transmita música o escriba un poema en su computadora.

Otro científico que fue un poeta consumado, era Humphry Davy. Descubrió los elementos sodio y potasio (entre otros) y su poesía fue celebrada por poetas de la época como Wordsworth y Coleridge. En algunas de sus primeras investigaciones, a Davy se le encomendó investigar los beneficios médicos del óxido nitroso. Rápidamente se dio cuenta de los efectos eufóricos del compuesto y le dio el nombre alternativo, gas de la risa, en 1800. Davy continuó haciendo notas detalladas sobre los efectos que el gas tenía en su estado mental y físico. Registró algunos de estos primeros experimentos en verso. El poema, “Sobre la respiración del óxido nitroso”, muestra claramente cómo su escritura se vio afectada por el gas. La euforia que sintió al experimentar con el óxido nitroso no podía describirse con lógica científica. En su lugar, la poesía se convirtió en el método más preciso para documentar sus efectos.

Poesía para expresar la ambivalencia emocional

Un ejemplo más reciente de un científico cuya vida e investigación fueron fuertemente influenciadas por la poesía, es la astrónoma canadiense Rebecca Elson. Ella fue uno de las científicas en hacer mediciones con el Telescopio Espacial Hubble, para observar las primeras etapas del universo. A las pocas semanas de su lanzamiento, el telescopio comenzó a devolver imágenes de sistemas estelares distantes.

Sin embargo, estas imágenes fueron dramáticamente más bajas en calidad de lo que originalmente se esperaba, esta distorsión en la imagen (aberración) significaba que la observación de los objetos distantes para lo que Hubble había sido diseñado, no podían medirse con el grado de precisión requerido por los astrónomos. La investigación de Elson sobre la formación temprana de galaxias, se había estancado. En su poema “Aberración”, ella revela las frustraciones de acercarse tanto al objeto deseado y al hacerlo explora el concepto de fracaso, que es tan crítico para el esfuerzo científico. Solo a través de la poesía, se sintió capaz de expresar su ambivalencia emocional. Su verso muestra la decepción aplastante de una manera que simplemente, no era posible expresar a través de las notas de laboratorio o en la redacción científica.

Ya sea sentando las bases de la computación moderna, ayudando a reimaginar el papel del científico o llegando a un arreglo con el fracaso, el trabajo de estos poetas-científicos demuestra que la ciencia y la poesía ofrecen un enfoque complementario, más que antagónico, para dar sentido al mundo que nos rodea.

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