Certezas e interrogantes del paquete y la reconversión

Carlos Hermoso | @HermosoCarlosD

Economista | Doctor en Ciencias Sociales | Profesor Asociado de la Faces en la Universidad Central de Venezuela | Investigador | Dirigente político

Varios son los objetivos del paquete Maduro. Lo fundamental, mantener la política en favor de la oligarquía financiera. Serle más fiel. Afianzar la dependencia. El cambio de amo, condujo a la misma relación sostenida con el anterior. Pero esta vez de manera superlativa. Por eso, el objetivo de mantener y elevar la capacidad de crédito y de pago es de primer orden. Además, en virtud de que la hiperinflación lleva a una caída insoportable en las ganancias para quienes venden, se ven obligados a frenarla hasta su probable abatimiento, mientras compensan en algo, y por un tiempo breve, la brusca caída del salario de los trabajadores. Eso sí, compensan, pero quitan con precios por dolarización, más carga tributaria y aumento de la gasolina. Ese es el objetivo principal.

Son varias las lagunas que dejan los anuncios. Lo han dosificado y de golpe dicen lo principal. Así, sin contar con todos los elementos y basándonos en algunas consideraciones teóricas fundamentales establecemos algunas perspectivas y derivaciones de esta política.

Detener la inflación y que todo siga igual

En cualquier caso se trata de un paquete que, al menos en las primeras de cambio, no conduce al crecimiento y menos al desarrollo. Se trata del afianzamiento de una política que, como hemos dicho una y otra vez, condena a Venezuela a la producción petrolera y minera. Se trata de un paquete liberal, aunque los liberales no ven liberalismo porque hay controles. Como si el liberalismo no hubiese nacido a partir de la imposición de políticas estatales que abarcaron el mercado mundial. La creación de instituciones y controles para implantar el librecambio de mercancías a escala planetaria no dejó fuera el uso de ejércitos y fuerzas navales, como en la guerra del opio contra china (la primera entre 1839 y 1842 y la segunda entre 1856 y 1860), o el bloqueo a Japón en 1853. El control del mercado mundial por los más competitivos es el objetivo liberal, independientemente de que en algún que otro mercado interno haya controles que garantizan la venta de sus mercaderías. Implantan, a su vez, una división internacional del trabajo que nos condena a especializarnos en ser primario-exportadores y compradores netos de bienes finales. En eso trabajan en estos tiempos los chinos.

Que logren superar o detener la hiperinflación con el paquete, no supone que se hayan resuelto los problemas, mucho menos el fundamental, una economía que no crece ni se desarrolla y se hace cada vez más dependiente.
Se les fue de las manos la inflación hasta convertirse en espiral alcista, y luego hiperinflación. En la primera etapa o período inflacionario, la plusvalía que obtenían los capitalistas, entre compensación salarial y la siguiente, era mayor. No les fue mal. Recordemos que inflación supone mayor plusvalía para el capitalista, hasta la obtención de superganancias. Se convierte en problema cuando se va reduciendo la capacidad de demanda que afecta la oferta. Además de que a los dueños de los medios les resulta imposible competir con los bienes importados a dólar preferencial y de mayor calidad. Así, muchos bienes fueron sustituidos en el mercado por el importado. El capitalista ve reduciendo el número de compradores. Se hace un problema para el capital, no tanto como para el trabajador. De allí que el Gobierno busca frenar la hiperinflación. Veremos si logra abatirla.

Dolarizar, sincerar

El dinero es tal en tanto que es medida de valor. La riqueza venezolana ya no contaba con una medida de valor propia. El bolívar cada día perdía terreno como resultado de la inflación. Se hace cotidiano que la gente trance en dólares. Luego, el paquete de Maduro está generalizando la dolarización. Haber llevado el salario del venezolano a una escala irrisoria a partir de la hiperinflación, forzó una y otra vez a compensar en algo su caída. No porque no permita las mínimas condiciones para la reproducción del trabajador y su familia, sino porque cae la demanda efectiva que requieren los dueños de los medios y los importadores. En este paquete se dolariza el salario, pero en apenas 30$ o 1.800 Bs.S. Hace 5 años era de 200. De una parte, luce alta para algunos, más preocupados por los empresarios que por los trabajadores, bajo el axioma de que los empresarios son los que garantizan el trabajo. Aunque el obrero garantiza que el empresario obtenga ganancias.

La única mercancía en que la oferta tiende a ser mayor que la demanda es la fuerza de trabajo. Luego, el salario de los obreros tiende a estar por debajo de su valor. Esto es, la expresión en dinero de su valor de cambio, el salario, tiende a colocarse por debajo de su valor. El salario de los trabajadores venezolanos, por la condición dependiente de la economía venezolana, agudizada por la hiperinflación, alcanzó un nivel que lo coloca como el más bajo del mundo. El salario mínimo cerró en esta etapa que culmina el 19 de agosto, en unos 75 centavos de dólar. Luego, el Gobierno antiobrero de Maduro se encuentra en la contradicción entre sostener esa ventaja comparativa para el capital de una fuerza de trabajo barata, o la de elevar su precio para que el trabajador tenga algo de ingreso para consumir y se convierta en un estímulo para la producción. O para que haya demanda de los bienes importados. De allí que apenas aumente a 30 dólares el salario mínimo.

Ahora bien, con base en estos aspectos, se establecen medidas concomitantes. Dolarizar supone que los servicios públicos, electricidad, gas, telefonía, entre otros incrementarán su precio de manera exorbitante, ya que también serán dolarizados. Asimismo, faltan algunas mercaderías, aquellas que venían siendo adquiridas con dólares preferenciales o a precio dicom, que también se expresarán en precios al alza. Aumento que será mayor, en mayor proporción en muchos casos, que el alcanzado por el salario. Más cuando aumentan en 4 puntos el IVA. Luego, dan para quitar.

De otro lado, no hay ningún asomo de que vaya a producirse alguna medida que aumente la riqueza ni cambie la distribución.

No es paradójico que el salario de los trabajadores adscritos a las distintas instituciones del Estado, sea menor que el devengado por los trabajadores productivos. Sobre todo de las grandes empresas. De allí que el salario que más tiende a crecer de manera porcentual será el de los trabajadores de la administración pública. Esto es, se incrementa el gasto para crear algo más de demanda efectiva, la demanda de la gente. Situación que presiona más para que aumenten la recaudación. De allí el incremento en el precio de la gasolina, junto con el IVA. “Evitan” el contrabando de la gasolina y con ello aumentan los ingresos. Segunda contradicción que los lleva a dar para quitar.

Por ser tan difícil mantener el equilibrio, a la inflación, probablemente menor que la que rige, se le sumará el incremento de precios que trae la dolarización. Inflación remanente, aumento de precios por costo de producción, más aumentos de precios por dolarización, dan como resultado que nos quitaron lo que dieron.

¿Cómo hacer para no producir dinero inorgánico? El reto del Gobierno es ver de dónde saca más dinero, medido en dólares, para alcanzar el equilibrio de ingresos y gastos. O, en todo caso, reducir la brecha para que no haya inflación desbordante. Como no se define una política que permita el desarrollo de la concentración de capitales, se busca apenas aumentar la recaudación. El único incentivo al crecimiento, si puede llamarse así, es la eliminación de impuestos a las petroleras e importadores. Apuesta el Gobierno al incremento de la producción del crudo, de sus precios y de la producción de minerales en el arco minero. No estimulan nada para el desarrollo industrial. O sea, se afianza el carácter petrolero-minero de la economía, mientras se confía a nuevos empréstitos chinos a cambio de una mayor dependencia y entrega de las riquezas al imperialismo que hoy luce como favorito a hacerse de la hegemonía mundial.

El nuevo signo monetario

En la sociedad capitalista, no hay control que pueda con la ley del valor. Ello explica que eso de los controles en la determinación de los precios terminó siendo una parodia. En el capitalismo y en general en las sociedades mercantiles, el precio se ajusta al valor. Es expresión del valor. Del trabajo humano objetivado en la mercancía. Luego, si un precio está por debajo del valor, en condiciones inflacionarias, además del contrabando, se produce el acaparamiento. Esa es la ética capitalista. Más cuando ha sido lumpenizada en el régimen de marras.

El petro es el asunto más espinoso de las medidas de Maduro. En primer lugar, no se trata de una criptomoneda. Es un criptoactivo, un título de valor. Una criptomoneda no respalda nada ni es respaldada por nada. Es un valor objetivo. En ella está objetivada una cantidad de tiempo de trabajo socialmente necesario. Resume un proceso de producción y de trabajo. La criptomoneda tiene un valor de uso que se fue abriendo paso en la medida en que fue cubriendo la satisfacción de una necesidad. Se convierte en un medio de pago, de reserva y de medida de valor. Dinero en toda regla. Una mercancía. Crea un mercado. Llegó para quedarse. Muestra de que la confianza es un resultado, no un punto de partida. Los idealistas en el pensamiento económico ven las cosas al revés. Como muchos asuntos. Todo lo ven al revés.

El petro no reúne estas condiciones. Es un título de valor que representa una cantidad de riqueza en el subsuelo. Certificación mediante de la reserva petrolera asignada como respaldo, se le asigna un precio a cada petro, sobre el cual se asigna, a su vez, una cantidad de bolívares soberanos. Se enajena una porción de la riqueza del subsuelo. No es un instrumento fiduciario, representa una riqueza transable. Así, se dolariza a partir de un tercero. 1 dólar equivale a 60 BsS. 1.800 a 30 dólares.

Ambos instrumentos, el bolívar soberano y el petro, deberán convertirse en medios de cambio, reservas de valor y medidas de valores.

Por lo que deberán vincularse a las otras determinaciones que definen al dinero, como el crédito y el dinero mundial. La masa de estos instrumentos deberá corresponder con el volumen de la riqueza nacional. Deberá aproximarse al Producto Bruto Interno. Estas son incógnitas que no va a responder el Gobierno que mantiene secretos para sembrar incertidumbres. Lo que sí es cierto es que no hay mayor riqueza. Sigue cayendo el PIB.

Tendrá que sortear, además, algunos escollos como el de las sanciones de Estados Unidos. Pero cuentan con chinos y rusos. Otro, el petro oscilará con base en el comportamiento de los precios del crudo a escala internacional. Si le sonríe la suerte y se agudizan las contradicciones interimperialistas en su guerra por mercados o fuentes de materias primas y se expresen en tensiones bélicas, el precio subirá. Si los imperialistas hacen treguas los precios caerán. Si aumenta la producción de alguna de las potencias, rusos o estadounidenses, los precios caen. El petro sujeto a los vaivenes del mercado. No tiene el petróleo la estabilidad en el precio que guarda el oro.

Ahora bien, ubiquemos que el dinero no puede existir sin que haya valor, pero el valor no puede existir sin que haya dinero. Esa es la única forma en que se expresa la objetividad del valor. Siguiendo a Marx, “…la objetividad del valor de las mercancías, por ser la mera existencia social de las cosas, únicamente puede quedar expresada por la relación social omnilateral entre las mismas; la forma valor de las mercancías por consiguiente tiene que ser una forma socialmente vigente”. El dinero surge “como obra común del mundo de las mercancías”. No es una magia que de manera arbitraria crea riqueza. Así, la cantidad de dinero, expresada en soberanos, petros o dólares, va a expresar un volumen de riqueza y de capital en reserva. No más. Luego, lo que se reparta se hará con base en los mismos parámetros. Algunos se despertarán de un sueño y verán que siguen tan pobres o más, que antes. A menos que se incremente la economía. Aun así, sin cambiar las relaciones de producción y de cambio, la pobreza no será superada.

Por todo esto, no es cosa subalterna eso de la diferencia entre reconversión y cambio del signo monetario. Tampoco es un mero ejercicio teórico. Que sea la implantación de un nuevo signo monetario es lo que conduce, principalmente, aunque no es lo único, a la incertidumbre. Fue natural que la gente con algo de bolívares saliera a gastarlo en lo que sea. Ya el bolívar fuerte murió antes de que le aplicaran la extremaunción. No se sabe cuál será el poder adquisitivo del nuevo signo.

Se ha sembrado la más grande incertidumbre en la gente. Trabajadores, comerciantes, empresarios, intelectuales, andan a la expectativa. Reina la confusión. Alguna gente tiene esperanzas. Quienes todavía sienten simpatías por la satrapía, sueñan y propagan las más grandes fantasías acerca de este paquete. Pero sus efectos fraudulentos aparecerán de manera casi inmediata. El régimen sigue estimulando la rabia de las grandes mayorías. Misma que será fuerza arrolladora para sacarlos del poder.

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Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

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