¿Cerca o lejos del bienestar?

Oscar Morales Rodríguez

Economista con un Magister en Políticas Públicas. Colaborador de varios medios nacionales.

En nuestro país se ha distorsionado el objetivo de la administración del Estado. Sería conveniente recordar cuál es el propósito de gobernar un país. Universalmente, los jefes de Estado tienen como finalidad generar el contexto que posibilite a su población ostentar altos niveles de calidad de vida, es decir, ejercer la gestión estatal para procurar que todos los indicadores sociales tengan valores extraordinarios, dado que eso se traduce en unas gratas condiciones de vida. Ese es el norte de la jefatura gubernamental.

Para saber en dónde estamos y hacia dónde vamos, les comentaré varios indicadores que dan cuenta de la situación socioeconómica de nuestra población. Por no contar con estadísticas oficiales, lo único que nos queda es hacer deducciones de acuerdo a nuestras percepciones. Empecemos tomando en cuenta cómo viven los pacientes crónicos, la inseguridad ciudadana y los brotes epidémicos. ¿En cuánto estará los años de esperanza de vida al nacer próximamente? Considerando la deserción escolar en todos los niveles educativos, ¿por dónde estará la tasa de alfabetización y la tasa de matriculación en la inmediata generación? Juzgando por los ingresos salariales hoy, ¿estaremos más cerca de la renta mensual de los noruegos o de los zimbabuenses?

Asimismo, si nos detenemos a estimar el bienestar social, según el uso y disfrute de la electricidad, el aseo urbano, el agua potable y los bienes de consumo, ¿cuál sería la calificación que le colocaría hoy al gobierno? Reflexionando sobre la confianza que usted le otorga a los actores gubernamentales y la sensación de que usted influye sobre las decisiones políticas, ¿tendríamos más evaluaciones positivas o negativas? Valorando su apreciación acerca de la seguridad que siente cuando camina de noche por la calle, ¿en cuál categoría de riesgo o vulnerabilidad nos ubicaríamos?

Los antes mencionados son parámetros que se utilizan para calcular el bienestar de la sociedad, puesto que todos estos indicadores derivan en una vida digna, longeva y saludable dependiendo sus puntuaciones. En palabras simples, se supone que una sociedad estaría más cerca de gozar de una existencia armoniosa y equilibrada si posee mayores conocimientos, satisface sus necesidades básicas –y un poco más- y respira un ambiente donde el Estado garantice y respete sus derechos humanos básicos.

¿Quién nos llevará a puerto seguro? Quizás algún líder que pueda trabajar en cada uno de esas dimensiones socioeconómicas con devoción empeñosa y rodeado de un equipo con fervor profesional. Alguien que comprenda que la conducción deseable del país debe aproximarse a crear las condiciones de bienestar social y económico, y no a proteger los intereses nauseabundos de unos pocos. Alguno que logre absorber la idea elemental de que primero se crea la riqueza nacional y luego se distribuye para proveer las protecciones sociales necesarias de toda índole. Algún estadista que actúe con la perspectiva de largo plazo, ese que esté interesado en construir las bases firmes con olor de futuro sostenible, más que en salir en la primera plana del periódico ‘reinaugurando’ un ambulatorio.

¡Qué básico y qué complejo eso de construir el bienestar!

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