Cazados como conejos

Eritza Liendo

Escritora y periodista venezolana. Licenciada en Comunicación Social y Letras de la Universidad Central de Venezuela. Jefe de la Cátedra de Literatura en la Escuela de Comunicación Social de la UCV. Con su primer libro, Shadow y otros cuentos sombríos, obtuvo en 2013 el Premio para Autores Inéditos de Monte Ávila Editores.

El concepto de nación trasciende al de país, que está restringido por sus implicaciones político-territoriales. Hablar de nación (que no es lo mismo que hablar de patria) es hablar de un constructo mucho más orgánico, que abarca no sólo el territorio, la libre determinación y la independencia política.

Nación es un concepto que se define a partir del entramado étnico, cultural, religioso, idiomático y, sobre todo, a partir del sentido de pertenencia. Una parte medular del término nación tiene que ver con las costumbres y con las tradiciones y éstas, a su vez, contienen –en el sentido más abarcante del término– lo referido a la música, los bailes, la gastronomía.

La gastronomía venezolana, por cierto, se caracteriza por la mixtura, por la innegable y atávica impronta europea y africana y, más recientemente, por la influencia de países vecinos o cercanos como Colombia, Brasil, Uruguay, Perú y Argentina. Ya se sabe: cosas de la globalización.

En lo que respecta al mapa gastronómico nacional, Venezuela está dividida en cinco zonas: la oriental, la occidental, la central, la llanera y la andina. En algunas –y en lo relacionado con las proteínas de origen animal– predomina en algunas el consumo de pescado; en otras, el de carne de res; en otras, el consumo de aves de corral; pero, en general, en Venezuela (y en teoría) se come de todo. ¡Incluso conejo!

Un problema cultural

Comer de todo no significa comérselo todo. En el imaginario del venezolano, comer perro o gato, por ejemplo, sería una aberración incluso cuando las circunstancias actuales de la economía obliguen a algunas personas a disponer de estos animales domésticos para garantizarse el sustento.

Cosa distinta ocurre en Yulin (al sur de China) cada 21 de junio: el solsticio de verano se celebra con el festival anual de la carne de perro. Pese a las protestas de organizaciones como Duo Duo Project (china) y la Human Society International (británica), la matanza de canes sigue protagonizando un festín que a más de uno, en este lado del mundo, le revuelve el estómago. Eso es tener un problema cultural.

También genera problemas culturales la idea de criar y de convivir con una mascota ¡para luego comérsela! Muchos crecimos con la idea de que cada mascota es un miembro de la familia, y nadie va por ahí pensando en comerse a su hermanito o a un abuelo. En su muro de Facebook, la escritora Milagros Mata-Gil refirió su experiencia con un emprendimiento familiar basado en la crianza y venta de pollos. Una experiencia que duró de 1960 a 1967, cuando Venezuela era otra.

Dice Mata-Gil: “Resumo esto para reflexionar sobre el asunto del Plan conejo. Se necesita una inversión inicial, seguridad en el suministro de alimentos, artículos de higiene y vacunas y electricidad. Además, está la asesoría veterinaria, la matanza y la comercialización. Y nada de eso hay. Los conejos son delicados y pueden generar infecciones a los humanos si se descuida su higiene. Y no hay medicamentos, ya se sabe. Además de todas las plagas que conllevan el forraje y el excremento. Y no se diga lo que generaría la matanza. Sin contar la necesidad de freezers. Ni mencionar los ladrones”.

Comer conejo no es el problema. La aberración no es ésa. El problema cultural, la verdadera aberración, es que desde el Gobierno le digan a nadie qué debe comer y por qué sin que medien para ello otras consideraciones como las que menciona Mata-Gil.

No basta con darle a cada familia una pareja de conejos. Habría que empezar por masificar la cultura cunícula, si fuere el caso, y reeducar a la gente en sus patrones alimenticios. Yo, por ejemplo, nunca he comido conejo y no lo volveré a hacer.

Como en el cine

Forrest Gump (Robert Zemeckis, 1994) es una película con muchas escenas memorables. Pero desde que el señor Bernal –jefe de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP)– dijo su brillante frase sobre los conejos (“no son mascotas, son 2 kilos y medio de carne”), no pude evitar recordar la escena de Gump y los camarones. Bubba mencionó 21 modos de preparar “la fruta del mar”. Les tengo noticias, ¡con conejos se pueden hacer muchas más recetas!

Ya me imagino a las señoras, con su casa tomada por las crías de conejos y al mejor estilo de Bubba, pensando en cómo extinguirlas… Conejo confitado con ajo y romero, arroz con conejo, chuletitas de conejo al horno, conejo a la cazadora, ragú de conejo al vino blanco, estofado de conejo con zanahorias y habas, conejo asado con salsa gorgonzola, fideuá de conejo, conejo al salmorejo, conejo en salsa de almendras, conejo a la campesina, conejo con sidra, conejo encebollado, conejo al ajillo, conejo en salsa de cerveza, conejo estofado, civet de conejo, conejo frito…

O solamente conejo hervido con agua y sal porque el litro de aceite cuesta 20 mil bolívares, y hay lujos que el pobre no se puede dar por más que le garanticen sus 2 kilos y medio de carne…

Foto: Archivo

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Las opiniones emitidas en esta sección son de la entera responsabilidad de sus autores. 

 

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