Caminos de desolación

Paulino Betancourt Figueroa | @p_betanco

Doctor en Ciencias | Químico | Profesor e Investigador en pre y postgrado en la UCV | Nominado a Premio Nacional de Ciencias

Estamos viviendo la era más agresiva de la construcción de caminos en la historia humana. Según la Agencia Internacional de Energía se proyecta que para el 2050 tendremos 25 millones de kilómetros adicionales de caminos pavimentados en la Tierra, lo suficiente para rodear al planeta más de 600 veces. Nueve décimos de estas carreteras serán construidas en naciones en desarrollo, principalmente en las regiones tropicales y subtropicales, que sustentan los ecosistemas biológicamente más ricos y ambientalmente importantes del planeta.

Esta idea de construcción de nuevos caminos es aterradora para los ecologistas, porque se sabe que las carreteras a menudo abren una caja de Pandora con males ambientales, exponiendo los vulnerables ecosistemas a una afluencia de colonos humanos, cazadores, mineros y especuladores de la tierra. En el Amazonas Brasilero, por ejemplo, los análisis muestran que el 95% de toda la deforestación ocurre escasamente a 5,5 km de un camino legal o ilegal. En África, las carreteras hechas por los madereros están entrecruzando la cuenca del Congo, permitiendo que olas de cazadores furtivos armados con rifles y trampas entren en las reservas. Como consecuencia, en la última década, dos tercios de los elefantes de África han sido sacrificados por sus valiosos colmillos de marfil.

Hacia donde miremos hay vías que causan una crisis ambiental tras otra. Las mismas cosas están sucediendo en Venezuela, donde existen planes para explotar la madera, desarrollar la minería, crear nuevos campos petroleros y expandir la agricultura. ¿Puede lograrse sin destruir la notable biodiversidad o sacrificar los bosques y su crítico desempeño en la regulación de nuestro clima, limitando las inundaciones destructivas y sosteniendo a los pueblos indígenas? Ese es uno de los grandes desafíos que las universidades e institutos de investigación nacionales deben enfrentar. Hay que trabajar con decenas de políticos tomadores de decisiones, científicos y conservacionistas del país para diseñar estrategias que permitan promover el bienestar humano y al mismo tiempo salvar algunos de los vestigios más críticos de la naturaleza.

A pesar de sus impactos ambientales, los economistas nos dirán que necesitamos los caminos. Estos son una parte indispensable de nuestras sociedades modernas, proporcionan una manera rentable de promover el crecimiento económico, fomentar el comercio regional, proporcionar acceso a los recursos naturales y a las tierras aptas para la agricultura. También tienen usos políticos más dudosos, como el apuntalamiento en la geopolítica de fronteras.

Una de las razones más urgentes para construir nuevas carreteras es aumentar la producción agrícola y la seguridad alimentaria, necesaria para los países tropicales que actualmente tienen el 40% de la población mundial y el 55% de los niños (menores de cinco años). Para el 2050 se espera que más de la mitad de la población mundial y dos tercios de sus niños residan allí. Casi todas las naciones tropicales verán aumentos importantes en el tamaño de su población, con un crecimiento en la demanda de alimentos como resultado.

Dadas estas realidades, nuestro objetivo debe ser fomentar la construcción de carreteras en lugares que maximicen la producción de alimentos. La agricultura en muchas naciones en desarrollo es mucho más pobre de lo que debe, porque los agricultores carecen de acceso a fertilizantes, variedades modernas de cultivos y métodos agrícolas, así como a los mercados urbanos donde sus cosechas poseen los mejores precios. Con mejores carreteras en áreas que ya han sido ampliamente colonizadas por los agricultores, existe un enorme potencial para mejorar la agricultura, duplicando o incluso triplicando la cantidad de alimentos producidos por hectárea de tierra cultivable. Mejorar las carreteras en áreas ya establecidas puede traer beneficios adicionales, se fomentará más la inversión rural y da a los residentes locales un mejor acceso a la salud y educación. A medida que la agricultura en estas áreas se vuelve más rentable, también pueden comenzar a actuar como “imanes” que atraen a los colonos que se encuentran en los límites boscosos.

Una lección que hemos aprendido es que la deforestación se comporta como un cáncer. En todo el mundo, la tala de bosques es espacialmente “contagiosa”, ya que los nuevos claros tienden a esparcirse a partir de los claros existentes. Así que, cuando alguien abre la primera carretera en un bosque prístino, la deforestación comienza a crecer a lo largo de la carretera, al igual que los tumores cancerosos.

El camino engendra entonces caminos secundarios y terciarios, y como el cáncer se cultiva y se extiende. La mejor solución es prevenir el cáncer en primer lugar. Para la conservación del bosque, el mensaje es evitar el primer corte. No ponga caminos en lugares que desee conservar, a menos que esté dispuesto a soportar los costos a largo plazo de vigilar esas carreteras y detener la colonización forestal y la deforestación.

Una segunda lección clave es, en la medida de lo posible, cerrar las carreteras existentes en lugares de alto riesgo, de la misma manera que quitaría un cáncer antes de crecer y expandirse. Estas ideas suenan simples en teoría, pero en la práctica se vuelven más complicadas. Utilizamos observaciones de campo, datos satelitales, conjuntos de datos mapeados y sofisticados modelos informáticos para generar nuestros esquemas de priorización de carreteras. Sin embargo, los conjuntos de datos son demasiado gruesos para la planificación vial a escala nacional y regional, por lo que ahora debemos centrarnos en una serie de regiones ambientalmente críticas.

La conclusión es que necesitamos desesperadamente planificar la infraestructura, especialmente las carreteras que proliferan, mejor de lo que estamos haciéndolo en la actualidad. Si no lo hacemos, vamos a ver muchos de los últimos lugares naturales de la Tierra desapareciendo ante nuestros ojos.

Un famoso científico brasileño dijo una vez: “Lo mejor que puedes hacer por la Amazonia es destruir todas las carreteras”. Probablemente tenga razón, pero en el mundo real eso no es una opción. Tenemos que aprender a vivir con los caminos y hacer todo lo posible para asegurar que la naturaleza pueda vivir con ellos también.

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