Br-exit, adios…

Dimitris Pantoulas | @dpantoulas

Analista y consultor político, educado en Inglaterra. Residenciado en Venezuela.

Gran Bretaña (GB) está fuera de la Unión Europea. Dicha afirmación genera incertidumbre y preocupación. La salida de GB de la UE (Brexit) fue una decisión tomada por los británicos a través de un referéndum realizado el pasado 23 de junio y la misma tiene un impacto global. El colapso de los mercados mundiales, puede ser aún mayor que el de 2007 con la caída de Lehman Brothers. Las reacciones, muchas veces nerviosas de los políticos mundiales, los debates en los medios nacionales y las conversaciones en la cotidianidad o en las redes sociales, demuestran su impacto global .

Las primeras consecuencias de este evento histórico llegaron rápido. En el Reino Unido, el epicentro del terremoto político, un día después del referéndum David Cameron, el Primer Ministro británico, renunció, el valor de la moneda se devaluó en 10% (poco común en el caso de las monedas Fuertes), y dos regiones (Escocia e Irlanda de Norte) consideran la opción de independencia, poniendo en riesgo la integridad misma de un país con más de tres siglos de vida.

En paralelo, en otros países de la UE comenzaron a aparecer voces que demandan referéndums, como el realizado por la Gran Bretaña, lo cual podría poner en peligro la existencia misma de la Unión Europea. A otro nivel, hay opiniones e iniciativas, dentro y fuera de GB, que cuestionan abiertamente tanto el proceso del referéndum, la forma como se realizó, e incluso el rol de los referéndums como mecanismos democráticos para tomar decisiones “importantes”. Estas voces, en algunas ocasiones, vienen a cuestionar incluso la esencia de democracia, que es un voto para cada persona independiente raza, clase, edad o sexo.

Acciones ante los resultados

Las consecuencias del referéndum se pueden distinguir entre las que se pueden manejar con las herramientas políticas actuales y aquellas que necesitaran cambios en las estructuras institucionales y de poder. Entre las primeras, (las manejables dentro del sistema), se cuenta la crisis de los mercados financieros y los temas relativos a la política interna y gobernabilidad en Inglaterra. Si bien habían fuertes señales que indicaban al Brexit como opción ganadora, los mercados bursátiles mostraron una extrema confianza en los sondeos que predecían una victoria de la opción que favorecía la permanencia en la Unión. Tanto la moneda de GB, (la Libra Esterlina) como muchas bolsas de valores tuvieron unas semanas muy positivas que, después de los resultados, se está corrigiendo brutalmente. Por su parte, el parlamentarismo Británico es el más antiguo del mundo, y el sistema de partidos tienen mecanismos y procedimientos que pueden dar salida a la actual crisis, en relativamente corto tiempo.

En términos más complejos que se necesita cambios estructurales, se encuentra la división dentro de la Gran Bretaña, lo cual ha sido un tema recurrente. En 2014 Escocia realizó un referéndum sobre su independencia, y aunque la opción de seguir dentro del Reino Unido resultó ganadora, da la impresión de que, la herida, cerró en falso. En la votación por el Brexit, Escocia apoyó de forma mayoritaria la permanencia en la UE. Los resultados reavivan la polémica sobre la independencia escocesa y hoy se plantea la posibilidad de un nuevo referéndum lo que demuestra una clara división entre Escocia y el resto del país (reacciones similares se plantean en otras regiones de GB, pero con menos posibilidades).

En la Unión Europa el impacto del resultado del referéndum, también ha sido profundo. Desde la crisis financiera de 2007, la UE ha confrontado varias crisis internas que han herido gravemente las relaciones entre los países que la conforman. Algunas decisiones fueron totalmente opuestas a las visiones y promesas programáticas con las que se fundó la UE que tiene más de 50 años de existencia. El referéndum por el Brexit funciona como catalizador en el debate interno de la Unión Europea y acelera procedimientos y decisiones que se debieron haberse tomado tiempo atrás. Muchos políticos europeos no entienden todavía lo que ocasionó este resultado en Inglaterra, y aparecen con un discurso revanchista contra el pueblo británico y su decisión. La miopía política de los líderes europeos ha sido sumamente corrosiva, algo que al final podría tener consecuencias muy nocivas para el proyecto político que dicen defender.

El valor de la democracia

El impacto económico y administrativo del Brexit se puede solucionar en el corto o mediano plazo. El impacto político, en términos de democracia, es lo que parece estar sufriendo el golpe más grande. El referéndum británico fue tóxico antes y luego de su realización. Durante la campaña electoral ambas opciones manipularon informaciones, nunca abordaron un diálogo franco con énfasis en el futuro de la UE y GB; por el contrario, lemas clasistas y xenófobos dominaron el espacio público durante la contienda.

Con todo, lo más preocupante es lo que ocurrió después de las elecciones. Aunque el referéndum fue una apuesta oportunista del todavía primer ministro británico (ya renunciado!), quien lo usó como una fórmula para resolver los problemas internos de su partido y como producto de un diálogo nacional muy pobre; la voluntad del pueblo británico debe ser respetada, incluso por aquellos a los que estos resultados nos causa enorme tristeza.

En los medios globales se ha insertado un debate que descalifica a los electores más viejos, porque según sondeos (los mismos que se equivocan con los resultados muchas veces) los más ancianos votaron masivamente en favor del Brexit, por lo que hoy se les acusa de “secuestrar el futuro de los jóvenes” (quienes votaron a favor de quedarse según sondeos). Otros descalifican a los votantes del Brexit como personas de poca capacidad intelectual que fueron engañados por los políticos populistas y piden que se anule este referéndum y que se realice uno nuevo, haciendo recordar un viejo proverbio que decía, las elecciones se deben realizar continuamente hasta que obtengamos el resultado deseado. Estos debates minan un principio fundamental de la democracia “un hombre, un voto” y obvian la igualdad social sin discriminación que promueve la democracia moderna.

Esta situación no es exclusiva del Reino Unido: en el resto del mundo existe mucha inconformidad con las consecuencias de la globalización y sobre cómo el statu quo maneja la situación actual y esto es terreno fértil para demagogos que construyen su futuro político aprovechándose de las inseguridades y miedos de la población.

Una lectura final nos lleva a pensar que los pueblos reaccionan a través de los mecanismos democráticos que tienen a su disposición, y estas voces deben ser escuchadas. Si las élites políticas siguen no respetando las decisiones de las mayorías, les podría tocar enfrentar la ira de las mismas y para ese momento no habrá ningún mecanismo democrático para protegerlas.

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