Ausencia de la ciencia en las aulas

Paulino Betancourt Figueroa | @p_betanco

Profesor-Investigador Universidad Central de Venezuela • Miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat • Editor de la Revista Catálisis • Presidente (H) de la Sociedad Venezolana de Catálisis.

La aplicación de la ciencia y la tecnología al bienestar general parece ser bienvenida y hasta exigida por nuestra sociedad. Es así que el establecimiento de las denominadas Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) está generando cambios insospechados respecto a los originados en su momento por otras tecnologías como la imprenta y la electrónica, situándose sus alcances no sólo en el campo de la información sino que además provocan y plantean cambios en la estructura social, económica, laboral, jurídica, etc.

Nuestra sociedad tiene algunas características propias, consecuencia de los complejos procesos por los que hemos transitado a lo largo de la historia. Como es conocido, Venezuela no constituye una sociedad homogénea en el sentido económico y social, donde la falta de cultura en la planificación ha desencadenado brechas económicas, políticas y tecnológicas. Esta creciente brecha es producto de nuestra debilidad científica y tecnológica, a su vez se convierte en una de las causas que acrecienta la dependencia que provoca la escasa inserción en la sociedad del conocimiento, dificultándonos enormemente nuestra superación como país.

Es así que en la educación venezolana sucede algo particular. A los profesores universitarios se nos exigen conocimientos científicos y actualizados, para ejercer nuestra práctica docente. No es el caso de los profesores de educación básica, con alguna excepción de los profesores de Ciencias en la educación secundaria.

La formación docente se limita a considerar a la enseñanza como una profesión acientífica que depende del conocimiento en sus diversas disciplinas, de la vocación personal y de la experiencia adquirida en la práctica docente, por lo que su currículo se conforma de materias con contenidos teóricos y de práctica docente, en las que el nuevo profesor replicará la enseñanza tradicional.

Esta se realiza como transmisión teórico-práctica del conocimiento. Los alumnos deben memorizar o repetir los contenidos establecidos, sometiéndose a exámenes estandarizados. Si los aprueban, se considera que el profesor es eficiente, independientemente de los enfoques pedagógicos o la aplicación de exámenes previos a las pruebas para lograr “buenos resultados”.

La ciencia puede explicar la “eficacia” de la enseñanza tradicional por repetición a través de la psicología conductista que definió al aprendizaje condicionado como la respuesta a estímulos positivos y negativos, tal como lo puede atestiguar cualquiera de nuestros estudiantes, y por el reciente descubrimiento de las neuronas “espejo” que impulsan la imitación.

Al comparar el uso de la ciencia y la tecnología con la práctica de otros profesionales, resalta una diferencia sustancial: La enseñanza tradicional no las utiliza, y la mayoría de los profesores son reacios al uso de las nuevas TIC. A la pedagogía y a la didáctica en Venezuela se las considera disciplinas humanísticas que pueden recurrir a la ciencia y la tecnología como apoyo, pero no a la metodología científica como su fundamento o para su desarrollo. Ha sido escaso su acercamiento a la política educativa en su conjunto y casi inexistente en la vida escolar.

La filosofía positivista pretendió fundamentar científicamente a la educación venezolana a fines del siglo XIX y principios del XX. Posteriormente cambió esta orientación y se impulsaron principios humanistas y pragmáticos. Varias décadas atrás se modificó el currículo de nivel básico en función de la “tecnología educativa”, basada en la psicología conductista. Se impusieron la enseñanza programada, las “pruebas objetivas” y las taxonomías en el discurso escolar. Por supuesto, esta “pedagogía por objetivos” no incidió radicalmente en las prácticas escolares. La enseñanza siguió siendo tradicional y subjetiva en la evaluación, realizada por el profesor para certificar el proceso de enseñanza-aprendizaje de sus alumnos.

La aplicación de las investigaciones de Piaget, la teoría de sistemas y la psicología fueron un segundo intento por darle una fundamentación científica a la educación básica venezolana. Se denominó “constructivismo” a una serie de principios pedagógicos que se distanciaban del aprendizaje como conducta observable y se enfocaban en los procesos cognitivos del estudiante a través de la construcción del conocimiento. Pero su aplicación también resultó una desilusión respecto a lograr una educación con bases científicas. En principio debido al cambio radical requerido a todo el sistema educativo, con escasa actualización para los docentes, quienes habían sincretizado la enseñanza tradicional y conductista.

El nuevo milenio inició con el predominio de la informática en la vida cotidiana e importantes avances científicos en la neurología, la psicología y la investigación educativa. En la actualidad, su influencia es irreversible y condena a la enseñanza tradicional a la nulidad. La institución escolar venezolana ha reaccionado ahora con un enfoque “por competencias”. Este cambio pretende desterrar la enseñanza tradicional y convivir con el “constructivismo”, aunque en los enfoques y contenidos de las asignaturas no se logra tal diferenciación.

Por lo anterior podemos indicar que la ciencia está subordinada a la política educativa, sin lograr que incida realmente en los procesos de enseñanza y aprendizaje, ni en la formación y actualización de los docentes. En contraste, la tecnología -particularmente la informática- modifica las prácticas educativas (ejemplo, el empleo de procesadores de palabras, internet, etc) aunque no como un proceso planificado sino como reacción ante su presencia cotidiana en la escuela.

 

(Visited 42 times, 1 visits today)

Comentarios

No Comments Yet

Leave a Reply