Armas fuera de control

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Cheo Carvajal

Periodista, activista urbano y de Derechos Humanos, músico, ciclista, peatón activo.

Leo sobre una nueva intervención de la “OLHP”, esta vez entre la Cota 905 y Los Jardines de El Valle. Aparte de los nueve muertos y 50 detenidos reportados, esta vez hubo algo distintivo en las notas de prensa: varios de los agentes llevaban cubierto el rostro con máscaras de calaveras. Dicen que no es asunto nuevo, que ya habían aparecido, aunque quizá no tan evidentes. Dicen que la calavera es ya un sello identitario de algunas brigadas de intervención. No es un asunto de proteger la identidad del funcionario (suficiente con el pasamontañas), ni de proteger a la gente, sino de enunciar que son portadores de la muerte. Que intervienen en nombre de ella. No son “a toda vida”, sino todo lo contrario. La H de Humanitaria, que le intercalaron a última hora a la OLP, cada vez es más muda.

II

Una periodista publica en Facebook su experiencia en un microbús, en la parte baja de la avenida Libertador. Dos individuos que iban sentados adelante se levantan y amenazan al primero en la fila de asientos, le piden entregar su celular. Y antes de que comiencen a pasar raqueta, se escuchan “cinco disparos dentro de la camioneta”. Los delincuentes bajan corriendo, uno de ellos herido. “No estaban armados”, dice el post. El que dispara los persigue a tiros. La periodista escucha que atrás alguien lloriquea. Está herido, le brota un chorro de sangre del brazo. Hay otro tirado en el pasillo.

III

Sorprende cómo en automático muchos periodistas (¿o los medios?) compran la versión oficial: que da por delincuentes y “antisociales” a todos los “abatidos en enfrentamientos”. Pero, peor aún (y quizás como consecuencia de esta ligereza, ya histórica), son las “entusiastas” reacciones de algunos ciudadanos en relación con estas muertes. Muchos ciudadanos festejan estas incursiones sangrientas, a pesar de que ya hay denuncias que señalan que hubo muchos “ajusticiamientos”, e inclusive asesinatos de personas no vinculadas a delito alguno. Piensan que la acción desbordada de la delincuencia (responsabilidad del Estado) justifica cualquier política gubernamental, no importa si desproporcionada o si hace caso omiso de los derechos humanos y civiles. Total, piensan y dicen algunos, “eso no sucede donde vivo yo, eso es en el barrio”.

IV

¿Quién disparó dentro del microbús? ¿Un policía de civil? ¿Un militar de permiso? ¿Un “malandro”? ¿De dónde salió el arma?

V

Revisando las notas periodísticas de este fin de semana, veo que en su mayoría señalan que la OLHP la emprendieron en la búsqueda de dos delincuentes con sus alias (justo a esos no los encontraron, porque huyeron). A pesar de que se habla de “enfrentamientos” con los “abatidos” y decenas de detenciones, leo en apenas una de las notas que fueron incautadas ocho armas de fuego. ¡Todo ese despliegue, todas esas muertes, todos esos detenidos “en flagrancia”, ¿y aparecen solo ocho armas?! No hay que ser especialista para entender que las cuentas no cuadran. Si en efecto son solo ocho armas, es obvia la desproporcionalidad de la fuerza aplicada, a pesar de que el diputado Ricardo Sánchez (un demonio con cara de osito cariñosito), haya dicho lo contrario para justificar la intervención. Pero, si son más armas, ¿por qué declarar solo ocho, por qué no dar el número real?

VI

Según el cristal con el que se mire, las armas y las municiones en Venezuela están fuera de control. O están bajo control de negociantes (inevitablemente uniformados), para los que la muerte violenta es un “área de oportunidad” lucrativa. Son las herramientas con las que se fabrican miles de homicidios (si asumimos las cifras más bajas, entre 40 y 45 diarios). No importa si despliegan “oelepés”, si le agregan o le quitan siglas, lo cierto es que en general esta industria no ha decrecido, por el contrario aumenta la violencia y el ensañamiento. De los delincuentes hacia sus víctimas (policías y militares incluidos), y de policías y militares hacia sus víctimas (delincuentes o no).

VII

Según datos de investigadores, que con frecuencia cita la Red de Activismo e Investigación por la Convivencia (Reacin), tres de cada cuatro armas en Venezuela están fuera de control y alrededor de 90% de los homicidios se producen con armas de fuego. Pues resulta que la Compañía Anónima Venezolana de Industrias Militares controla la importación/producción de armas y municiones. Es decir: CAVIM (empresa del Estado militar que monopoliza este negocio) pone las armas y las balas que circulan en nuestro territorio, con las que nos vamos matando los venezolanos. Una macabra ironía: quienes están obligados por la Constitución a garantizar la vida y la seguridad de los ciudadanos, son quienes por acción u omisión obran contra ella.

VIII

Es elemental: si reducimos el parque de armas y si controlamos el flujo de balas (¡si estas se marcaran para poder rastrear responsabilidades!), quizás no se reduzcan automáticamente las agresiones, pero con seguridad sí los homicidios. Y esa es una meta fundamental: reducir los homicidios. ¿Pero cómo controlamos el parque de armas y municiones, si no hay una contraloría social hacia quienes las importan, producen o incautan? Este es un desafío que exige acciones ciudadanas, que se impliquen y conecten en red a favor de la vida. Y no depende estrictamente de un cambio de gobierno, sino de un cambio político y cultural muy poderoso. De entender que la vida es sagrada, que no tenemos que participar todos los días con tantos numeritos para darnos como “premio” salir forzosamente de baja.

Comienza por no seguir esperando, de brazos cruzados, viendo los toros desde la barrera. Comienza por exigir sistemáticamente políticas concretas al Gobierno que esté de turno (reducción y control de armas y municiones; acciones de inteligencia policial, pero no de exterminio, oportunidades educativas, culturales, deportivas, laborales para los más jóvenes). Pero, sobre todo, exigir oportunidades que se sostengan en el tiempo, para los más jóvenes. No operativos, mucho menos si son así de violentos.

accion-por-la-vidaNo más de brazos cruzados
Este sábado 18, a las 11:00 am, emprenderemos, desde la diversidad, una movilización por la vida, contra la violencia. Estaremos en la plaza de Palo Verde, en la salida de la estación de Metro, llamando la atención contra esta violencia creciente, que ataca por diversos flancos. Exigimos respeto a la vida. Exigimos control de armas y municiones. Exigimos políticas de oportunidades, no de exterminio.

#REACCIÓNcontralaVIOLENCIA  #ACCIÓNporlaVIDA

Publicado en Contrapunto.com