Armando Rojas Guardia, un poeta en dominio de la palabra - Efecto Cocuyo

Armando Rojas Guardia, un poeta en dominio de la palabra

Eloi Yagüe Jarque | @eloiyague

Escritor, periodista y profesor universitario. Autor de novelas, libros de cuentos y guiones de cine. Ganador del premio de cuentos Juan Rulfo-Semana Negra de Gijón.

“La política no le hace daño a la poesía si el poeta asume el tema con altura”

Uno lo ve caminando por las calles, sumido en sus meditaciones pero a la vez atento a la realidad. Amable y afable, así es Armando Rojas Guardia (Caracas, 1949) todo un símbolo de la poesía en Venezuela que acaba de ser reconocido con su exaltación a la Academia de la Lengua, donde ocupará el mismo sillón en que se sentara su entrañable amigo Carlos Pacheco, investigador y ensayista de calibre recientemente fallecido.

Rojas Guardia no esconde una sonrisa maliciosa cuando habla de la Academia. No es un cargo que haya estado buscando pero lo acepta de buen grado porque entiende que es un reconocimiento a su trayectoria. Y este no es un país dado a los reconocimientos.

Venezuela, dice, es un país paradójico: cuenta con una de las tradiciones líricas más importantes de la lengua española y sin embargo es un país que, como paisaje existencial y cotidiano, no propicia estados profundos de conciencia donde se haga posible la experiencia poética. Además, nosotros vivimos en un país que gira económicamente alrededor de la mercancía, por lo tanto todo lo que es cualitativamente importante, está devaluado al lado de esa entronización de lo cuantitativo y de lo mercantil.

¿Será porque la política se ha vuelto demasiado importante entre nosotros desplazando a la espiritualidad? ¿Tú crees que la política le hace daño a la poesía?

Yo no creo que la política le haga daño a la poesía si el poeta asume el tema político con altura y no se sacrifica al panfleto o al proselitismo abyecto. La política es un tema como cualquier otro y a mí me parece que en la poesía venezolana hay poetas relevantes que han tratado la temática política con altura. Me refiero a Caupolicán Ovalles o a Víctor Valera Mora; igualmente Juan Calzadilla, aunque su posición política es más indirecta. Esos mismos poetas tambien tienen poemas políticos infames. La última poesía de Rafael Cadenas es una poesía que no le teme al tratamiento del tema político, con toda la altura, la elegancia, la dignidad estética que sabe darle Cadenas al poema.

Rojas Guardia es un caso extraño: a pesar de ser un destacado poeta, inspira respeto y admiración entre los jóvenes, tal vez por su humildad y por el hecho de estar dispuesto a compartir sus conocimientos y vivencias a través de talleres literarios, cosa que no todos los poetas hacen, lo cual le da un conocimiento profundo de quienes se inician en la poesía en Venezuela y lo demuestra nombrando una larga lista de poetas mientras se toma un marrón grande y se fuma un cigarrillo sentado en el Café Provenzal.

– Luis Perozo Cervantes en Maracaibo, Zacarías Zafra, de Barquisimeto, Jairo Rojas, de Ejido, Jesús Montoya, de Mérida, Adalber Salas, Alejandro Sebastiani, José Delpino, Francisco Catalano, Raquel Abend Van Dalen, Graciela Yánez Vicentini, Franklin Hurtado, Leonardo González Alcalá, por citarte unos pocos ejemplos. A mí me parece que lo que hacen los jóvenes poetas actualmente es sencillamente extraordinario, es materia poética notable. Ahora, a mí me parece que ellos no tienen lo que podría llamarse conciencia generacional. Sin embargo, me atrevería a decir que están muy cerca de tenerla. Y al no tener conciencia generacional a ninguno se le ocurre salir a la palestra pública redactando un manifiesto grupal.

Al hacer esta afirmación, tal vez Rojas Guardia recuerda sus propios inicios como poeta. Al comienzo de la década de los ochenta perteneció al emblemático grupo Tráfico integrado por poetas como Yolanda Pantin, Igor Barreto, Miguel Márquez y Rafael Castillo Zapata, que irrumpieron en la escena literaria nacional cuando ya nadie hablaba de grupos literarios, firmando un manifiesto que reivindicaba una poesía urbana y cotidiana, que le hablara más a la gente y menos a las musarañas.

La otra locura

Alejandro Sebastiani Verlezza, asumió el trabajo de hacer un arqueo y selección de textos de Rojas Guardia dispersos en publicaciones diversas, a los cuales agregó varios diarios. El libro así armado se llama La otra locura, que es el titulo de uno de los ensayos que lo componen, y saldrá publicado en febrero por Bid & Co. editor.

– Es un libro organizado por Alejandro y prologado por él, con 56 textos míos publicados en periódicos, revistas, suplementos literarios no recogidos hasta ahora en ningún libro. Y Alejandro quiso que en ese libro figuraran tres diarios míos. Uno de los años 90, otro del 2000 para acá y otro de finales de los 90 que recoge una experiencia terapeútica que yo hice con la doctora Clara Kizer, una terapia que duró unos meses pero que fue fundamental en mi vida. Alejandro quiso que en ese libro apareciera también el diario merideño que fue publicado por la editorial Solar en Mérida a comienzos de los noventa.

¿De dónde te viene ese interés por el diario personal?

– Yo he escrito varios diarios en diferentes etapas de mi vida. La mayor parte de los diarios que yo he llevado más que diarios son pensarios porque yo nunca hablo de mi día a día anecdótico y cotidiano. Hablo más bien de lo que se me ocurre conceptualmente. En septiembre empecé un libro donde por primera vez recurro a lo anecdótico del día a día, por primera vez recurro a lo narrativo y a lo descriptivo. Es una especie de crónica autobiográfica. No soslayo lo conceptual  y lo teórico porque dejaría de ser yo pero el hilo conductor es narrativo. Hablo de lo que me está pasando día a día. Eso me tiene muy entusiasmado.

Parte de este entusiasmo se lo debe a los cinco tomos del diario de Rafael Castillo Zapata, que Rojas Guardia leyó con pasión porque le parece una obra capital dentro de la bibliografía venezolana de todos los tiempos. En uno de los tomos, Castillo Zapata hace la interpretación de lo que dice Heidegger a propósito de un verso de Hölderlin: poéticamente habita el hombre sobre la tierra.

– Heidegger, explica Armando, diserta sobre ese verso pero Rafael, hablando sobre esa disertación, adelanta su propia tesis y dice: “el poema busca connaturalmente una proporción, una medida, un ritmo verbales pero que el poeta quiere también connaturalmente insuflarle a la sociedad y al mundo esa proporción, esa medida y ese ritmo. Es decir en el poema, por el solo hecho de estar construido como está construido, ya está implícita la noción de justicia si pensamos que en el poema el asunto y el lenguaje se ajustan, se engranan de una manera justa. Esa proporción, esa medida y ese ritmo hablan de una justicia que el poeta a través del poema quiere reivindicar. Entonces en el poema, por el solo hecho de ser orden justo, ajustado, ya hay una llamada a crear en el mundo y en la sociedad un orden justo. ¿No te parece una interpretación muy bella?”.

En efecto. Me recuerda lo que dijo recientemente el poeta Yves Bonnefoy: La sociedad sucumbirá si la poesía se extingue.

– Es verdad. Dice Rafael que cuando en una sociedad se menosprecia y se soslaya la creacion poética, es una sociedad que peligra flagrantemente porque no hay quien le recuerde a los ciudadanos esa proporción, esa medida, ese ritmo, ese engranaje justo, ese orden ajustado.

Armando, ¿cómo concibes tú la experiencia religiosa y cómo se vincula con la poesía?

– Eso es fundamental de mi actitud existencial ante la poesía. La poesía, ningún tipo de poesía, salva en el sentido de la experiencia religiosa, cristianamente entendida. La poesía me hace caer en la cuenta de muchas dimensiones psíquicas y espirituales de las cuales sin ella, sin la poesía, yo no tendría conciencia ni conexión. La poesía compensa muchas carencias, heridas, déficits psíquicos, que me ha ido dejando mi historia personal. Pero la poesía creo yo que no aporta salvación en el sentido en que lo aporta la experiencia religiosa. Porque la salvación aportada por ésta es el estado de gracia que se produce cuando el hombre entra en comunión con el absoluto y con los otros seres humanos, que son imagen y semejanza del absoluto. Ese estado de gracia es la salvación y la poesía no aporta la salvación así entendida. No se puede poner en la balanza de la poesía un peso que ella no puede soportar.

Rojas Guardia explica que no es casual que algunos de los grandes poetas de la historia hayan sido místicos como San Juan de la Cruz o Rumi, por ejemplo, porque hay analogías y conexiones entre la experiencia mística, la experiencia religiosa y la poesía, existen grandes semejanzas.

Sin embargo está claro que la poesía no es una religión. ¿Qué es entonces?

– La poesía es la búsqueda de lo inefable paradójicamente a través del lenguaje, es decir la poesía busca rozar lo que está más allá de la palabra a través de la palabra. Esa es la paradoja de la poesía. Para eso necesita llevar la palabra hasta su última frontera, necesita fracturar el orden convencional del lenguaje, tiene que poner a saltar, a brincar a la palabra, para que la palabra pueda –bailando, danzando– aproximarse a lo inefable, a lo indecible y a lo que no puede ser expresado. Esa es la relación más visible entre la poesía y la experiencia religiosa, una experiencia del misterio y el misterio es, por definición, indecible, es lo que está más allá de toda palabra.

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