Anular la libertad

Mirla Perez | @mirlamargarita

Doctora en Ciencias Sociales y Licenciada en Trabajo Social. Profesora titular de la Universidad Central de Venezuela. Investigadora en antropología cultural del pueblo venezolano y sobre el fenómeno de la violencia en Venezuela.

El sufrimiento, la angustia y la desolación son sentimientos que nos acompañan a diario, son parte de los efectos de un sistema político. Ahora me saldré de la generalidad de estas emociones y las colocaré en la experiencia cotidiana de mi pueblo, barrio, comunidad, familia.

Hoy no es difícil encontrarme con el llanto de una madre, porque su hijo Miguelito no pudo salvarse, no tuvo los medicamento necesarios, o la huida sin resignación de Alfonso hacia la frontera colombo-venezolana o brasileña para ocupar un espacio en los campos de refugiados: “Si no me voy me muero de hambre…” me dice con lágrimas en los ojos un vecino del barrio donde vivo que comparte el mismo destino con uno de mis estudiantes de La UCV.

No tenemos hoy en Venezuela medidas para el dolor. Me dice un amigo que dos de sus hermanos de mediana edad se vieron obligados a emigrar: “Se van con el dolor de saber que a lo mejor no vuelven a ver a los viejos…”. Esta es una de las experiencias más desgarradora para el venezolano, el quiebre de los lazos familiares. La separación de los afectos es una cruz que pesa mucho.

Desde la experiencia podemos dibujar la dimensión del mal, su estructura y alcance, es una tarea que me propongo ir construyendo. Es demasiado desgarrador haber vivido este régimen político totalitario, por vía de la experiencia me atrevo a decir que solo viviendo el mal se hacen inteligibles sus implicaciones y consistencia. Ahora bien, el mal, para quien no optado por él, se le vive del único modo posible: Por la fuerza, eliminando toda estructura afectiva, destruyendo la libertad y toda posibilidad de convivencia.

Uno de los propósitos del mal, y en el chavismo lo vemos, es la eliminación de la voluntad. En la medida que procuran convertirnos en objetos inermes, el camino que se abre es el sometimiento absoluto. El canciller de Chile, Roberto Ampuero, en la reciente Asamblea General de la OEA lo dibujó con unos trazos muy firmes, tal vez, porque ellos lo vivieron y el dolor de la dictadura de Pinochet dejó marcas profundas en la vida de todo un pueblo.

Es mérito del chavismo y del totalitarismo pensar que las personas no tienen principios, que siempre actúan como títeres: “No cree, ni considera por un minuto que las personas tienen dignidad y convicciones democráticas por las cuales se mueven y pueden llegar a tomar decisiones…”, palabras del canciller chileno para precisar la dimensión de la negación de la libertad humana pronunciada por la cancillería venezolana.

En su intervención, el canciller chileno, continúa precisando el carácter dictatorial de un régimen que se empeña en permanecer en el poder a expensa de la privación de la libertad de todo un pueblo: “Si esta es la forma en la que el canciller Arreaza trata a personas que son diplomáticas, que representan a otros Estados, a otros gobiernos y están en un tercer país, ¡imagínense ustedes cómo tratan a los venezolanos!, a los que están bajo su poder, a los que no tienen un pasaporte distintos, que están dentro de su país, que están sufriendo el hambre, penuria y, además, la represión en Venezuela…”. Es un elixir para nuestros oídos, cada palabra del canciller que va en nuestra defensa, eso nos ubica en la dimensión de nuestro desamparo.

El pueblo venezolano está cansado de escuchar el desprecio de los dirigentes del régimen, sabemos que pensar distintos es ofenderles, porque para ellos la libertad es “una exquisitez de la burguesía”, por tanto, hay que eliminarla. El totalitarismo se escribe con muerte, esa que ocurre como consecuencia de las políticas deliberadas de este sistema y no por incompetencia o error. ¿Qué hacemos frente a esta terrible verdad?

El reto que tenemos como pueblo es enfrentar este régimen desde los distintos lugares posibles, ante el mundo está descubierto, en nuestro país también. La tragedia humana es cada vez mayor, no podemos sentarnos a esperar lo inevitable. Como pueblo tenemos una gran capacidad de lucha, usémosla.

Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

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