Anaqueles vacíos en enero

anaqueles-vacios

Cuando menos lo sospechaba germinó en la maceta de mi ventana. Yo había sembrado, hacía varias semanas, lo que al principio creí que era una cebolla olvidada en mi nevera, a la que habían nacido varias raíces. La regué con cierta frecuencia. Al principio parecía que no iba a pasar nada pero a los catorce días, más o menos, vi sobresalir apenas de la tierra una pequeña punta verde brillante. La hojas fueron ganando altura hasta unos 30 centímetros. Pero ya no solo era una, sino tres.

Yo seguía regándolas religiosamente, con la satisfacción de quien ve crecer el vientre que contiene un hijo. Por cierto, uno de mis hijos me comentó: eso no parece una cebolla sino un cebollín. Era verdad, pero yo sembré una cebolla. Tal vez la cebolla al ser sembrada se convierte en cebollín, me comentó. Él mismo me ayudó a cosecharlo; era verdad, se trataba de un cebollín robusto y saludable y además sabroso, como pudimos comprobar tras hacer una ensalada con él.

Esto del cebollín me llevó a pensar varias cosas. En primer lugar la satisfacción de sentir que algo sembrado por mí puede crecer, desarrollarse y finalmente ser consumido. Además, aunque no era el objetivo, sin duda algo ahorré al no tener que comprarlo en el supermercado.

Hasta aquí este texto podría parecer uno de esos programas del ministro Castro Soteldo en los que explaya su bucólica visión del agro nacional. Pero en realidad no es así, no aspiro a enriquecer esa Disneyworld en que se ha convertido la programación de VTV la cual nos muestra un país de fábula que solo existe en la imaginación de unos cuantos funcionarios gubernamentales.

Cualquiera sabe que no es posible alimentar a una población de 33 millones de habitantes poniéndolos a sembrar en ventanas y balcones. Cuando uno escucha a la ministra Lorena Freitez, da la impresión de que todo esta bajo control en nuestro pequeño mundo; que las colas, el desabastecimiento o la bestial inflación que sufrimos son inventos de la mente desquiciada de la derecha golpista y que todo este horror será superado sembrando nuestras caraotas de potecito de compota como cuando estudiábamos biología en tercero de bachillerato.

Ojalá fuera cierto que pudiéramos alimentarnos con papas de ventana o lechosas de jardín. Pero como tantos otros discursos de origen oficial, este tiene una falla de origen y es que no se corresponde con la realidad. Más bien trata de ocultar la verdadera realidad y el fracaso de una administración que no ha sabido garantizar el sustento de un pueblo, cual es su primera y principal responsabilidad.

Tampoco es verdad que se puede alimentar a todo un pueblo repartiendo bolsas de comida. Las bolsas Clap –esa especie de ayuda humanitaria no declarada- no llegan a todo el pueblo. En primer lugar, porque simplemente no se producen alimentos suficientes debido al estado de postración en que se encuentra el campo. En segundo lugar, porque el gobierno no tiene un sistema de distribución eficaz. Las bolsas se pierden en el camino, se han convertido en un nuevo elemento de bachaqueo e incluso de especulación. Los Clap favorecen la corrupción y la exclusión, lamentablemente.

“Hecho en socialismo” es sinónimo de producto escaso, raro y distribuido solo a quienes manifiesten adhesión al oficialismo.

Hay que ver con qué empeño se ha dedicado al gobierno a desmantelar u obstaculizar toda iniciativa privada, y cuánto dinero ha gastado tratando de convencer a la población de una supuesta guerra económica llevada a cabo por una fantasmática derecha, cuando de lo que se trata es de que las empresas mal llamadas socialistas (léase expropiadas) están quebradas o producen al mínimo, mientras el monopolio de las divisas que ostenta el gobierno impide que fluyan dólares para insumos, semillas y maquinaria agrícola. Resultado: anaqueles vacíos, que estarán más limpios en enero según todas las previsiones.

Una vez más, como el mandatario anterior, el actual pretende gobernar desde un estudio de televisión, confundiendo las imágenes con la realidad. La verdad es mucho más dura y no las verás en las pantallas de VTV ni la oirás en las emisoras oficialistas ni las leerás en los periódicos gobierneros para los cuales sí hay papel. La verdad es que este modelo fracasó y la situación actual es de sálvese quien pueda. Como no se atienda el clamor del sector privado, tendremos escasez para rato. Es obvio para todos, menos para el gobierno, que producir aquí cuesta menos que importar. Tal vez algunos personeros les interesa seguir importando porque así llenan sus bolsillos de dólares.

Parafraseando a Saramago diré que no es que sea pesimista, es que la realidad es pésima, sólo soy realista. Quienes tienen la responsabilidad de liberar a las fuerzas productivas son los mismos que le pusieron las cadenas y los grillos, quienes instauraron los tan numerosos como inútiles controles. Ahora estoy más feliz aún porque ya sembré mi primera pepa de aguacate y nació un hermoso aguacatico que pronto trasplantaré para que pueda crecer a sus anchas, no reprimido y encadenado como pretende el gobierno mantener a la economía.

Artículos relacionados