Abuso sexual, sociedad cómplice

Fernando Pereira | @cecodap | @fernanpereirav

Educador. Fundador de Cecodap.

La rapidez y variedad de acontecimientos que sacuden el país se convierten en aguas revueltas que sobrepasan cualquier posibilidad de sedimentar; sin embargo, la prioridad en esa “coctelera imparable” la ocupan los temas políticos.
Quizás por eso pasó inadvertida la detención del psicólogo Carlos Alberto Ortiz Mora (48) jefe de la división de evaluación y diagnóstico mental forense del Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses (Senamecf), adscrito al Ministerio del Poder Popular para las Relaciones Interiores, Justicia y Paz.

Funcionarios del Cicpc lo capturaron tras recibir una denuncia de violación por parte de su hijastra. Los funcionarios indicaron que sería parte de una red internacional de tráfico de pornografía infantil y que en los equipos electrónicos que le fueron incautados encontraron unos 5.000 videos y fotografías con contenido de pornografía infantil que se sospecha eran comercializados. Se comenta que la hijastra descubrió y denunció múltiples fotos que le sacó desnuda; se investiga si bajo efectos de sedación.

El presunto responsable es un profesional reconocido con trayectoria académica en la UCV, otras universidades, y profesional en el Ejército de Venezuela, llegando nada menos que a presidir la máxima instancia de psicología forense del país.
Recuerda tanto al caso del ex rector Edmundo Chirinos, pues comienza a aflorar una trama de otro “secreto a voces” y de una sociedad cómplice.

Fachada del abusador

Isabel Cuadros, experta colombiana (Fundadora de la Asociación Afecto), al referirse a la fachada del abusador, destaca que según investigaciones: “el abusador es un individuo promedio 77% está casado o ha estado casado. 30% es bachiller. 49% tienen estudios universitarios incompletos. 65% tiene trabajo. Esto quiere decir que es invisible para nosotros… Literalmente un camaleón y que no es fácil de discriminar. Los abusadores están en todas las clases sociales. Abusan de los niños que están a su alrededor.”

¿Es solo penetración?

El abuso sexual no es solo penetración, es toda acción violenta o no, en la que una persona con más poder utiliza a otra, en contra de su voluntad, para satisfacerse. El abusador puede realizar el acto mostrando los genitales, invitando a otros a participar en videos o películas pornográficas, tomar fotos, así como manoseos, masturbación, penetración anal o genital con objetos o partes del cuerpo (dedos, pene).

La violencia sexual también se expresa a través de la explotación sexual cuando niños y adolescentes son utilizados para obtener dinero o cualquier otro beneficio a cambio del intercambio sexual. El abuso sexual puede realizarse con violencia física u otras variantes violentas como amenazas, manipulación, engaños o a cambio de privilegios, premios.

Según la ley, todos los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a ser protegidos y protegidas contra cualquier forma de abuso o explotación sexual (Art. 34 LOPNNA).

A través de las pantallas

Con el auge de las nuevas tecnologías, la violencia sexual ha tomado las pantallas y los adolescentes pueden ser acosados virtualmente por personas que incluso falsean su identidad (sexo, edad…) para chantajear emocionalmente a sus víctimas. Mientras más solo se sienta el adolescente más vulnerable es.

El abandono, las adicciones, el castigo físico y psicológico, influyen en que se convierta en “presa fácil”. Las ofertas engañosas a través del ciberacoso también son utilizadas por el depredador sexual.

¿Qué podemos hacer?

Promover la educación sexual con enfoque de derecho enfatizando en la autoprotección: aprender a decir no, distinguir caricias mal intencionadas, buscar apoyo.

Creer a los niños y adolescentes cuando hablan al respecto.

Denunciar situaciones de violencia sexual. La violencia sexual es un delito.

Promover actividades formativas en los centros educativos.

Orientar sobre el uso adecuado de internet.

La violencia sexual debe ser denunciada anta el Ministerio Público. Esto exige no claudicar, insistir para garantizar la protección de la víctima y la sanción a los victimarios. El silencio es su principal cómplice.