Abandonados y abandonantes - Efecto Cocuyo

Abandonados y abandonantes

En la Plaza los Palos Grandes se alerta contra el abandono de niños
Leoncio Barrios | @Leonciobarrios

Leoncio Barrios, psicólogo y analista social. Escribidor de crónicas, memorias, mini ensayos, historias de sufrimiento e infantiles. Cinéfilo y bailarín aficionado. Reside en Caracas.

Abandonar niños es un triste capítulo en la historia de la humanidad. Por los siglos de los siglos los dejaron a la entrada de conventos, monasterios, iglesias, de casas de familias adineradas y, por demás, religiosas.  Había algo en común y hasta bondadoso en esos actos: eran dejados en casas cercanas a Dios en donde, por misericordia y con recursos, los cuidarían.

Después, la misma historia ha dicho lo que, lamentablemente, ocurría u ocurre en términos de explotación económica y abuso sexual con muchos de esos niños que fueron a dar a manos de religiosos y religiosas.

La complejidad del mundo contemporáneo ha hecho que el abandono de niños sea más pragmático.  Ahora se dejan donde se pueda y se haga más difícil descubrir a quien le abandonó.  Eso sí, el sitio de abandono suele ser un lugar transitado, donde alguien pueda percatarse del niño o niña abandonada. La idea paradójica de quien le abandona pareciera que es salvarle.

El abandono en bosques, montañas y lanzamientos en cestas por el río era realmente criminal allí, si el niño se salvaba era por hechos tan increíbles como los milagros.  Ahora se abandona a los niños no a la buena de Dios sino de la gente.   Eso tienen en común los tres casos recientes de niños abandonados en lugares públicos de Caracas. Actos que, lamentablemente, también ocurren en otros países con debilidad institucional, deficiencia educativa y gran cantidad de pobres.

Ante la noticia del descubrimiento de un niño abandonado lo primero que se piensa es en la “desalmada” madre y, en efecto, suele ser ella quien lo abandona pero no sería la única responsable porque el abandono de niños es un problema multicausal,  de raíces profundas que va más allá de una “mala madre”.  Esa mujer victimaria es víctima de muchas maneras.

Además de la madre como la autora material del delito, debería pensarse en el padre, por lo general un personaje  invisible en esas tragedias.  A los padres -los hombres- nadie los acusa pero casi todas las madres abandonantes han sido abandonadas por su pareja quien, por tanto, tiene algún grado de responsabilidad en el abandono de la criatura.

¿Qué hay detrás de un abandono?

Las madres abandonantes, por lo general, carecen de recursos económicos y esa suele ser la razón de más peso en el abandono.  No tienen con qué mantener al hijo, como muchas otras madres, pero a su pobreza económica se agregan otras  causas, entre ellas, su desmotivación (que no es lo mismo que desafecto), su no querer tenerlo con ella porque, quizás, ese hijo o hija es producto de un embarazo indeseado.

Y hubiera podido no tener al hijo indeseado si hubiera contado con información, con educación sexual, conocer de opciones de sexo sin riesgos, o ante el embarazo.  Muy probablemente nunca oyó sobre métodos anticonceptivos y si oyó no entendió o prefirió pensar que eso no era con ella o lo usó y falló o creía que el embarazo es una cosa de buena o mala suerte.  Vaya usted a saber.  Lo que si parece seguro es que no quería criar al hijo y lo parió como consecuencia de una debilidad personal e institucional de la familia, la comunidad, el Estado.

Muy probablemente, si esa madre hubiera podido interrumpir el embarazo lo habría hecho, pero la satanización del aborto, los impedimentos legales, morales, económicos, informativos, se lo impidieron, si es que lo pensó.  Casi seguro que tampoco supo de otras alternativas ante un embarazo indeseado como ofrecer al niño en adopción o a una institución. Pero todo eso es tan complicado, tan de película, tan de sociedades avanzadas que aún cuando no quería parir al hijo, criarlo lo hizo como consecuencia de una debilidad personal e institucional, de la familia, la comunidad, el Estado.

Lo que si parece evidente es que esas madres abandonantes tienen débiles lazos familiares y sociales.  Hay que ser muy ágil para montar una treta que convenza a quienes le rodean dónde está el niño de aquel embarazo, que estaba criando y que desapareció así, de repente, sin haberse muerto.  Posiblemente, no tiene necesidad de ninguna treta lo cual refleja una debilidad personal e institucional, de la familia, la comunidad, el Estado.

En todo caso, el drama que refleja el abandono de una creatura es el de una sociedad que ha fallado en fortalecer sus instituciones básicas y en proteger lo más sagrado en toda cultura: la madre y el niño.

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