25 años

Miguel Ángel Latouche | @miglatouche

Internacionalista. Director de la Escuela de Comunicación Social - UCV. Doctor en Ciencias Políticas. Profesor en la Universidad Central de Venezuela. Consultor.

¡Qué equivocado estaba Gardel! A veces 20 años son mucho tiempo. Séneca, en su Tratado de la vida breve, pone énfasis en la idea de que nuestra vida no es tan corta como nos parece. Por el contrario es suficiente, nos dice el filósofo, el asunto es que sepamos aprovecharla. Carpe Diem parece indicarnos a lo largo del texto. Así la vida, nuestra vida, podrá realizarse en la medida en que hagamos las cosas que nos correspondan, que entendamos que el único recurso realmente no renovable es el tiempo. Uno vive para ser feliz, para alcanzar las cosas que desea, una vida valdrá la vida ser vivida en la medida en que esté llena de momentos valiosos.

Por el contrario, las vidas que están sujetas a limitaciones excesivas, a la supervivencia o a la exclusión serán, por definición, vidas perdidas, sumidas en la tristeza o en el olvido. Uno entendería que una sociedad funciona mejor que otra allí donde la gente tiene mayores oportunidades para realizarse o, en todo caso, está menos sujeta a privaciones. Así la gente tendrá la posibilidad de escoger entre múltiples opciones aquellas cosas que desea alcanzar a lo largo de su vida. Cuando la sociedad no proporciona estas oportunidades, las cosas no están funcionando lo suficientemente bien.

Me encontraba con unos amigos, tomábamos un café, cuando una señora joven, de cara acontecida, se acerca, a nuestro grupo, casi implora: “tengo dos hijos”, nos explica, “no tengo cómo darles de comer. ¿Pueden ayudarme?” Se trata de una escena que se ha hecho recurrente. Los venezolanos hemos descubierto el significado del hambre y la necesidad. Algunas situaciones se han hecho parte de nuestra cotidianidad: Gente que come de la basura, gente que ha sido asaltada en el metro, gente que no puede pagar el costo del transporte público, o los cauchos del carro o la batería.

Son, a fin de cuentas, los dramas de la pobreza generalizada e incomprensible para un país que se jacta de sus riquezas. Yo diría que la gestión de un gobierno se mide por su capacidad para solucionar los problemas de la sociedad, para darle respuestas a las necesidades de la gente, para construir hacia el futuro. Me queda claro que nos anclamos en el pasado. Quienes construyen el discurso público en el país tienen la extraña tendencia de mirar hacia atrás. ¡Avanzamos como los cangrejos!

Así mientras la gente sufre, mientras a nadie le alcanza el sueldo, mientras empiezan a aparecer productos a precios exorbitantes, nuestra clase política se dedica a hacer discursos descontextualizados, se niega a ver la realidad que vivimos. Hemos transitado a lo largo de un mes de celebraciones y contramarchas. Mientras el pueblo va de abismo en abismo, permítaseme la expresión, el gobierno va de celebración. El Bicentenario de Zamora, los 25 años del Golpe de Estado de Hugo Chávez, los 18 años del gobierno. Por otro lado tenemos los que piensan que todo tiempo pasado fue mejor, que vivíamos en el mejor de los mundos posible. Uno tendría que preguntarse cómo se explica en ese contexto la llegada al poder de Hugo Chávez. A veces la memoria es frágil.

Mas allá de las posturas ideológicas, los venezolanos de este tiempo tenemos la responsabilidad de preguntarnos qué nos pasó, dónde perdimos el rumbo, cómo hemos llegado a este punto. Si entendiéramos que la acción del gobierno debe evaluarse en razón de resultados concretos y no en base a la pura ideología podríamos, quizás, iniciar un proceso de reconstrucción del país que, a estas alturas, parece imprescindible. La verdad es que el deterioro generalizado de la infraestructura, de la calidad de nuestra vida, de la convivencia colectiva parece que ya no da para esperar más. Así, yo creo es necesario que empecemos a movernos más allá de esa entelequía que es el Socialismo del Siglo XXI y de la ilusión de quienes piensan que todo se resuelve construyendo un país de propietarios; creo que ni uno ni otro responden al ‘momento país’. El asunto es mucho mas complejo.

Así pues acá estamos, 25 años después, en medio de un largo letargo y mucho más flacos, sumidos en un montón de problemas que tienen que ver con nuestra supervivencia cotidiana. Seguramente vendrán muchas mas celebraciones, muchos mas actos públicos, muchas más acusaciones, muchos más concejales haciendo videos, muchos más diputados siendo arrastrados por los militares encargados de reprimir las manifestaciones públicas.

¿Estamos conscientes de que así es imposible construir un país? No lo creo, la gente termina escuchándose a sí misma, sumida en el síndrome del pensamiento grupal, alienada. La política sin episteme tiende a ser muy pobre. No es casual en consecuencia la inefectividad de nuestras políticas públicas, la ausencia de discursos y la profusa habladera de tonterías que caracteriza nuestra discusión pública. Por ahora seguimos este padecimiento terrible que nos ha legado el Comandante Eterno.

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