2018: Quevedo, Pdvsa y la Opep

Rafael Quiroz Serrano | @rafaelquiroz1

Politólogo egresado de la Universidad de Leeds (RU). Economista y Analista petrolero titulado de la Universidad Central de Venezuela (UCV).

La designación del Mayor General Manuel Quevedo al frente del Ministerio de Petróleo (MP) y también presidente de Petróleos de Venezuela (PDVSA), ha sido objeto de diversos comentarios y de cierta preocupación en sectores allegados al tema de los hidrocarburos en Venezuela. Al general Quevedo no se le conoce ningún estudio académico ni experticia alguna sobre un tema tan delicado, principal, realmente actual y -si se quiere- dramático de la economía venezolana, como es el petrolero.

En momentos tan preocupantes, apremiantes y delicados, como los que por hoy atraviesa PDVSA, no hay espacio para la ignorancia ni para la improvisación dentro de la industria nacional de los hidrocarburos. Tal nombramiento es contrario y antagónico a las pretensiones míticas, y sueños otoñales del presidente Nicolás Maduro, de aumentar la producción petrolera en un millón de barriles diarios (MMB/d), “para ya, para ahora mismo, para el próximo año” (sic). Hay quienes creen que producir petróleo es, para decirlo en criollo, “soplar y hacer botellas”; que es tan simple como producir cualquier bien o servicio como los que a diario utilizamos, o como construir casas o viviendas.

Lo afirmado por el general Quevedo desde Viena, en el marco de la 173 Conferencia de la OPEP, el pasado 1 de diciembre, al amenazar con “dejar de vender crudo a los Estados Unidos”, denota una ignorancia supina de este militar en materia petrolera, pues desconoce que el 55% del crudo que Venezuela exporta hacia los Estados Unidos de Norte América (EE.UU.) es para nuestras propias refinerías de CITGO (Lake Charles, Corpus Christi y Lemont), y 3 refinerías privadas más, pues a EE.UU. como Estado o gobierno, ni al pentágono o a la CIA, ni a la Secretaría de Energía o a la Casa Blanca, le vendemos una gota de crudo. Por lo que, si por simple represalia o “malacrianza” PDVSA va a dejar de exportar crudo hacia el país “imperial”, entonces terminaremos comprándole más crudos a México a precios internacionales -y no con el descuento con el cual le vende PDVSA a sus filiales en EE.UU.- para poder alimentar nuestras propias refinerías de Luisiana, Illinois y Texas.

Pero el problema no termina allí, pues el presidente Maduro vuelve -una vez más- a repetir el dislate de fusionar el cargo de ministro de Petróleo (MP) con el de presidente de PDVSA; dos cargos que por su definición y naturaleza coliden entre sí, pues se trata -en el caso del MP- del despacho que tiene bajo su responsabilidad el definir la política petrolera, supervisar, controlar y fiscalizar la industria petrolera nacional, mientras que PDVSA está para ejecutar las directrices y políticas que emanan desde el MP como máximo representante -en materia petrolífera- del Ejecutivo Nacional y del Estado venezolano. Un organismo (MP) es el mandante, supervisor, contralor y fiscalizador, y el otro (PDVSA) es el mandado, supervisado, controlado y fiscalizado. De esta perversa fusión de cargos se ha derivado muchos de los actuales males, resabios, malversaciones y corrupciones de los cuales adolece hoy PDVSA, y que ha servido para el montaje de shows mediáticos que solo pretenden un reparto del poder, el pase de facturas y reticencias políticas, y también frustrar proyectos que envuelven aspiraciones presidenciales.

PDVSA

Los hechos de corrupción dentro de nuestra industria petrolera no son nuevos, son de siempre; solo que antes eran mucho menos frecuentes que hoy en día, pues el presidente de PDVSA le rendía cuentas al ministro de Minas e Hidrocarburos (de entonces), y a su vez éste era controlado y fiscalizado por la Contraloría General de la República y -permanentemente- vigilado y supervisado por las Comisiones de Energía y Minas da la Cámara de Diputados y del Senado de la República. Hoy, el Ministro de Petróleo y Presidente de PDVSA (M. Quevedo), que es militar pero no sabe de petróleo, solo se rinde cuentas así mismo y al Vice-Presidente Ejecutivo (Tarek Al-Aisami), que es criminólogo pero tampoco sabe de petróleo, y éste último, le rinde cuentas al presidente Maduro, que es conductor de autobuses e igualmente desconoce de petróleo. Y esta perversa fusión de cargos (Ministro de petróleo y Presidente de PDVSA), fue lo que le permitió a Rafael Ramírez cometer toda clase de fechorías e irregularidades bajo la instrucción y dirección de Hugo Chávez Frías (“Pudreval” y el maletín de Antonini Wilson, por solo citar dos simples ejemplos).

¿Aumento de producción?

Para este nuevo año 2018 que recién comienza, no será fácil para el gobierno nacional, como cree el presidente Maduro o el general Quevedo, levantar la producción de crudos en un millón de barriles diarios (1 MMB/d), pues ni el gobierno ni PDVSA cuentan con los recursos financieros suficientes para tal propósito. El incrementar la producción petrolera vía Faja del Orinoco en 1 MMB/d, significa tener que invertir 125.000 millones de dólares (MMU$) en 5 mejoradores (200 mil barriles diarios por Mejorador), pues la construcción de cada mejorador tiene un costo de 25.000 MMU$; y si se pretende aumentar 1 MMB/d vía crudos convencionales tendrá que disponerse de no menos de 15.000 MMU$.

De ninguno de esos dos montos en dólares, que tendrían que ser invertidos en la industria petrolera, se dispone para tal cometido en estos momentos de apremio por carencia de divisas, y por lo demás en el primero de los casos (Faja) se tomaría no menos de 3 años, y en el segundo de 2 a 3 años. Es más, para solo mantener el actual nivel de producción petrolera (1.86 MMB/d) se necesitará invertir 4.500 MMU$. De tal manera, que bajo ninguna circunstancia el aumento de la producción de crudo venezolano llegará a 1 MMB/d; ello es imposible, absolutamente imposible. PDVSA solo podrá incrementar su producción, a duras penas y con mucho propósito y sacrificio, en 200 mil barriles diarios. Es más, dentro de la misma OPEP ya se ha planteado la discusión sobre quién va a suplir la reducción de los barriles venezolanos en este año 2018, pues se parte de la premisa de que la producción de crudos de Venezuela seguirá cayendo.

Un mercado inusualmente estable

No hay duda de que los recortes de producción (1.8 mmb/d) OPEP y NO-OPEP, aprobados en noviembre y diciembre de 2016, fueron determinantes para la recuperación de los precios que trastocaron los ingresos por concepto de exportaciones de crudo, de los diversos países petroleros, durante los años 2014-2016. Los países (25) que suscribieron tal acuerdo, fueron serios y mantuvieron cierta disciplina para honrar el compromiso contraído en Viena, y esto tuvo su recompensa cuando los precios tuvieron un alza de 33% en 2017, en comparación al año anterior. Ejemplo, la Cesta Petrolera Venezolana (CPV) subió de un precio promedio anual en 2016 de 35,15 dólares el barril (U$B) a 46,72 U$B en 2017.

Ello demuestra, una vez más, que los países de la OPEP logran incrementar los precios del petróleo a través de recortes en el volumen de producción. Si bien la OPEP no controla totalmente la oferta mundial de petróleo, la Organización posee una participación en la producción de petróleo suficientemente elevada (43%) como para influenciar los precios del mismo. Esto, para despecho de quienes en Venezuela resienten y son detractores de la OPEP (nuevos y antiguos), y así menosprecian su peso en el mercado de los hidrocarburos. En resumen, 2017 fue un año en que el mercado petrolero se comportó con una estabilidad poco usual y con un buen precio por el barril del crudo, y sin mucha volatilidad, lo cual ya hubiésemos deseado en épocas grises y tormentosas para los productores.

Sin embargo, 2018 va a comportarse diferente, va a ser mucho más impredecible y tempestuoso en términos de producción y oferta petroleras; pues la producción de crudos de lutitas (“esquistos”) por parte de Estados Unidos de Norte América (EE.UU.), va a desabrir el plato apetecible de la OPEP, y sus aliados (NO-OPEP), de mejores precios para el petróleo. En efecto, la mayoría de los analistas y agencias internacionales especializadas en el mercado petrolero, además de haber ajustado hacia la baja sus proyecciones sobre el crecimiento de la demanda mundial de petróleo para este año, también estiman que en EE.UU. habrá un mayor repunte de la producción de crudo durante 2018, que podría alcanzar hasta 1,1 mmb/d de aumento, para situarse en un nivel histórico de producción de 10,6 mmb/d.

Lo anterior, sin duda irá a contrarrestar los efectos de los recientemente extendidos recortes de la OPEP, presionando así el precio a la baja. EE.UU. ya ha venido aumentando el número de las plataformas de perforación petroleras activas en Permian, Baker Hughes y Eagle Ford, tres de sus principales yacimientos de crudos de lutitas, estimulado por el incremento que han venido teniendo los precios del petróleo en los últimos siete meses.

La OPEP entrampada

La OPEP está entrampada, pues si bien debe seguir dando la pelea por precios justos para sus crudos, tampoco le convienen precios mayores a 60 U$B, ya que esa es la “raya amarilla” que no debe cruzar: el precio de realización o venta de los principales marcadores, debido a que ello estimulará a los inversionistas de crudo de lutitas a incrementar la producción, y a cogerse el espacio de barriles que dejará en la oferta el recorte acordado en Viena, desde finales del año 2016. En el mercado de los hidrocarburos podríamos parodiar aquella clásica regla de la geopolítica que reza que “Los espacios vacíos tienden a ocuparse”, por lo que por analogía diríamos que en petróleo “los barriles vacíos tienden a llenarse”.

El ligero aumento que últimamente han venido experimentando los precios del petróleo, ha estado animado por la crisis política en Irán, no obstante que la misma no ha afectado la industria petrolera; sumada a la agitación interna en Nigeria y Libia que ha desencadenado ataques a oleoductos, encendiendo el riesgo geopolítico en medio oriente, añadiendo una prima de riesgo e impulsando el pecio del crudo. También una variable estacional se hace presente con el fuerte invierno que viene azotando a EE.UU. y a Europa, que obliga a tales países a un mayor consumo energético-petrolero, y por consiguiente un aumento en la demanda de crudo y disminución de los inventarios comerciales de gasolina y destilados. Igualmente hace su aporte a esta leve alza coyuntural de los precios del petróleo, la tendencia permanente a la baja de la producción petrolera de Venezuela, pues en el pasado mes de diciembre y lo que va de enero ya se registra una caída de 19 mil barriles diarios. Y por último, la aplicación estricta de los recortes de producción por parte de la OPEP y No-OPEP, y su extensión hasta el próximo mes de diciembre, dieron aliento a los precios del petróleo.

Los actuales niveles de precios del petróleo no se preservarán hasta finales del primer trimestre, y en el segundo habrá una corrección hacia la baja; no en balde el presidente del Comité de Monitoreo de la OPEP, el ministro de Kuwait, afirmó: “Para mayo tendremos que revisar el Acuerdo”. El precio promedio de la CPV, en los pocos días de este nuevo año, se ubica en 58,10 U$B, pero el mismo se empezará a sincerar ya en el transitar del segundo trimestre.

Mientras tanto, PDVSA está en serios problemas, las precarias reivindicaciones salariales de su nómina y los problemas de mantenimiento de la industria, además de la falta de inversión harán que su producción decline y se camine a orillas del colapso. Nubarrones, vendavales y tiempos aciagos parecieran merodear sobre nuestra industria petrolera. ¡Ojalá! Podamos decir para finales del presente año que estábamos equivocados.

Foto: Archivo Efecto Cocuyo

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Las opiniones expresadas en esta sección son de la entera responsabilidad de sus autores.

 

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