Pocos alimentos, sin medicinas y algunos abandonados: abuelos que sobreviven en asilos - Efecto Cocuyo

Pocos alimentos, sin medicinas y algunos abandonados: abuelos que sobreviven en asilos

En medio de precariedades, los 40 abuelos del asilo de adultos mayores, La Providencia, en San Martín, subsisten por las diligentes manos de la hermana Emilia y los otros 12 empleados. La mayoría de los internos provienen de la calle y a pocos los visitan familiares. Los asilos están a la deriva de Dios. La religiosa así lo afirma.

“Los asilos quedamos a la providencia de Dios”, dijo la hermana, quien es la directora del asilo que pertenece a la Fundación Asilo La Providencia. Un abuelo se paseaba por los pasillos en silla de ruedas. Otro caminaba apoyado de un bastón. La hermana aseguró que las condiciones de este geriátrico son precarias y han empeorado en 2019.

“Nos la vemos difícil. No recibimos dinero del Estado. Algunos hacen donaciones, pero es muy difícil. De vez en cuando nos vienen a ayudar, pero solemos estar solas”, expresó mientras recorría a lentos pasos las habitaciones, siempre con sus brazos en la espalda.

“Que bien te ves Darío”, saludó la hermana en su caminata. “Te pusiste la cachucha”. El abuelo que avanzaba en una silla de ruedas se detuvo. Llevó su mano por encima de su cabeza, sujetó su gorra, respondió el saludo y sonrió.

En este geriátrico fundado hace 127 años llegaron a ser más de 100 adultos internados, pero con el poco personal no reciben más abuelos, a pesar de disponer de las habitaciones necesarias. Los colores de las salas son opacos y la iluminación es mínima. Sábanas desgastas arropan a los que deciden dormir en la tarde.

“Prefiero atender bien a 40 que atender 100 a medias, comiendo solo caraotas. No podemos recibir tanta gente”, dijo la religiosa de 62 años de edad.

Las habitaciones son amplias, pero llenas de camas, una al lado de otra. Junto a cada colchón hay un pequeño estante metálico azul donde los residentes guardan sus cosas. Además, disponen de mesitas repletas de pertenencias y estampitas de la virgen María. También pequeñas imágenes de Jesucristo.

Las dietas de los abuelos se han visto afectadas, por la escasez y los altos costos de los alimentos. No siempre disponen de todos los nutrientes pero mantienen el desayuno, almuerzo y cena.

“Aquí comemos lo que Dios nos provea, no dietas requeridas. Con mucho esfuerzo ponemos los tres platos de comida al día. Nadie se queda sin comer”, manifestó la hermana.

Las medicinas para los adultos mayores es de igual precariedad. Solo se dotan con lo que las hermanas logran comprar en la farmacia y las donaciones que realizan a la fundación. Alcanza para poco.

“Hay medicinas que no se consiguen. Los que tienen problemas de glaucoma es un problema para conseguir los medicamentos, igual con los antibióticos y las medicinas para la hipertensión”, dijo.

Para la hermana Emilia, que está detrás la dirección de La Providencia desde hace tres años, es una tarea titánica mantener en pie este asilo. Los pocos recursos que disponen deben invertirlos de manera estratégica para cubrir la mayoría de las necesidades posibles.

Las actividades son las mismas casi siempre a diario. Los ancianos se levantan a las 7:00 am. Desayunan a las 8:30 am. Al mediodía, después de almorzar, descansan, escuchan música, ven televisión o se pasean por los amplios pasillos. Cenan antes de las 5:00 pm. Rezan en la capilla a las 5:30 pm y suelen dormir de las 7:00 pm.

A La Providencia llega agua solo dos veces la semana. La higiene de los ancianos se ve comprometida; dependen de los que les dure el tanque de agua aunque intentan que los baños sea diaria. “Si podemos bañamos a los abuelos todos los días”.

Para la vestimenta también reciben donaciones, que son insuficientes. Los insumos escasean. “A veces tenemos que sacar trapitos y ponerles guayucos, porque no hay pañales”.

Y de los 40 internos no todos reciben visitas, aseguró la hermana. “A algunos los vienen a visitar y otros no. A algunos lo dejan aquí como si fuera un depósito”.

“Se les acorta la vida”

La asociación civil Convite, que hace seguimiento al funcionamiento de los geriátricos en ocho ciudades del país (Maracaibo, Mérida, Barquisimeto, Valencia, Puerto Ordaz, Ciudad Bolívar, Puerto La Cruz y Caracas), alertó que 56 asilos en la capital presentaron un denominador en común: alimentación irregular y dotación de medicamentos insuficiente.

“Solo consumen proteínas tres veces a la semana. Lo que más ingieren son tubérculos, como papa yuca.  Las dietas están basadas principalmente en granos, para sustituir la proteína animal”, expresó el director de ConviteLuis Francisco Cabezas

Cabezas también aseguró que la totalidad de los abuelos que hacen vida en los centros geriátricos consumen algún tipo de medicamento. Los adultos mayores dependen principalmente de fármacos para la hipertensión arterialhiperlipidemia (colesterol alto), trastornos mentales, diabetes tipo dos, diarreas y enfermedades respiratorias.

“Según pudimos constatar hay 80% de escasez de estos medicamentos, que en casos deben ser consumidos de por vida. Estas condiciones acortan la vida de los abuelos”, dijo.

A estas precariedades se le suma las fallas en los servicios públicos. En los asilos falla el suministro de agua. “Son personas que en general están encamados y en ocasiones no se pueden hacerse la higiene regular por la falta de agua. Hay brotes de escabiosis (enfermedad en la piel) por estas irregularidades”, dijo.

Cabezas también destacó que en un periodo de dos años en la capital han cerrado alrededor de 30 geriátricos. Indicó que en Caracas restan aproximadamente 100 asilos, de los cuales 80% son privados.

Hacen falta donaciones

En el geriátrico Santo Domingo, en Bello Monte, residen 44 abuelos. Las medicinas corren por parte de los familiares y los alimentos los costea la casa hogar. Sin embargo, las principales precariedades que atraviesan es la falta de insumos.

“Nos gustaría que nos ayudaran con donaciones, porque es realmente difícil conseguir los pañales”, dijo Morela Guaralí, una de las familiares que presta apoyo a la atención de los abuelos desde que su madre está internada.

La madre de Guaralí, Reina Pérez de 92 años, está internada en el Santo Domingo desde hace dos años. Junto a otros familiares tratan de organizarse para realizar actividades para entretener a los adultos mayores.

En el patio del geriátrico los abuelos suelen descansar a horas del mediodía. Sentada en sillas de ruedas Elena recibe a los visitantes con bendiciones, junto a ella, también sentada, Teodora saluda con la misma alegría. La música de una pequeña radio las acompaña en sus descansos. Otros caminan el patio con pisadas temblorosas.

La mensualidad en este ancianato cuesta un total de 235 mil bolívares. Según explicó la encargada, Yumira Mendoza, algunos de los abuelos internos son dejados por sus familiares.

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Fotos: Mairet Chourio.

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