Maracaibo a punta de “chirrincheras” por la falta de transporte público #VenezuelaAPie

De la desesperación al caos. Inés González, una secretaria de 56 años, llega a la Curva de Molina, sector aledaño a la avenida La Limpia, en el oeste de Maracaibo, el miércoles 9 de mayo a las 6 de la mañana, y ya más de mil personas atestan cada parada a la espera de los nuevos prestadores de servicio de transporte en la capital zuliana: las chirrincheras, unas camionetas con techo –o sin él- detrás, popularmente usadas por los wayúu, que en el resto del país las denominan “perreras”.

Son pocos los vehículos que van hacia el centro de la ciudad. De por sí trasladarse lejos en Maracaibo ha sido siempre difícil, pero ahora la situación se ha agudizado: según la Central Única de Transporte, en 2017 solo había 10 % de las unidades operativas y en los primeros tres meses de 2018 más de siete rutas han desaparecido, por lo que las “chirrincheras”, los camiones 350-750 y buses de otras rutas se han “ofrecido a prestar servicio de transporte” en el centro económico más importante de Venezuela.

“A 10 mil pa’l centro. Pasajito a 10 mil, nada de 5 mil”, grita insistentemente un joven, de unos 20 años, con la ropa holgada y empapada de sudor, desde la parte trasera de una “chirrinchera”. “Bueno, chamita, imagínate, nosotros trabajamos pa’ salvar a la gente. Vos sabéis, todos se quieren ir y aquí todo el que se quiera ir cabe”, contó el joven sin decir su nombre y golpeando la parte metálica con un tubo.

A González no le gusta subirse a las chirrincheras; teme asfixiarse por la cantidad de gente hacinada o caerse, porque algunos de estos vehículos no tienen barandas. Ella prefiere irse caminando; además, no se arriesga a ensuciar su uniforme o esperar una ruta que ya no existe. “Me tardo hora y media caminando, pero llego más segura y no voy a pagar para estar montada como un chivo”.

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La secretaria acotó que los pocos vehículos que prestan servicio están “pirateando” en las rutas más cortas para hacer más viajes y ganar más dinero.

En los primeros tres meses de 2018 más de siete rutas han desaparecido

La agonía empieza en la madrugada y dura todo el día

Ir al centro de Maracaibo desde la Curva de Molina también es más que perder el tiempo. Klaudia Montiel, una estudiante universitaria de 20 años, lo corrobora. Ella ha llegado a las 4 de la mañana y a las 7:45 am todavía no se ha ido por la cantidad de gente. “Todo pasa full y no me puedo ir de banderita, me da miedo”.

“Esto se pone full desde las 3 y 4 de la madrugada… La Estrella, Amparo y Ruta 2 las eliminaron porque no quedaban buses. En Ruta 6 quedan dos buses, en 5 de Julio hay como dos buses…”, confirma uno de los policías encargados del punto de control policial en La Curva.

Esta situación es repetitiva en todo el estado Zulia. Todo el día. La mayoría de los buses, camiones o camionetas que llegan van de lado por el peso de los ocupantes o salen “full” rumbo al centro de la ciudad o de regreso.

Igual que las perreras y cavas de Petare en Caracas, las chirrincheras no están registradas u organizadas como líneas de transporte. Hace poco más de un mes, solo aparecían en las horas pico, pero ahora prácticamente sustituyen a los casi extintos carritos por puesto.

Más tarde. más caro

A medida que las horas pasan, las tarifas aumentan. El pasaje legal acordado por el alcalde Willy Casanova y los gremios de transporte en enero de 2018 fue de 3 mil bolívares, pero estos carruajes populares cobran desde 10 mil bolívares hasta 30 mil y más.

El Instituto Municipal de Transporte Colectivo y Urbano de Pasajeros del Municipio Maracaibo (Imtcuma) dejó de actuar luego de establecer el costo legal del pasaje. “Ni siquiera se aparece como antes para supervisar las rutas y los pasajes. Esto está abandonadísimo”, expresó uno de los fiscales que supervisa el paso de las “chirrincheras” en La Curva.

En paradas atestadas, los marabinos esperan el transporte para trasladarse

“La necesidad con cara de perro”

Muchas personas están cansadas de caminar, sobre todo si les agarra la noche en el mercado que une a tres municipios del Zulia. Como Carlos Hernández, albañil de 50 años, quien se vio obligado a montarse en “lo que viniera” porque casi se desmaya por caminar más de dos horas desde su trabajo. “Si tengo que pagar 20 mil los pago, no me voy a quedar a dormir aquí. Dígame si me roban lo poquito que llevo”.

La inseguridad también forma parte de la espera. Según encargados de control policial en La Curva, se han reportado robos con arma blanca y de fuego o riñas y peleas por subirse rápidamente a una “chirrinchera”.

“Hemos tratado de mover a la gente desde hace dos meses y no podemos”, dijo uno de los funcionarios, que no portaba la insignia con su nombre y prefirió no identificarse. “El Imtcuma no lo detiene, más bien lo promueve”.

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Las personas siguen reunidas donde es más probable que paren los vehículos; los más temerarios no esperan que estos se detengan y el resto se amontona para intentar entrar y partir a su destino.

¿Y el que no tenga los 10 mil o 20 mil bolivitas?

El debate sobre el costo del pasaje no se concreta. Y muchas personas se quedan sin el preciado efectivo gracias a ello y porque, además, los choferes no aceptan menos de lo que piden. Cuando Irene Gutiérrez, enfermera de 37 años, se queda sin dinero, le toca salir de su casa a las 4:30 am para tratar de no llegar tan tarde o cansada.

“Me ha tocado caminar toda esta semana porque la pasada unos cobraban 10 mil y otros 20 mil, no me di cuenta y me quedé sin efectivo. Yo avisé en la clínica donde trabajo y como no me podían dar efectivo me retrasaron la hora de entrada”.

Además de los camiones 350 o 750 algunas camionetas Pick Up también ofrecen el servicio

Gutiérrez solo camina cuando se queda sin dinero, pero no sola. Por medio de Whatsapp o mensajes de texto se contacta con otros vecinos para salir juntos y no ser víctimas de los malandros. “Nos vamos con Fernando: un ratico a pie y un ratico caminando”.

Nadie detiene el caos ni confía en que la actuación del gobierno resolverá el problema del transporte público. Cada día aparecen nuevas chirrincheras, camiones, camionetas, cobrando lo que les parezca conveniente y tratando de “acondicionarlas” para subir a más personas. “A los camiones les están poniendo banqueticas y mecates y que pa’ uno sostenerse, no te digo yo”, agregó Gutiérrez.

“La gente se está acostumbrando a lanzarse en las chirrincheras, por el hambre, la necesidad, uno no mira nada cuando tiene hambre y quiere llegar rápido. Sea en chirrinchera o a pie, me voy en lo que venga”.

Como en el resto del país, es más costoso el pasaje en las perreras

Texto Rosmina Suárez Piña/ Fotos: Víctor García

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