Conozca la historia detrás de las arepas que pidió Mauricio Macri

Las crujientes empanadas, obra de Esteban y Dexsy, están sobre una de las mesas de su pequeño local. Las acompaña una salsa de ajo que se vuelve el complemento ideal para que los rellenos de carne y pollo alcancen un gustoso sabor y nos transporten a tierras lejanas.

Estamos, en realidad, en el centro de Buenos Aires, pero en un bocado viajaremos 9 mil kilómetros y volveremos al comercio de Sabana Grande en Caracas donde a veces los capitalinos comprábamos el desayuno en las mañanas. Esa era la idea que tenía la mujer cuando ideó el eslogan de Parados Urban Food: sabores que vencen la distancia.

La oferta del restaurante no es tan variada, pero sí lo suficientemente sabrosa como para representar la gastronomía venezolana en el palacio de Gobierno que hoy sirve de oficina del presidente argentino, Mauricio Macri.

El video ya ha dado la vuelta por las redes sociales: un sonriente mandatario sorprende al chef mientras hace la magia en la cocina presidencial. Esteban Gregoriadis fríe empanaditas, rellena arepitas y alinea los tequeños para que en un rato vayan a una mesa y se conviertan en el almuerzo de 50 personas en la Casa Rosada. La emoción en el rostro del cocinero es incontenible y semanas más tarde sus ojos -claros, como los del argentino- brillan al recordar el episodio.

Hace dos años, cuando el matrimonio Gregoriadis-Carrero y su hijo pequeño llegaron a Buenos Aires de visita, conocer a Macri no estaba en el radar de las posibilidades. De hecho, alejados de todo el lujo de un palacete presidencial, terminaron con un contrato de arrendamiento de un local pequeño en el Microcentro de la capital argentina (Lavalle 986).

El lugar, no apto para muchas cosas pero moldeable, estaba cerca del famoso Obelisco y tenía unas condiciones físicas precarias pero potenciales. Sin baños, sin una cocina apta, sin grandes espacios para que los comensales se sentaran a disfrutar; había que ingeniárselas mucho para rendir aquel presupuesto acortado con el que auguraban salir a flote.

No había ideas demasiado claras, pero sí determinación, mucho empeño, gran esfuerzo y ansias de trabajo: todo necesario para sacar aquel negocio adelante. Empezaron con un fondo de comercio que les facilitó un poco ese primer paso, pero después tocó probar, fallar y continuar. Evaluaron a la clientela, pensaron qué hacía falta y con qué se identificaban. Intentaron con distintos estilos de locales gastronómicos, fracasaron con el café, se perdieron muchos brownies que no llegaron a venderse y se gastó parte del dinero en la remodelación de aquel espacio que hoy continúa mutando.

Y no era fácil…

“Si tenía para pagarle al albañil, no tenía para pagarle al asistente de albañil y yo mismo iba y recogía los escombros. Entonces los argentinos me miraban extrañado ¿cómo es que el jefe también hace de obrero? No saben que los venezolanos, si tenemos que hacer, hacemos”, recuerda Esteban de esa primera etapa. Sus manos sufrieron desmadres luego de alinear más de 150 tornillos a sus bases.

Esteban Gregoriadis , tras dos años de emprender su negocio gastronómico en Buenos Aires, cosecha frutos. Foto: Nolan Rada Galindo

Dexsy, por su parte, tuvo que regresar a Venezuela mientras las cosas no iban tan bien, porque no era rentable que siguiera en Buenos Aires con el niño. Al teléfono, testigo presencial del caos en el que se convirtió su país de origen, obviaba su situación y solo expresaba palabras de ánimo y de apoyo a su esposo que en la ciudad porteña trazaba la manera de lucrarse de la inversión.

El argentino, un amigo

Encontrar el apoyo en tiempos difíciles se volvió vital para el proceso de Esteban. Era un migrante más, pero además tenía que hacer funcionar al local y estaba solo. Por eso cuando empieza a hablar de los argentinos, los halagos parecen no alcanzarle. Encontró en ellos la familia que dejó entre Los Andes y Caracas.

“Empezamos un círculo de amistad muy bonito y muy valioso. Ellos me decían ‘Che, aguantá que todo irá bien'”,dice en referencia a los compañeros gastronómicos de la zona. Desde un primer momento se acercaron para conocer su historia y lo ayudaron en la medida de sus posibilidades. Hoy los considera tan cercanos como sus primos o tíos que aún viven en Táchira.

Cuando afirma: “sin el apoyo de los argentinos esto no hubiese llegado a lo que llegó”, solo quiere reconocer el cariño que ha sentido de su parte. Allí, en las mesas de Parados, algunos de ellos lo escucharon y lo animaron tanto a él, como a muchos otros compatriotas que llegaban con historias difíciles.

“Sírvele una cerveza al amigo”, pedían los rioplatenses antes de acercarse a conversar con los desconocidos.

Esteban, que se autocalifica como un niño llorón, muchas veces bajaba al sótano a desahogarse tras jornadas duras. Al escuchar de aquellos argentinos “vénganse todos para acá, son muy bienvenidos” y después recibir un abrazo sentido, la emoción se desbordaba.

“Eso de que llegue un extraño, venga a tu local, te abrace y te reconozca como bueno, alegre y trabajador, me generaba un nudo en la garganta, me emocionaba muchísimo”, confiesa ahora.

La sazón criolla

Cuando Dexsy está en la cocina de su apartamento no le gusta que la molesten. Ella misma elige y compra los ingredientes para hacer los guisos más frescos y sabrosos, le pide a su hijo que espere a que termine para que conversen, porque en su momento prefiere el silencio y la tranquilidad. Limpia todo muy bien, trabaja en paz, deshilacha las fibras de carne y pollo como abstraída del mundo. Dice que disfruta cocinar y su mirada lo confirma.

Dexsy Carrero de Gregoriadis es la artífice de los rellenos de las empanadas de Parados. Foto: Nolan Rada Galindo

Su familia, de origen andino, siempre se ha vinculado de algún modo a la venta de comida. De pequeña, jugaba con sus hermanas a preparar la comida y cuando crecieron, seis de siete hermanos continuaron en la rama gastronómica y más específicamente en la venta de empanadas.

Para ella no hay otro secreto que la pasión dentro de la cocina -aunque quizá el ajo es bastante necesario-. Su mayor y mejor referente al momento de preparar esos guisos es su madre y de resto, procurar la frescura de todo lo que se va a dar. “Cocino como si fuera para nosotros y creo que eso es clave”, apunta. Es Dexsy la que está detrás de los rellenos de las empanadas de Parados y, por consiguiente, de las que llegaron a freírse en la Casa Rosada por petición del presidente Macri.

De Instagram a la Casa Rosada

La estrategia en redes sociales que se aplica desde la presidencia es la de acercarse a la gente. Es por ello que el equipo de comunicaciones de Mauricio Macri organizó una serie de video-encuentros a través de Instagram que ponían “pantalla a pantalla”, en una videollamada pública, a un ciudadano de Argentina junto al primer mandatario. Esteban fue uno de estos elegidos. Tras pasar algunos filtros, el día del partido entre Argentina y Croacia en el Mundial de Fútbol Rusia 2018 -el 21 de junio- conversó 15 minutos con el Presidente.

“Aquí estoy”, le habría lanzado Macri para empezar.

Lo recuerda todo muy bien. Si quisiera, y sin esforzarse demasiado, pudiera relatar todas las palabras que cruzó en esa ocasión con aquella figura de poder. La resume como una conversación afable, amena, espontánea, sin libretos.

Ya de antemano había dicho que no tocaría el tema político porque prefería dejarlo afuera, pero eso no impidió que Macri insistiera:

“¿Cómo está tu madre allá?” le preguntó y remarcó las deficiencias de los servicios públicos y otros síntomas de la crisis venezolana que se han replicado en medios de comunicación. Entonces, con miras a lo que ya había pensado para esa cuestión, Esteban respondió que ciertamente estaban atravesando una etapa dura debido a una gestión deficiente de los gobernantes, pero que en su familia se aferraban a la fe cristiana para salir de esa y de todas.

Durante esa llamada, el Presidente le mostró la vista que tenía desde uno de los ventanales de la Casa Rosada hacia la zona de Puerto Madero y, en contraparte, Esteban le enseñó el proceso de montaje de las empanadas que había emprendido esa tarde. Entre bromas y anécdotas se agotaron los minutos y con la muchacha que había ido para apoyarlo en la transmisión, mandó una docena de empanadas de agradecimiento.  Semanas más tarde volverían a comunicarse con él, esta vez para una invitación más seria.

El emprendedor cocinó platos típicos venezolanos para el presidente argentino, Mauricio Macri. Foto: Nolan Rada Galino

Esteban, aquí está el presidente Macri

Le cambiaron muchas veces la seña. Primero sería un almuerzo para tres en la residencia presidencial en Olivos un día miércoles, pero finalmente fue un jueves en la Casa Rosada una comida para 50. Cuando aceptó, sin entender en qué se estaba metiendo, los nervios lo atormentaron y no durmió de la emoción. Al día siguiente, ya en la cocina presidencial se dio cuenta de que había olvidado el delantal y los aguacates, que eran vitales para los rellenos de reina pepeada que esperaba cocinar.

Un par de uniformes nuevos con sus etiquetas y una enorme caja de los aguacates –paltas– más hermosos que había visto en mucho tiempo le fueron entregados pronto y junto a Alfredo, uno de los empleados de la cocina que trabaja con él, se puso manos a la obra.

A todas estas él no esperaba ver a Macri porque no le habían informado que así sería el protocolo. Le comentaron que lo grabarían como parte de la celebración del día del trabajador gastronómico, que en Argentina se conmemora cada 2 de agosto. Por eso cuando Alfredo lo llamó con especial énfasis, Esteban no entendió que se trataba de una señal y le respondió “un momento”. El empleado rápidamente insistió y cuando el chef volteó escuchó decirle: “Esteban, aquí está el Presidente“.

El resto de la historia se resume muy bien en el video, aunque el orgullo de los mensajes que empezó a recibir la familia a raíz de esa ocasión sigue llenando de alegría los espacios de Parados Urban Food.

El restaurant, ubicado en Lavalle 986 al centro de Buenos Aires, sirve platos típicos venezolanos. Foto: Nolan Rada Galindo

Un fraterno apoyo

Una canción al ritmo del sonero Oscar D’ León, una alegre gaita a petición de un marabino, una llanera de Simón Díaz o cualquier canción que nos ubique en territorio venezolano siempre es una buena opción para ambientar el restaurant de la pareja Gregoriadis-Carrero.

El viaje no es solo gastronómico, es “la vibra” y el sonido. Al pasar, el calor de hogar llega por las cuatro esquinas. Ayudan para el cometido la venta de productos típicos y seis venezolanos que entran y salen como parte del equipo del local. A cualquier compatriota que se acerca se le brinda una sonrisa y un abrazo fraternal.

“Quisiera tener un edificio para darles posada y posibilidad de darle trabajo a todos” dice Esteban. La cantidad de venezolanos que se asoma por el portal ha aumentado con los meses, muchos vienen para pedir trabajo o consejos. Los últimos reportes oficiales aseguraban que en enero y febrero de este 2018 entraron a la Argentina alrededor de 300 venezolanos al día; eso explicaría el ascenso vertiginoso de clientes connacionales. Se estima que ya somos 70 mil venezolanos residentes en la nación austral.

Dexsy y Esteban insisten en retribuir con alegría lo que han recibido y brindar lo más positivo de Venezuela a cada visitante. Además de ser bienvenidos, a los compatriotas que llegan al restaurant se les presta  la conexión de Wifi si así lo necesitan y se les asiste. “A algunos hasta le sirve quedarse cerca de la puerta para escuchar la musiquita y continuar con su travesía”, agrega el esposo.

“Queremos que la gente que venga la pase bien y yo creo que eso es lo más importante. Que logremos que su vibra se eleve, que se les olvide que aún no tienen con qué pagar el alquiler y después nos alegramos cuando nos cuentan que pudieron encontrar el trabajo, que encontraron apartamento sin necesidad de garantía, que los perdonó la novia”, completa Gregoriadis.

De lunes a lunes, desde las 5:00 de la tarde allí estarán las puertas abiertas a todo el que quiera viajar a Venezuela un rato. Al día, se venden unas 200 empanadas, 80 arepas, y otros platillos como hamburguesas criollas (con huevo y aguacate) o pepitos.

Esteban, además de palabras de ánimo, recuerda que su historia de éxito “fue una cuestión de oportunidad y bendición“. Le rehuye a la palabra “suerte”, porque para él no forma parte de su destino. “Yo cuento es con la buena actitud y sé que no todo llega cuando uno quiere sino cuando tiene que ser”, concluye.

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