Exalumnos de Bruno Manara lo recuerdan como el ser más amable del mundo

Exalumnos de Bruno Manara lo recuerdan como el ser más amable del mundo

Profesor, dibujante, naturalista y el ser más amable del mundo. A Bruno Manara sus exalumnos, amigos y compañeros lo recuerdan tanto por su legado artístico y profesional, como por una calidez humana que no temen en describir como bondad infinita. Nació en Verona (Italia) en 1939, migró a Venezuela en la década de los 60 y se despidió en la Caracas que amó el 3 de septiembre de 2018, justo a días de haber cumplido 79 años.

Dedicó su energía vital en retratar con sus lápices las bellezas naturales de la flora y la fauna de nuestro país, publicadas en una memorable colección bibliográfica. Su tiempo transcurría entre ilustraciones sobre aves, flores y mariposas, subir al Ávila “al que subía como ir a la bodega” y sus clases de griego y latín en la Universidad Central de Venezuela.

La politóloga Carmen Beatriz Fernández estudió en el Colegio Cumbres de Curumo, donde Marana daba clases de dibujo técnico. “Lo recuerdo como excepcionalmente gentil. Era un tipo demasiado bueno, tranquilo, controlado”. Ella recuerda que a pesar de haber estudiado durante su adolescencia con un grupo de compañeros especialmente traviesos en las aulas, Manara jamás alzó la voz, ni se molestó, ni los regañó. “Lo recordamos aún hoy, que estamos todos en contacto, por eso”. Recuerda sus muy particulares clases de dibujo técnico con lecciones que parecían haber sido desarrolladas por él mismo. “Uno de los compañeros volvió a dibujar uno de los trabajos que enviaba en la pared de su cuarto”.

Al profesor Manara lo volvieron a ver los alumnos de la promoción del año 82 del colegio, gracias a los reencuentros de egresados. Julio César Jaramillo, exalumno y quien hoy se dedica al comercio internacional en Barranquilla (Colombia), se emociona al recordarlo. “Era una excelente persona, parco, serio, formal y responsable, quien impregnaba sus horas de clase con temas de cultura general y la naturaleza que adoraba”. También recuerda haberles enseñado el valor de disciplina, así como el control del aula sin castigos ni amenazas.

Jaramillo recuerda una anécdota que atesora. En una de las muchas subidas al Ávila, que el director del colegio organizaba con las secciones de bachillerato, vieron moverse algo entre los matorrales mientras ascendían por el Pico Naiguatá. “Estábamos entre asustados y sorprendidos cuando de repente emergió nuestro querido profesor, que nos saludó y se alegró de vernos”.

Los entonces adolescentes se rieron largamente de ver al serio profesor Manara en shorts “exhibiendo sus largas piernas, con mucha energía”. Ese encuentro fortuito era producto de las frecuentes subidas de Manara al Ávila, permitiéndole realizar hallazgos increíbles en el querido cerro caraqueño. “Vivió como quiso, con ansias intelectuales y haciendo lo que más le gustaba, de eso trata, ¿no?”, reflexiona su exalumno.

Manara era egresado como profesor de Literatura y Castellano del Instituto Pedagógico de Caracas y de la escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela. Eso lo llevó a ser docente de griego bíblico y latín en la Facultad de Filosofía y Teología de la Universidad Católica Andrés Bello. Pero además impartió cursos de latín para botánicos y antes de eso, de dibujo técnico en varias escuelas. “Fue un privilegio tenerlo”, dice Fernández.

Entre su amplia obra bibliográfica están los nueve volúmenes en inglés sobre la vida vegetal del sur de Venezuela, titulada Flora of the Venezuela-Guayana, escrito por Julian Alfred Steyermark, Paul Edward Berry y Bruce Holst, pero en la que participaron 200 botánicos de todo el mundo para describir la flora de los estados Amazonas, Bolívar y Delta Amacuro. Los libros fueron publicados entre 1995 y 1997 por la editorial del Jardín Botánico de Missouri, en Estados Unidos.

Entre sus otras obras se destacan “El Ávila. Biografía de una montaña”, el cual se encuentra en proceso de reedición por el 50 aniversario de Monteávila Editores, y “Aves del Ávila”. Pero también incluyó títulos como: Guía ilustrada del Jardín Botánico de Caracas (1995), Paria, en el tiempo y en el corazón. Guía para el turista ecológico (1996, 2014), El Ávila. Un museo viviente (2014), María Lionza: su identidad, su culto y su cosmovisión anexa (2015 y que se incluye como referencia en el programa de formación de UNEARTE) y Los siete mares, un ecosistema sustentable (2016). Ilustró el libro “Flores extáticas del jardín esotérico” de Bayardo Ramírez, que analizaba el uso de las fores en la obra poética de José Antonio Ramos Sucre. Lo que muestra la amplitud de su conocimiento y apego por nuestra tierra.

Se convirtió en dibujante oficial del Jardín Botánico siendo aún estudiante del Pedagógico. Se había acercado a dibujar unas plantas, hasta lo que vio Augusto Braun, entonces jardinero jefe del lugar. Su director de entonces, Tobías Lasser lo aceptó con la condición que pintara con tinta china.

Manara conservacionista

Drai Cabello, ambientalista y presidente de la Asociación Civil para la Conservación de la Biodiversidad Venezolana también lo recuerda. “Mi primera escuela fue el Jardín Botánico de Caracas, incluso antes de entrar a estudiar Biología en la UCV. Allí siempre estaba Bruno Manara para ofrecer conocimiento de forma agradable, amena y diligente. Siempre quería mostrarte la naturaleza de forma más sencilla”. Con él estudió latín para biólogos, describiendo sus clases, como las de dibujo técnico, como elaboradas casi artesanalmente por él. “Era onomatopéyico al describir el canto de las aves, y tenía una acentuación particular de las palabras para aprender el origen de los nombres científicos”. Y lo recuerda siempre amable a pesar de sus repetidas preguntas “de muchachito”. Fue una inspiración: “lo que hace Conbive hoy es producto de esa visión de acercar la naturaleza de forma didáctica a las personas para su conservación”.

Manara era además un servidor público. El concejal Alfredo Jimeno de Chacao también brindó unas palabras en su recuerdo. “Fue una persona admirable, que asumió Caracas y el Ávila como propia siendo italiano. Hablaba con serenidad pero mucha pasión de la riqueza natural que tenía el Ávila”. Lo conoció hace casi una década en la Alcaldía de Chacao. “Él hizo todo un trabajo sobre la quebrada Quintero y un sendero ecológico que se propuso allí. Hizo todo el levantamiento de la biodiversidad del lugar”.

En 2014 los Palmeros de Chacao regalaron su libro sobre el Ávila a varias personalidades del quehacer cultural, político y social del municipio. Esto con el fin de resaltar el trabajo de Manara, así como la protección del acervo cultural y ambiental.

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