A Mamá Lis la represión le dio hijos a “montón” #MadresInspiradoras

A Lisbeth Auxiliadora Añez Tohmi le encanta estar rodeada de juventud. Lo supo hace 24 años, cuando nació su hijo Luis y lo confirmó tres años después cuando trajo al mundo a Andrés. En 2014, la represión del Gobierno le dio un “montón” de hijos más, cuando ella tomó la decisión de apoyar a los jóvenes que eran detenidos en protestas. Se movió a las cárceles de Caracas, acompañó a estudiantes sin recursos y llevó aliento a madres angustiadas. Se ganó entonces el nombre de “Mamá Lis” y ahora ve en cada rostro juvenil los ojos de sus propios hijos.

“Nunca imaginé que Mamá Lis se iba a convertir en un personaje. Solo ser mamá es una bendición y ahora más. Siento un amor tan grande por las generaciones de mis hijos, porque sé que tengo la oportunidad de dar todo lo que tengo por ellos. Ser mamá es como tener una extensión de uno mismo”, reflexionó Lisbeth quien en sus redes sociales se identifica como “expresa política, activista de derechos humanos, madre de dos más un montón. Sigo luchando por mi libertad plena. Digna y Firme #LiberenALosPresosPoliticos”.

Todo comenzó cuando jóvenes de distintos estados del país decidieron pernoctar en tres sitios públicos de Caracas para protestar contra el Gobierno de Nicolás Maduro, en 2014. Ella formó parte de la organización de mujeres que les suministraba comida y agua a los muchachos. El 8 de mayo de ese año cuerpos de seguridad del Estado desmantelaron sin piedad los campamentos y detuvieron decenas de estudiantes.

Lisbeth recuerda que ese día llovió en la noche y por eso algunos se salvaron de ser arrestados, en lo que se considera la redada más grande contra una protesta pacífica. No cayeron presos, pero quedaron abandonados, sin ropa, sin dinero, sin poder regresar a su estado. Adoptó entonces a cuatro muchachos, entre ellos a Stephanie Brito quien un día la sorprendió con la pregunta: “¿Te puedo decir ‘Mamá Lis’?”.

“Fefa comenzó a presentarme como ‘Mamá Lis’ con todo el mundo. Y así me quedé. Me da risa cuando hay gente mayor que me llama ‘Mamá Lis’ o personas que dicen ‘señora Mamá Lis’. Algunos cuando me conocen se sorprenden porque creyeron que yo era como una viejita con moño”, indicó a Efecto Cocuyo.

Lisbeth se siente agradecida por la confianza que los jóvenes han depositado en ella y sabe que se la ganó por sus persistencia. Durante tres años estuvo pendiente de los jóvenes que pasaron de ser estudiantes a ser presos políticos. Para algunos era la única cara familiar que podían ver durante su detención. Su activismo en redes la ayudó a convertirse en una especie de centro de ayuda. “Una amiga dice que yo soy una fundación. Consigo donaciones de comida o ropa y se la llevó a los muchachos”, aseguró.

Esta es la oportunidad más para enseñar valores. En este proceso se convirtió también en consejera. Desde conflictos de pareja hasta peleas con sus padres. Son muchas las cosas que Lisbeth guarda de sus nuevos hijos. “Saben que en mí van a encontrar un consejo, que no es un sermón de vieja. Saben que me voy a poner  en el lugar de ellos”, expuso.

Contó que un día, uno de los jóvenes que se hospedaba en su casa discutió con su novia que también vivía allí. Él se fue de la casa y terminó perdido. A la 1:00 am la llamó desesperado y ella tuvo que hablar con un taxista para que lo llevara de regreso.

El cambio de rol

Lisbeth fue gerente de Óptica Caroní hasta 2017 cuando renunció para viajar a Estados Unidos y poderse tratar la hepatitis. El 12 de mayo fue detenida justo cuando estaba en el Aeropuerto de Internacional de Maiquetía por funcionarios de la Dirección de Contra Inteligencia Militar (Dgcim). Ahora ella era una presa política.

Durante 118 días estuvo en una oficina de El Helicoide, sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), que se adaptó como celda. La imputaron por rebelión militar y traición a la patria.

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“Nunca sabes lo que siente un preso. Tú los consuelas y lloras con ellos, pero no puedes sentir lo que siente. Estando presa comprendí que uno sufre es por su familia, por el sufrimiento de ellos”, dijo con voz entrecortada.

Asegura que su hijo Luis González, el mayor, se tomó la tarea de acompañarla en este proceso. Era quien semanalmente la visitaba y se encargaba de llevarle los artículos personales que necesitaba. No hubo forma de que él dejara de ir hasta El Helicoide. “Yo le decía que se fuera a la playa, a El Ávila, que se fuera a rumbear, que no dejara de hacer sus cosas de joven por mí. Era horrible”, recordó Lisbeth.

Con el tiempo, el joven fue el único hijo que visitaba a su madre en la sede del Sebin. Lisbeth entendió que ese era el ejemplo que le había enseñado.

El 6 de septiembre de ese año, un tribunal le otorgó la medida cautelar que le permitió regresar a casa con la promesa de que debe presentarse cada ocho días en el Palacio de Justicia, no salir del país y no declarar a los medios.

“Esa experiencia me ha fortalecido más. Ahora estoy consciente de que la maldad existe y se lleva por delante a quien sea. Ahora lucho por los presos políticos con más pasión”, afirmó.

Las autoridades le prohibieron el ingreso a las cárceles, pero ella encontró la manera de apoyarlos. Dijo que quincenalmente envía un mercado para ellos con sus madres y se dedica a hablar con las nuevas familias que sufren los efectos de la represión. “Yo siento que ‘Mamá Lis’ es una garantía para ellos. Trato de calmar a las nuevas mamás y canalizo lo que necesitan”, explicó.

Nuevo horizonte

Luego de obtener su libertad, el rol de “Mamá Lis” la llevó a conocer a Juan*, un paciente con cáncer. Estuvo preso en agosto del año pasado por manifestar y lo mantuvieron recluido por 17 días en un container que funciona como calabozo de la Guardia del Pueblo en el municipio Sucre.

“A él se le agravó la enfermedad por las condiciones en las que estuvo. Aunque tenía su certificado de que era paciente oncológico la juez lo privó de libertad. Tenía un melanoma en su mano y eso se le infectó de tal forma que lo tuvieron que llevar al hospital. Le decían ‘El Podrido’”, expuso Lisbeth.

Tiene ahora 51 años y desde que salió de la cárcel solo se ha dedicado a la ayuda. Con el apoyo de sus hermanos que se encuentran fuera del país ella ha podido conseguir medicamentos e insumos para personas que sufren de enfermedades crónicas.

“Por lo general estoy muy metida con el tema del chamo que tiene cáncer, buscándole su quimio. Sin darme cuenta me he metido en este camino, aunque a veces me quiero salir. Es más fuerte que trabajar por los presos políticos porque ellos pueden aguantar años vivos, pero un enfermo de cáncer sin sus medicamentos no”, sentenció.

*Nombre ficticio para proteger la identidad del joven

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