Colombia elegirá Presidente entre opuestos y miedos

Solo por ser venezolana, los conocidos colombianos de Yeniter Poleo asumían que ella debía ser uribista. “La verdad es que nunca”, responde de manera tajante. En seguida afirma que para ella, el senador y expresidente de Colombia, Álvaro Uribe, siempre fue un símbolo de lo mismo que representaba el fallecido mandatario venezolano, Hugo Chávez, a quien siempre se opuso y la llevó a residenciarse al otro lado de la frontera hace 10 años. Yeniter fue una de las 4 millones 589 mil 696 personas que votó por el exalcalde de Medellín y exgobernador de Antioquia, Sergio Fajardo, la candidatura que llegó en tercer lugar y cuya premisa fue representar a la opción de centro ante los extremos propuestos por el candidato de Uribe, Iván Duque, y el abanderado de izquierda, Gustavo Petro. Es la elección “más intensa” que ha vivido en su nuevo país, y no recuerda otra oportunidad en que haya sido abordada tantas veces para saber cómo comenzó el Gobierno de Chávez y su declive.

Analistas coinciden en que estas elecciones presidenciales han sido inéditas en Colombia, y explican que debido a hechos como la firma del acuerdo de paz con las Farc, y a los escándalos de corrupción, surgieron otros candidatos que no formaban parte de la tradición política y que además lograron quitarle peso a los postulados por los partidos tradicionales. “En Colombia siempre se sabía quién iba a ganar las elecciones. Y en Colombia siempre han gobernado unas élites. Entonces se mezclaron candidatos que no eran de los mismos: Iván Duque del uribismo, Vargas Lleras que representa las élites; y se colaron dos outsiders, Fajardo que tenía historia política y el otro outsider total que es Petro. Es un mapa político que Colombia nunca había tenido, y es por eso que hay personas que están en pánico”, explica Ariel Ávila, politólogo y subdirector de la Fundación Paz y Reconciliación.

El bipartidismo caracterizó a la política colombiana durante el siglo 20 después de que se creara el Frente Nacional, un Pacto de Punto Fijo colombiano en el que el partido Liberal y el partido Conservador acordaron una distribución de los poderes públicos en cada gobierno, como respuesta a un período denominado “La violencia”, en el que liberales y conservadores se enfrentaban continuamente con persecuciones, asesinatos, y atentados debido a sus alineamientos políticos. Luego se promovió una reforma política, que generó un régimen de partidos más fuertes y que convirtió a Colombia en una democracia multipartidista. No obstante, no se solucionó la crisis de credibilidad en la política, lo cual ayudó a que en los últimos años aumentara la cantidad de movimientos políticos alternativos que basan sus discursos en críticas al Gobierno y al “establecimiento” de ese momento. “Uno de los casos significativos fue la candidatura de Antanas Mockus en 2010, lo que ahora es el partido Verde; y los otros casos son la candidatura de Gustavo Petro y de Sergio Fajardo, reivindicándose como un discurso de centro. De hecho, una cuestión que resulta inédita es cómo ambas opciones terminaron por captar mucho de ese descontento, y también la de Petro por unificar una serie de aspiraciones de grupos políticos que hasta este momento carecían de participación, de voz, generando esa sorpresa de ambas opciones políticas, que juntas sumaron en la primera vuelta el 50 por ciento del electorado”, señaló el historiador Felipe Arias Escobar. De hecho, la candidatura de Fajardo estuvo por debajo de la de Petro solo por 261 mil votos, lo cual llevó al exalcalde de Bogotá a pasar a la segunda vuelta contra Duque, que se realizará el domingo, 17 de junio.

Por otro lado, haber logrado acordar la desmovilización de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) y pactar su paso a la vida política, también ha permitido que la discusión vaya más allá de encontrar una solución para acabar con la guerrilla, en torno a lo cual se centraban las campañas presidenciales anteriores. León Valencia, politólogo y director de la Fundación Paz y Reconciliación, aseguró, en una entrevista al diario Tal Cual, que Uribe ganó dos veces la presidencia “con la oferta de acabar con las Farc, y la gente salió con una opinión muy favorable. Creo que pensó que mantener una postura radical frente a las Farc lo llevaría otra vez al poder. Santos, que lo había acompañado, se separó de él y ha hecho una negociación de paz que respaldan todos los países (…) Los presidentes en los últimos 30 años siempre se han elegido por la posición que tomen frente a la guerrilla, de manera que la agenda política estaba tomada por el conflicto armado. No dejaba que se discutieran otros temas fundamentales como lo social, la inserción de Colombia en el mundo. Ahora se podrá debatir sobre la corrupción, la educación. Son temas que han estado aplazados por la guerra”.

Miedo al cambio

Ávila explicó que solo por la promesa de acabar con la guerrilla, a los políticos “se les perdonó todo” y gracias a la guerra “las élites se repartieron desde hace más de un siglo la administración del poder y sobre todo, crearon toda una estructura para desangrar la institucionalidad”. Es por ello que la votación que lograron Petro y Fajardo tendrían atemorizadas a las élites y a los partidos tradicionales, puesto que por primera vez podrían perder las cuotas y beneficios que siempre tuvieron en la política colombiana.

De hecho, luego de anunciados los resultados de la primera vuelta presidencial, en la que Duque salió ganador, pero sin el 40 por ciento de votos necesarios para evitar una segunda vuelta, el candidato del partido Centro Democrático invitó a las demás toldas a unirse a su propuesta, incluyendo a quienes apoyaron a Fajardo y a Petro. Los primeros que se le sumaron fueron Cambio Radical, partido que apoyaba al candidato Germán Vargas Lleras el exvicepresidente de Juan Manuel Santos, y que en sus filas ha tenido congresistas detenidos por vínculos con la parapolítica; luego se unió el Partido Conservador, que también apoyó a Vargas Lleras, y estuvo vinculado a escándalos de corrupción a la vez que está relacionado con la iglesia católica, por lo cual está en contra del aborto, y del matrimonio igualitario; y al final se unió una fracción del Partido Liberal, cuyo candidato en la primera vuelta era Humberto de la Calle –anterior jefe negociador del Gobierno en los acuerdos con las Farc- y que intentó unirse a la candidatura de Fajardo al compartir la misma visión de país. Pero esa alianza no se pudo cristalizar debido a que el presidente del partido César Gaviria se opuso a la unión, algo que gran parte de la militancia le reprocha al dirigente, puesto que los 399 mil 180 votos que sacó en la primera vuelta hubiesen ayudado a Fajardo a superar a Petro y por ende pasar a la segunda vuelta.

Además, Gaviria siempre se opuso al uribismo y al unírsele al abanderado del expresidente ha sido considerado falto de coherencia; por las redes sociales se lo recordaron con videos en los que Gaviria gritaba, una y otra vez, “¡Uribe mentiroso!” durante la campaña de Santos, y lo acusaba de tener “un aparato político de delincuencia”. También se le opuso durante el plebiscito de los acuerdos con las Farc, puesto que el Partido Liberal siempre estuvo a favor y, por el contrario, el Centro Democrático no solo dirigió la campaña del No, sino que Duque aseguró que modificará los acuerdos ya firmados con el entonces grupo armado. Por si fuera poco, una parte de los miembros del partido le recordaron que el uribismo no representa los ideales de la tolda roja, que es “la antítesis”, entre ellos el exministro del Interior de Santos, Juan Fernando Cristo, quien renunció a los liberales el martes y acusó a Gaviria de haber estado persiguiendo a los militantes que se rehúsan a votar por Duque. Por su parte, Gaviria se defendió diciendo que “lo pertinente es la coherencia cuando uno es un ciudadano. Cuando tiene un partido y tiene la obligación de participar se tienen que tomar decisiones”.

Pero no solo las élites están atemorizadas, también una parte del electorado que aún ve en Petro la amenaza de que se convierta en otro Hugo Chávez, luego de haber sido abiertamente simpatizante del gobierno bolivariano que hoy tiene sumida a Venezuela en una crisis humanitaria y política, de la cual Colombia ha sido una de las principales afectadas al recibir la mayor parte de sus migrantes. El exalcalde de Bogotá y fundador de la Colombia Humana acompañó a Chávez durante su primera visita a Colombia, cuando fue invitado por el exmilitante del M-19, José Cuesta, en 1994. Aunque luego las Farc fue el nexo principal con el chavismo, Petro mantuvo sus simpatías haciendo críticas leves al proceso, como una en 2010, cuando Chávez expropió negocios en vivo por una de sus tantas transmisiones, el dirigente colombiano afirmaba, “nosotros somos el socialismo del siglo 21 y Chávez es el socialismo del siglo 20. Yo no expropio la propiedad de los trabajadores”. Luego, en una visita a la capital venezolana en 2016 desconoció a través de un tuit la escasez de comida y recursos que padece el vecino país desde 2013 y que se ha agravado con los años. “Entré a un supermercado en Caracas y miren lo que encontré. ¿Me habrá engañado RCN?”, decía el trino, junto a una foto de un supermercado con los anaqueles llenos de productos. Lo cual provocó rechazo y críticas por subestimar y reducir el problema en una foto. Además, la propuesta del también exmilitante del M-19 de convocar a una constituyente, criticar y atacar al status quo, junto con un discurso confrontacional le ha traído seguidores, pero sobre todo adversarios que lo asemejan al líder de la revolución bolivariana, y que si bien compartían parte de su visión y proyecto de gobierno –basado en los Objetivos de Desarrollo Sostenible y a favor de los acuerdos con las Farc-, prefirieron apoyar a Sergio Fajardo, quien representó una versión más moderada, lo cual se evidenció en la poca diferencia de votos entre ambos, y en el triunfo que tuvo en Bogotá el exgobernador de Antioquia.

Apenas anunciados los resultados de la primera vuelta de las presidenciales, Petro también le tendió la mano a las toldas políticas de los demás candidatos para que lo apoyaran, pero en vista de que Duque lo superó por más de dos millones de votos, se concentró en conquistar a los seguidores de Fajardo, quien fue el que más puntos le quitó y con quien tendría un mayor acercamiento.

La Coalición Colombia, un movimiento del exgobernador de Antioquia; la senadora por la Alianza Verde, Claudia López; y del senador por el Polo Democrático Alternativo, Jorge Enrique Robledo, alcanzó más de 4,6 millones de votos y en lugar de bajar dirección a sus votantes, prefirió que cada partido decidiera su destino. Fajardo dijo que dejaría en libertad a quienes lo apoyaron, y días más tarde anunció su voto en blanco al no sentirse representado por Petro o Duque –antes de las elecciones Petro intentó un acercamiento a la Coalición cuando se rumoraba la alianza con De la Calle pero siempre lo rechazaron-. Lo propio hizo Robledo, quien recientemente explicó que tiene diferencias con Petro desde la campaña presidencial de 2010, cuando el Polo lo apoyó como su candidato y luego el exalcalde de Bogotá renunció al partido al no ser elegido como su presidente, para consumar un pacto, de espaldas a la tolda, que él había hecho con Santos, quien acababa de ganarle en la primera vuelta. Así, otros miembros acompañaron al senador en su decisión usando la etiqueta en Twitter #PetroEsSantos, mientras que el resto del partido formalizó su apoyo a Petro.

Por su parte, López y Mockus anunciaron su apoyo a Petro a título personal, en la Plaza de Bolívar de Bogotá el pasado viernes, con la condición de que el exalcalde acordara unos compromisos previos para aumentar la confianza en sus propuestas. “La construcción de confianza es fundamental para que las mayorías podamos llegar a un gobierno al que sí podemos controlar, y al que sí le podemos exigir. A un gobierno con el que tenemos diferencias políticas, pero no éticas. No venimos a apoyar un cambio a cualquier costo. Venimos a apoyar un cambio con ética y reconciliación. No la división, ni la revancha. No lo buenos contra los malos”, sentenció la senadora López. Son 12 compromisos que quedaron escritos en dos placas de mármol: 1. No expropiaré; 2. No convocaré a una asamblea constituyente; 3. Manejaré los recursos públicos como recursos sagrados; 4. Impulsaré la iniciativa privada, el emprendimiento y la formalización; 5. Garantizaré la democracia pluralista, y el respeto a la diversidad; 6 Respetaré el Estado Social de Derecho; 7. Respetaré el acuerdo de paz. 8. Nombraré a las / los más capaces; 9. Garantizaré la igualdad de género; 10. Impulsaré el tránsito ordenado a las energías limpias; 11. Impulsaré la educación pública, gratuita y de calidad para todos los colombianos; 12. Garantizaré el cumplimiento de los resultados de la consulta anticorrupción.

Días antes de la alianza, Petro había cedido un poco sus posiciones para acercarse más al centro y atraer más votantes. Luego de la primera vuelta, en una entrevista en el canal Univisión ya había asegurado que no convocaría a una constituyente, y luego había dicho que él no estaba proponiendo un programa de izquierda, sino que quería desarrollar el capitalismo que en Colombia no se había implementado. La disposición a ceder también le había ganado el apoyo de 24 miembros de la Alianza Verde y de algunos dirigentes que habían apoyado a De la Calle con el Partido Liberal, pero que luego de la decisión de Gaviria manifestaron su apoyo a Petro.

Aunque el voto en blanco no tiene ningún efecto jurídico en la segunda vuelta presidencial, ha sido una opción que ha tomado fuerza no solo en dirigentes sino en la población que no se siente identificada con ninguna de las dos opciones. La última encuesta de Guarumo-EcoAnalítica publicada el 10 de junio por el diario El Tiempo, muestra que 11,5 por ciento de la población asegura que votaría en blanco, mientras 52,5 por ciento por Duque y 36 por ciento por Petro. En un escenario en el que el voto en blanco llegara a ganar, el triunfo se le daría a la siguiente opción que obtenga más votos, por lo tanto, uno de los dos candidatos igual resultaría ganador. Debido a esto, quienes prefieren marcar una X evitando a los dos candidatos han sido criticados y tachados de uribistas, ya que el mismo Petro asegura que la medida beneficia a su oponente.

Por otro lado, entre los apoyos inesperados también ha llegado el de los de intelectuales extranjeros, quienes han seguido de cerca el proceso colombiano. Por Duque se pronunció a favor el premio Nobel de Literatura de 2010 y escritor peruano, Mario Vargas Llosa. Mientras que el economista francés, Thomas Piketty, dio su apoyo a Petro luego de conocer su programa de gobierno. “Para un nuevo ciclo progresista en América Latina y en el mundo, yo voto Gustavo Petro”, afirmó. Luego se sumó el premio Nobel de Literatura de 2003, el escritor sudafricano John Maxwell Coetzee, cuya declaración llama la atención en vista de que normalmente no da declaraciones o entrevistas. “Estoy al tanto -como la mayor parte del mundo- de las elecciones cruciales que pronto tendrán lugar en Colombia. Por lo general no comento públicamente la política nacional de otros países. Sin embargo, hay un argumento poderoso que me lleva a hacerlo: los animales no pertenecen a ningún país en particular, ya que no tienen derechos como personas en ninguno. No hay tal cosa como un toro colombiano, sino solo un toro que es considerado propiedad de un colombiano. Felicito a Gustavo Petro por la postura que ha adoptado frente al trato justo y razonable de los animales, y espero que pronto esté en la posición desde donde pueda poner en práctica los principios que ha defendido”. De acuerdo con el diario colombiano El Espectador, el filósofo australiano Peter Singer sería el siguiente en expresar su apoyo gracias a la política incluyente del candidato con los animales.

Sobre el fenómeno de que varios intelectuales hayan decidido tomar una posición favorable al candidato colombiano de izquierda, el historiador Felipe Arias Escobar señala que también pasó con la candidatura de Mockus en 2010 cuando tuvo el apoyo del filósofo y sociólogo alemán Jurgen Habermas. “La capacidad de erigirse en un discurso alternativo antisistema y de ruptura contra esos vicios de la clase política, hace que haya ese apoyo, y que además tiene la particularidad de que en muy buena medida han contribuido a que se neutralice en ciertos sectores esos miedos hacia la opción política de la candidatura de Petro, porque se miraba como el simpatizante del chavismo, el que va a convocar una constituyente y buena parte de estas adhesiones han contribuido a que estas afirmaciones sean puestas en entredicho, que una parte de la opinión empiece a confiar en esa candidatura y la esté considerando como una opción viable”.

Miedo a Uribe

Del segundo gobierno de Uribe, Yeniter recuerda guiños que se le asemejaban al chavismo. Recuerda las transmisiones de televisión que Uribe hacía, en la que personas de una comunidad le enumeraban las cosas que no funcionaban y luego le pedían su asistencia, como solía hacer Chávez en sus numerosas alocuciones, pero sobre todo recuerda la impunidad de su período de Gobierno. “Durante el Gobierno de Uribe, el segundo que fue el que viví, se cometieron cosas terribles, se intervinieron los teléfonos de periodistas, de políticos de oposición. Hubo espionaje, persecuciones, los líderes sociales fueron asesinados, corrupción de cuello blanco y todo eso sucedía a espaldas del líder. Gran parte de los colaboradores cercanos a Uribe están procesados, juzgados y nada pasó por los oídos del líder máximo; en Venezuela era lo mismo. La gente le confiere una imagen sagrada al líder. Solo cambia la persona, pero el estilo era el mismo. Basta que te hubieses sumergido en la política y en la historia de Colombia para darte cuenta del papel que ha desempeñado Álvaro Uribe”.

Arias Escobar se refiere al fenómeno de Uribe como un movimiento político que nace presentándose como un independiente ante la crisis ocasionada por los partidos tradicionales. Destaca sus rasgos autoritarios y capacidad de adaptación frente a los distintos escenarios políticos para luego reaparecer. “Surge alrededor de un movimiento personalista que controla al Gobierno con vocación de querer perpetuarse en el poder durante mucho tiempo, pero con una capacidad también de reinvención. En el contexto de la firma de los acuerdos se consideraba en ocaso ese movimiento y demostró luego con el triunfo del No en el plebiscito, y con la actual coyuntura, que ha podido no solo recomponerse, sino ser capaz de regresar al poder, lo cual es muy probable que ocurra”.

Agrega que el uribismo derivó en prácticas autoritarias “más comparables con Venezuela que las propias opciones de política de izquierda”, puesto que llevó al surgimiento de simpatías acríticas y a la “cooptación de sectores de la política y la economía que terminaron apoyando el proyecto”.

El politólogo Ávila coincide en las similitudes cuando se le pregunta qué representa el uribismo en la política colombiana. Asegura que el mayor chavista que hay en Colombia es Álvaro Uribe: “Modificó la constitución para perpetuarse, persiguió a sus opositores, satanizó a su oposición, persiguió ongs, persiguió periodistas. Esos comportamientos autoritarios, los ha tenido el uribismo, no Petro. Petro nunca chuzó (intervino los teléfonos) cuando fue alcalde”.

A lo largo de sus gobiernos, Uribe estuvo envuelto en numerosas polémicas al tiempo que mostraba sus victorias contra las Farc. El caso más recordado es el de los falsos positivos, en el que alrededor de 4 mil jóvenes fueron asesinados y disfrazados de guerrilleros para mostrarlos como bajas y triunfos del gobierno ante el grupo armado. “Estamos hablando de crímenes de lesa humanidad de los que durante mucho tiempo vamos a estar hablando en el caso colombiano”, apunta Arias Escobar.

En marzo de este año, la Corte Suprema de Justicia informó que investiga a Uribe por crímenes de lesa humanidad, al referirse a las masacres a manos de paramilitares en las localidades de El Aro, San Roque y La Granja, y por el homicidio del defensor de derechos humanos, Jesús María Valle. Según indicó el medio colombiano RCN en febrero de este años, Uribe enfrenta 28 procesos en la Corte Suprema de Justicia. Su hermano Santiago estuvo dos años presos y hoy está acusado por la Fiscalía de conformar y dirigir un grupo paramilitar en Antioquia durante los años 90. Además, su primo y exparlamentario Mario Uribe, fue condenado en 2011 después de que paramilitares lo vincularan con sus actividades. A pesar de todas las acusaciones, el líder del Centro Democrático no ha sido hallado culpable en ninguna de las investigaciones.

No obstante, el uribismo aún es la fuerza más fuerte en el país y en el Congreso. El historiador explica que la imagen de éxito que tiene en una parte de la población, pasa por la manera en que cada quién vivió la gestión de Uribe y el beneficio que pudo haber obtenido de ello. “Pensar en el micro empresario que vio en su momento solucionado el tema de la seguridad porque ya no había retenes de la guerrilla en las carreteras en las que transportaba sus productos, y de cierta manera hay esa simpatía y ese agradecimiento hacia el proyecto de Uribe. Los miembros de las fuerzas públicas y sus familias, que vieron una esperanza de finalización del conflicto armado a través de una serie de privilegios que recibieron, y no por un tema de que se compró la opinión sino que el ciudadano desde su perspectiva puede sentir que está siendo beneficiado. No es un tema solo de Colombia, sino de muchos simpatizantes en Venezuela que aún con la crisis siguen siendo adeptos al régimen desde experiencias personales”.

El fantasma venezolano

En las últimas semanas, varias personas han señalado en la red social Twitter haberse topado en el transporte público de Bogotá con un venezolano que solo entra a dar un discurso en el que pide a los pasajeros que voten para evitar terminar como su país de origen. “Saliendo de Fontibón en un TransMilenio iba con algunos jóvenes de @PaisPrimero. Se subió un venezolano, no a vender productos, sino a vendernos miedo, que el 27 votemos para no ser como Venezuela. Lo interpelé, le dije que bienvenidos pero que nos respetaran. No más miedo”, tuiteó @mafecarrascal .

Aunque la práctica es nueva, la crisis política del país vecino ha sido protagonista durante la campaña presidencial sobre todo por el uso que ha hecho el Centro Democrático del tema para pedirle a sus seguidores votar “para que Colombia no sea otra Venezuela”. Así rezan vallas en varias ciudades, y anuncios en medios impresos en clara alusión al candidato de la Colombia Humana, quien en el pasado mostró simpatía por Chávez, y que según el uribismo, buscaría convertir a Colombia en Venezuela.

Incluso antes de que se confirmaran las candidaturas, cuando se hizo campaña a favor y en contra del plebiscito de los acuerdos con las Farc en 2016, el partido de Uribe tildaba a los acuerdos de ser “castrochavistas”, y aseguraba que de aprobarse el texto la guerrilla llegaría al poder y Colombia pasaría a ser Venezuela. De manera que asociar la crisis venezolana con el adversario se ha convertido en el arma del uribismo para despertar miedo entre los votantes y ganar adeptos. “Con Santos tratándose de un gobierno de centro derecha, existió también esa estigmatización. La idea de que si Santos era reelegido en 2014 muchos sectores de la opinión estaban convencidos de que iba a conducir al país hacia esa conversión de la situación política en la que estaba Venezuela, y luego se generó ese mismo estigma sobre lo que iba a ocurrir en el país si se firmaban y se aprobaban los acuerdos de paz con las Farc. Ese fenómeno histórico de estigmatización ha sido un referente permanente como un lastre desafortunado”.

Ávila se refiere al fenómeno como el “fantasma venezolano” que ha estado presente en casi todas las campañas recientes de Latinoamérica. Coincide en que Uribe ha utilizado el tema para capitalizar los votos, y para mantener su discurso de dividir a la sociedad entre buenos y malos. Precisa que hay diferencias entre ambos países que dificultarían que Colombia termine en la misma crisis de Venezuela: “Colombia no es un país petrolero, por lo tanto no tiene cómo aventurarse misiones sociales como las que promovió Chávez; hay una sociedad cansada, pero el establecimiento no se está acabando, es más vigoroso; ya la sociedad rechaza lo de Venezuela y Petro llegaría al poder con todo en contra”.

Ambos analistas destacan la independencia y equilibrio de poderes del país cafetalero, al recordar la oportunidad en que Uribe quiso modificar la constitución para lanzarse a un tercer período y la Corte Constitucional no dejó que ocurriera.

“Esa independencia y ese equilibrio no se tiene a todas luces en el caso venezolano, pero sí se tuvo en su momento en el caso colombiano. Una eventual presidencia de Petro, más allá de que guste o no, de que le creamos o que no, nos vamos a encontrar con un Ejecutivo que no va a tener esa capacidad de dominio que podría tener el régimen venezolano sobre la rama judicial, o que llegó a tener sobre el legislativo. Las elecciones de Congreso que ocurrieron en marzo plantearon que la izquierda, si bien tuvo una elección muy significativa, son apenas 14 senadores de 107. Es realmente una minoría en el Congreso y eso nos habla de singularidades en el caso colombiano que no tiene el venezolano”, afirmó.

Para Yeniter, votar por Fajardo siempre fue su primera opción, y la decisión se le hizo más fácil al ser seguidora del equipo de la Coalición Colombia. Sin embargo, piensa que el uso de la crisis venezolana evitó que la gente pudiera evaluar si las propuestas de Petro efectivamente estaban ligadas al chavismo, sino que las vieron a través del lente del uribismo, “para que la gente comprase las propuestas de Uribe a través de Duque de manera irrestricta”. Considera que la manipulación del tema polarizó la discusión y evitó que la gente pudiera ver los grises, con un voto consciente y un análisis sereno, como el que desde hace tiempo ella no experimenta en Venezuela.

(Visited 138 times, 1 visits today)

Comentarios

No Comments Yet

Comments are closed