Tuiteando y wasapeando sobre “La Marcha de los Abuelos”

María Pilar García-Guadilla

Socióloga-urbanista e investigadora Universidad Simón Bolívar. Activista en los movimientos sociales.

Hoy fue la marcha de las personas de la Tercera Edad, de los Viejitos o de Nuestros Abuelos, como algunos medios y partidos políticos la han llamado, no sabría decir si por respeto o para inspirar un poco de la humanidad tan necesitada. ¡Quizás sean las dos cosas!

Al amanecer, cual película de Kurosawa, se desplegaron las Murallas. Nadie sabe quién las puso ni de dónde vinieron. Esta vez no eran las blancas murallas chinas, con sus tanquetas y ballenas blancas que tan bien conocen los estudiantes después de haberlas navegado; alguien las describió como “contenedores viejos sin chutos” que a más de un abuelo le hicieron pensar que habían llegado, finalmente, las ansiadas medicinas y la comida, soñando que quizás esos contenedores que obstruían las entradas de la autopista y vulneraban todos los derechos ciudadanos, contuvieran recursos para prolongar, valga la redundancia, a la “juventud prolongada” como llama el régimen a nuestros abuelos.

Nadie sabe de dónde vinieron esos “containers” pero todos estuvieron de acuerdo en que se necesitaron grúas, organización y dinero para ubicarlos exactamente allí donde estaban. Algunos vecinos señalaron ingenuamente por la Wikipedia de whatsapp -en la cual converge casi toda la población-, que tales contenedores protegían “de alguna manera a los muchachos de los obstáculos” pues “ellos caminan, corren pero las tanquetas no pueden pasar”. No obstante, la confusión sobre el objetivo de los containers fantasmas -proteger o reprimir- crecía.

A las 10.39, alguien anuncia en whatsapp que “no creo que haya sido la guardia” y otro informa que “están quitando” los containers; finalmente, alguien se aventura a declarar que “parece que fue el Gobierno” pero otro vecino wasapea que “debieron ser los muchachos” (que en el lenguaje altamente polarizado significa “nuestros heroicos” muchachos).

Después de más de catorce whatsapps de diatriba se hizo la luz en la voz tuitera de Blyde quien dijo “que fue el gobierno” y, para darle la credibilidad que supuestamente solo tienen los medios, señaló: “lo acaban de decir en tvVenezuela”.

¿Será o no será el gobierno? Me quedo con la duda wasapiana y paso al universal y democrático tuiter viendo que en otras zonas de la ciudad, como la Avenida Libertador, en vez de containers se levantan las blancas y estéticas murallas chinas que hemos conocido recientemente para impedir el libre tránsito y la circulación, derechos amparados constitucionalmente.

Pegada del tuiter, que es más versátil, veo que a las 10:45 am ya están reprimiendo a los “adultos mayores”, como los llama Provea (sonaría más triste llamarlos Nuestros Abuelos) con “gas pimienta” cuando intentan llegar a la Plaza Venezuela. La escena se repite en Sabana Grande, donde el piquete de la Policía interpone sus traslúcidos escudos en un vano intento por no dar la cara a nuestros abuelos que les exigen el paso; la escena se repite en Chacaíto, Sabana Grande, Plaza Venezuela, la Avenida Libertador y dondequiera que se encuentra la tercera y guerrera generación en reversa.

Una foto de NTN24- Venezuela (dentro de la democracia tuitera hay que dar la autoría que todos nos robamos cuando algo nos gusta) muestra a un coetáneo, pues debo declarar con orgullo que “soy abuela”, enfrentándose a un grupo de policías nacionales, esta vez con escudos y sin máscaras, lo que permite ver sus rostros y mirarlos de frente como efectivamente hace “nuestro abuelo”. Observo que los policías lucen confundidos y atemorizados, sin saber qué hacer con el díscolo abuelo que intenta empujar los negros escudos con letras blancas que rezan PNB para poder atravesar la imposible barrera de la ciudadanía.

En respuesta y en vez de las necesitadas y soñadas medicinas y comida, de nuevo reciben “gas pimienta” y “del bueno”, como muestran las imágenes de la Plaza Brión. Algunos llevaron a sus padres, como hizo María Corina Machado quien acompaña a su mamá en silla de ruedas, o Gaby Arellano, también con su abuela en silla de ruedas. Sin embargo, tanto los alegres abuelos como los hijos y nietos que los acompañan, quedan atrapados en las infranqueables murallas -la de los containers fantasmas- o la blanca muralla china.

¿Llegarán los abuelos a la Defensoría ejerciendo sus derechos constitucionales al espacio público o a la calle que es de todos y por tanto en ella cabemos todos? ¿Llegarán para denunciar que sus derechos ciudadanos a la movilidad, a la libre circulación, a la protesta, al sufragio, a la alimentación, a la salud, a la seguridad están siendo vulnerados o tendrán que conformarse con permanecer en sus guetos y esperar -cual Godot- a que alguien de la Defensoría se digne acercarse para calmarlos con estrategias de Pavlov y no precisamente ofreciéndoles los ansiados derechos de ciudadanía?

La mesa está servida; nuestros honrosos Abuelos dejaron infantilmente y para la posteridad histórica de las imágenes, las huellas de sus manos y sus mensajes teñidos de rojo estampados en las blancas murallas blancas que les impidieron ejercer sus derechos ciudadanos……y … ¡ojalá no lleguen esta vez los temidos colectivos!

Foto: Iván Reyes, Efecto Cocuyo