Sebin sacó 4 cajas de Copei y hubo quien dijo: llevaban azúcar, leche y harina

Vanessa Arenas /@VanessaVenezia

El ambiente era tenso, confuso. Las versiones de lo que ocurría se contradecían. Un intento de invasión se realizó en la sede de Copei situada en la avenida principal de Las Palmas,  Caracas, el mismo día que el partido político se adhería al acuerdo para la transición a la democracia.

A las 3:00 de la mañana de este lunes 23 de febrero, un grupo de personas llegó al Edificio Montral,  sede donde Copei hace administrativas y “educa a niños con tareas dirigidas”, según dijo el presidente del partido, Roberto Enríquez. “Llegaron manifestando su necesidad de vivienda”, contó Gladys Gutiérrez, quien cuida el sitio desde hace tres meses junto a dos de sus sobrinos.

El representante de Copei en Caracas, Antonio Ecarri, denunció desde tempranas horas de la mañana de este lunes que 12 hombres armados habían entrado al edificio de ocho pisos. Jonathan González, hijo de la cuidadora, llegó cerca del mediodía al lugar. “Mi mamá y dos primos están secuestrados por esa gente. Mi prima avisó. Tenía dos teléfonos y le quitaron uno, pero logró esconder el otro y le envió un mensaje de texto a su mamá en el que decía que se habían metido a la fuerza a invadir”.

A medida que se acercaba a la entrada del inmueble para tratar de ver a su mamá, relató que él estuvo allí más temprano y que su prima se asomó por una de las ventanas y le hizo señas de que se calmara porque había armas. Sin embargo, Gladys y su sobrino salieron al portón y dijeron: “Todo está tranquilo, aquí no hay armas”, a lo que Jonathan les decía: “Dejen de mentir, digan la verdad, a mi no me va pasar nada. Se que me grabaron, pero tienen que hablar”.

A las 12:31 del mediodía dejaron salir a las tres personas que cuidaban la edificación. “No queremos hablar, ellos aún tienen nuestras cosas”, dijo la mamá de Jonathan. Sólo agregó que en los tres meses que tenía cuidando el lugar no vio máscaras, ni bombas molotov, como aseguraban las mujeres pertenecientes a 24 familias que estaban dentro del Montral. “Allí solo había propaganda de Alianza Bravo Pueblo”.

Dos hombres con cascos y chaqueta negra resguardaban la entrada del Montral y se comunicaban con los que estaban adentro a través de radios.

-“Medios están diciendo que hay un secuestro aquí, son unos mentirosos”, se escuchaba decir a uno de los que permanecían en el interior.

“Aquí no hay nadie secuestrado. Adentro están solo mujeres y niños que quieren vivienda. Ellas nos llamaron para que prestáramos apoyo y las estamos protegiendo”, dijo el otro hombre mientras se acomodaba el casco.

A medida que pasaban las horas, aumentaba el número de estos hombres con cascos que se identificaban como “funcionarios de una organización” e iban y venían en motos. Dirigentes copeyanos los señalaban como integrantes de colectivos. Uno de ellos nunca dejó ver su rostro. Se tapaba con una bufanda, casco y lentes y solo duró pocos minutos en el sitio. Lo sacaron en moto rápidamente como si se tratara de un personaje misterioso.

A las 12:35 del mediodía los militantes del partido Copei decidieron trancar la vía y formar una cadena humana. “No tenemos miedo”, gritaban. De inmediato llegaron funcionarios de la Guardia Nacional para convencerlos de reabrir el paso. Enríquez intentó mediar con las autoridades para tener acceso a la residencia, pero no lo dejaron entrar en el transcurso de la tarde. “Si quiere pégueme un tiro, pero de aquí no me voy a mover”, decía el líder del partido.

Mujeres y niñas se asomaban por las ventanas del segundo piso del edificio y reían. Colgaron pancartas en apoyo al presidente Nicolás Maduro.

Una fiscal del Ministerio Público también se acercó a Las Palmas a la 1:00 de la tarde. Entró al edificio y salió escoltada por efectivos de la GN dos horas más tarde sin pronunciar palabra. Se montó de parrillera en una moto que arrancó un GN mientras le reclamaban por no dirigirse a los miembros del partido.

La situación se volvió más tensa cuando llegaron funcionarios del Sebin. A las 2:50 de la tarde llegó una comisión antiexplosivos integrada por 12 agentes y, además, dos perros pastor alemán. “Hace 45 minutos recibimos información de que aquí hay un artefacto explosivo”, indicó uno de ellos. Media hora más tarde, salieron con cuatro cajas, una de ellas con pancartas de propaganda política, y las otras embaladas con teipe negro.

– Señora, ¿Qué había ahí en esas cajas?, ¿qué había dentro?

Había harina, azúcar y hasta café, dijo entre risas una de las mujeres que permanecía dentro.

A las 4:30 de la tarde todo seguía igual. Uno de los que cuidaba la entrada dijo: “Nosotros no somos de ningún colectivo, pero defendemos esta toma y aquí nos quedaremos el tiempo que sea necesario”.

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Fotos: Vanessa Arenas

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