¿Quiénes son y por qué se van los venezolanos?: La migración del desespero

En Venezuela ya es habitual la pregunta “¿Y tú, cuándo te vas?”.  En algunos casos, las conversaciones no se inician con un saludo sino con un: “Me voy”. Cientos de fotos circulan por las redes sociales de quienes dicen adiós a su país; mientras que se multiplican  los grupos de Facebook o Whatsapp en los que se intercambian datos y recomendaciones de viaje.

El fenómeno de la emigración es reciente en Venezuela. Más bien era considerado un país receptor.

Entre 1950 y 1980 llegaron a Venezuela olas migratorias desde Europa (España, Portugal e Italia) y Suramérica (Colombia, Argentina, Chile, Uruguay, Perú).  Esto en razón de la estabilidad económica frente a las crisis en otros países y los gobiernos dictatoriales.

En el censo de 1961, los españoles eran la mayor colonia de extranjeros en Venezuela, en el de 1971, fue desplazada por los colombianos.  

De acuerdo con los datos de organismos venezolanos, recopilados por Anitza Freitez, directora del Centro de Investigaciones Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello, durante las dictaduras militares de Argentina, Chile y Uruguay cientos se refugiaron en Caracas. Aunque estas colonias no fueron relevantes numéricamente si lo fueron cualitativamente. Académicos de estos países y otros profesionales lograron ubicarse en altos cargos en organizaciones públicas y privadas. 

Una de las huéspedes más célebres fue la escritora chilena Isabel Allende, quien vivió en la capital venezolana desde 1975 hasta 1988. En esta ciudad escribió su célebre novela  La Casa de los Espíritus (1982).

Cambia la situación 

A partir de los 90, se comienza a revertir este flujo. En el censo venezolano de 1990, las únicas poblaciones extranjeras que mantenían un saldo positivo de ingreso a Venezuela eran las de Colombia y Perú; en el censo de 2011 solamente creció la población de extranjeros nacida en Colombia, que llegó a 721.791 personas, de un total de un millón 151 mil 581 de personas nacidas en otros países, quienes residían en Venezuela.

Se inicia así un retorno de europeos y comienza a observarse la salida de venezolanos. Los destinos principales eran España y Estados Unidos, el primero por los vínculos familiares, el segundo por las conexiones económicas y porque muchos venezolanos habían estudiado en ese país durante la época de bonanza.

Hasta 1999 la mayoría de los que se marchaban del país lo hacían para estudiar, tenían altas calificaciones profesionales y en muchos casos un plan de vida fuera de Venezuela.  En algún momento se les llamó “balseros del aire” porque emigraban por avión y con algunas comodidades. Entre esas facilidades estaban el acceso a dólares con un valor subsidiado y el pago de pensiones a venezolanos radicados en el extranjero.

Sin embargo, este perfil ha variado. De acuerdo con Freitez, los venezolanos actualmente se marchan básicamente por razones económicas: 67% lo hace para trabajar o conseguir un empleo.

El estudio de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi 2019) destaca que aunque  la emigración venezolana sigue observando un perfil relativamente calificado –casi la mitad de los emigrantes reportados ha alcanzado la enseñanza universitaria-,  “también parece diversificarse en este último tiempo, a juzgar por casi un tercio de población emigrante que solo alcanzó el bachillerato o no lo completó”.

Otras característica del migrante venezolano es que predominan los hombres (50,7% vs 49,3% mujeres ) y  88% está en el rango de edades 15 a 59 años.

Además de la motivación económica, 5% de los que se marchan del país aluden la inseguridad y 3% razones políticas.

Impensable en otro lado 

Para la investigadora venezolana Magaly Sánchez, de la Universidad de Princeton, en el 2012 se podía hablar de una migración básicamente de profesionales, “high skilled” (con altas destrezas, en español) o incluso de jóvenes estudiantes que salían de la universidad; sin embargo, ella cree que en los últimos años ha habido una salida de venezolanos que corresponde casi al desespero.

“Independientemente de que esa gente que ha sido ya registrada por organismos internacionales y de migración de países como Colombia, en las zonas fronterizas de Colombia se están registrando casos muy delicados de venezolanos emigrados en la calle, entonces eso es una migración de venezolanos del desespero que sería impensable en cualquier país de América Latina que eso pudiera suceder. Yo creo que incluso las poblaciones de menores recursos mexicanas y/o guatemaltecas que han salido, no se ha registrado nunca ese problema de migración en serie en la calle”, afirma.

Sánchez, fue entrevistada por la documentalista Andrea López, y sus comentarios fueron cedidos para este reportaje. Ella ha estudiado durante 16 años el fenómeno migratorio y de identidades y ha trabajado en Estados Unidos con  migrantes de alta calificación profesional.

Los testimonios abundan y los datos reportan una crisis sin precedentes en Venezuela. En un año,  la pobreza de ingresos creció a 87%. Esto significa que 9 de cada 10 hogares no les alcanza el dinero para cubrir las necesidades básicas.

El país, además, según los economistas,  entró en hiperinflación en octubre de 2017. En enero de 2018 se reportó una inflación de 100%. Estos datos son cálculos propios de distintas organizaciones, ya que el Banco Central de Venezuela, organismo oficial al que le corresponde   publicar información sobre indicadores económicos, dejó de hacerlo.

El deterioro del poder adquisitivo ha sido  precedido de una escasez de bienes esenciales, entre ellos, alimentos y medicamentos, superior al 80%, según la encuestadora Datanalisis. Hacer un típico café con leche en el hogar es  casi un milagro porque de tres ingredientes: café, leche y azúcar siempre falta algo. En febrero de 2018 para tomarse uno en un expendio promedio en Caracas hacía falta tres días del ingreso  mínimo mensual. En un año, el precio de  una taza de café con leche aumentó 2.152%.

Con el ingreso mínimo mensual (aumentado el 1° de marzo de 2018) un venezolano solo puede adquirir un kilo de arroz, un kilo de granos y con suerte un kilo de carne. A ello se suma la escasez de medicamentos.

La vida cotidiana de un venezolano común y corriente es una suerte de “expedición Robinson”. El deterioro ha sido progresivo. No solo deben lidiar con la inseguridad personal (la tasa de muerte por arma de fuego es de 70,9 por cada 100 mil personas, una de las más altas en América), sino con las dificultades para acceder a servicios básicos de salud y recientemente de transporte.

Aunque el gobierno venezolano no ofrece datos oficiales, atribuye la crisis a una “guerra económica” encabezada por Estados Unidos y sus aliados. Una ministra del gobierno, Iris Varela, dijo en un programa de televisión que era mejor que quienes se fueron “no regresen nunca”. Recientemente el presidente Nicolás Maduro, quien va por la reelección,  dijo que el reflejo de la migración era parte de una campaña sucia, pero que respetaba a los que se fueron. Las autoridades venezolanas no ofrecen cifras de cuántos han abandonado el país.

 

¿Para dónde se van?

En 2012 el periodista venezolano Carlos Subero publicó el libro La triste alegría de emigrar, uno de los primeros textos en documentar el fenómeno aún incipiente. Subero basó su investigación en los Estados Unidos, principal destino de los venezolanos para aquel momento. Lo hizo al notar en su blog personal que el tema de la migración estaba en la mente de sus lectores.  Para ese entonces, afirma, se trataba de una migración normal. “Lo que existe actualmente es una estampida”, comenta.

Freitez informa que según el censo 2000 el número de los venezolanos empadronados en EEUU fue de  107 mil. “La American Community Survey (ACS) estimó el stock de emigrantes venezolanos en 194.000 para el 2012 y  en 255.000 para el 2015. Esta cifra estaría indicando que en los últimos quince años la presencia de venezolanos y venezolanas en Estados Unidos se incrementó en 139%”..

En términos porcentuales el cambio más radical ha sido en Chile,  donde se ha multiplicado 13,8 veces el número de venezolanos. Le sigue Colombia donde se reporta hasta 11,3 veces más venezolanos en 2017 que en 2015 y Brasil donde se ha incrementado 9 veces el volumen de ciudadanos venezolanos. Mientras que en Perú, Ecuador,  Argentina y Panamá ha llegado a quintuplicarse.

Sin embargo, Migración Colombia precisa en el  documento Radiografía de los venezolanos en Colombia que los venezolanos se mueven en tres categorías migratorias: pendular, de tránsito y con vocación de residencia.

La primera categoría incluye a quienes diariamente pasan la frontera para adquirir medicamentos o realizar otras compras en ciudades fronterizas y luego retornan a sus hogares en Venezuela. La segunda categoría contempla a quienes pasan por Colombia para dirigirse a otro destino y la tercera categoría tiene que ver con aquellos que están haciendo trámites para establecerse, ya sea temporal o definitivamente, en el país.

“El promedio de ingresos diarios de ciudadanos venezolanos a Colombia, empleando la Tarjeta de Movilidad Fronteriza  durante el 2017; fue de 37.000 registros, mientras que de salida el promedio fue cercano a los 35.000 registros diarios diarios”, informa Migración Colombia.

Aunque hay reportes de venezolanos radicados en todos los continentes, los destinos predilectos son 15. De ellos tres países son europeos: España, Italia y Portugal  y el resto de América.

 

Por aire, mar y tierra

Una  obra del artista plástico cromático Carlos Cruz Diez  es como una alfombra que tapiza el pasillo principal del aeropuerto Internacional Simón Bolívar, el más importante del país. El gigantesco mosaico se ha  convertido en un marco icónico para las despedidas. Miles de fotografías con una imagen similar: un par de pies sobre esta pieza no requieren mucha explicación. Al ver en un perfil de una red social esta imagen se entiende que es un venezolano que se marcha del país.

Hasta 2013 los precios de los pasajes aéreos en Venezuela eran accesibles, al igual que el sistema de divisas controlado, con un dólar subsidiado. Sin embargo, esta situación cambió, de manera que para diciembre de 2017  de las 24 aerolíneas certificadas por la International Air Transport Association (Iata) las cuales operaban en 2014; solo quedaban seis: American Airlines, TAP, Air France, Iberia y la panameña Copa. La sexta es Santa Bárbara airlines, venezolana. La oficina de Iata cesó sus operaciones en el país en enero de 2018.

De manera, que de ser balseros del aire, los venezolanos empezaron a salir por vía terrestre y marítima. En Caracas, desde donde sale  60% de los que emigran, según la Encovi; hay al menos cuatro servicios de buses que recorren miles de kilómetros para llevar a los migrantes hasta Ecuador, Perú y Chile, Panamá, vía Colombia, mientras que para llegar a Argentina, los venezolanos viajan a la frontera con Brasil hasta llegar a Boa Vista y allí pueden continuar el viaje por tierra o avión. También han surgido particulares que acondicionan sus vehículos para hacer el largo recorrido.

La situación más dramática la han vivido quienes viajan en endebles embarcaciones hacia algunas de la islas caribeñas como Aruba y Curazao. Por 100 dólares, decenas de pasajeros son trasladados a estas antillas de manera ilegal. En enero de 2018 cinco venezolanos murieron y hay seis desaparecidos, al naufragar una embarcación que llevaba 30 pasajeros a Curazao.

Las autoridades de Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador y Perú han establecido distintas normativas para regularizar la situación de los venezolanos. De acuerdo con el informe de la Organización Internacional para la Migraciones (OIM) de Colombia, 300.000 permisos de residencia (temporales o permanentes) han sido otorgados a ciudadanos venezolanos.

En tanto, que en Panamá la situación ha sido regresiva. En este país impusieron la obligatoriedad de una visa para ingresar.

 

¿Cuál es el estatus y los derechos de los venezolanos que migran?

En la Iglesia Guadalupe, en la calle 14 en Manhattan, en la ciudad de Nueva York, se reúnen los miércoles más de una decena de venezolanos. Los asistentes varían cada semana, así como sus acentos que descubren los lugares de donde recién han emigrado:  Caracas, Los Andes, el centro del país. Estos encuentros surgieron en 2014, cuando otros venezolanos, con años de estancia en Nueva York, empezaron a notar la presencia de paisanos con un perfil poco común para aquel momento. Llegaban con visas de turistas, con menos de mil dólares en el bolsillo, apenas una maleta y con toda la intención de permanecer, por los medios que fuesen, en ese país.

Uno de esos chicos es Enrique (nombre ficticio) llegó a Nueva York en abril de 2016. Sus gastos de pasaje los pagó un amigo quien además le prestó 500 dólares para usar los primeros días, mientras se ubicaba en un empleo, además le ofreció habitación. El joven, de unos 23 años de edad, logró emplearse como cantinero en un bar. Sin embargo, su camino de rosas estaba por agriarse. Su anfitrión lo cortejó y Enrique se negó a una relación sexual. En retaliación, su amigo le retuvo el pasaporte hasta que el joven pagara sus deudas. Cuando Enrique contó su caso, temeroso de ser denunciado ante las autoridades, algunos le advirtieron: estás cometiendo una falta al trabajar con estatus de turista, pero la persona que retuvo tu pasaporte está cometiendo un delito.

El anfitrión y organizador del grupo “Diálogo por Venezuela”, Robert González le dijo al grupo de recién llegados:  los migrantes tenemos derechos.

La OIM indica que la mejor vía para conocer tales  derechos son los canales oficiales de los gobiernos de los países donde piensan residenciarse.

El marco regulatorio de las migraciones  tiene una serie de términos con implicaciones legales para los Estados. Uno de ellos es la migración forzosa definida como “un  movimiento de población fuera de su lugar de origen o de residencia habitual, de carácter temporal o permanente y por lo general a gran escala, que tiene un carácter involuntario, es decir, es motivado por la presión –o la amenaza– de factores externos actuando aisladamente o en conjunción”.

Para Anitza Freitez, jefa del Departamento de Estudios Demográficos de la Universidad Católica Andrés Bello, la situación de los venezolanos encaja en la categoría de la migración forzosa.

“No tenemos oficialmente declarado un conflicto bélico, sin embargo, los niveles de mortalidad por armas de fuego se aproximan a los que pueden registrar países que están en esa situación. Por otro lado, hay derechos fundamentales como el derecho a la vida, a la salud, a la alimentación, al trabajo, en general el derecho al desarrollo, que no están plenamente garantizados por el Estado venezolano” comenta en un ensayo que está escribiendo y cuyo contenido cedió para este reportaje.

 

Este reportaje forma parte de la investigación #Venezuelaalafuga, elaborada en alianza entre Efecto Cocuyo y la Unidad de Datos de El Tiempo de Colombia, con apoyo de Ipys y aportes Ojo Público y Consejo de Redacción.

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