Amenazas de muerte por deuda recibió mujer que fue decapitada - Efecto Cocuyo

Amenazas de muerte por deuda recibió mujer que fue decapitada

A Liana Hergueta, la mujer que fue encontrada desmembrada en Caracas el pasado 7 de agosto, la habían amenazado de muerte. Es lo que asegura un dirigente nacional de la organización Operación Libertad, quien prefiere el resguardo de su identidad. Ambos fueron muy cercanos durante las protestas que se desencadenaron en Venezuela contra el Gobierno de Nicolás Maduro en febrero de 2014. Hergueta, cada vez que pudo, prestó colaboración a los manifestantes, sobre todo a los de la Plaza Alfredo Sadel, en Las Mercedes.

En la calle éramos todos como una familia y ella era una de las que más colaboraba con nosotros. De hecho, Liana fue quien compró algunas de las carpas que luego estuvieron en el campamento de la Sadel”, dice la fuente.

El dirigente recuerda que en las protestas “había mucha camaradería” y que Hergueta “era muy solidaria” con todos los manifestantes. Entre ellos estaba Carlos Trejo, un joven oriundo del estado Trujillo, también perteneciente a Operación Libertad, el mismo a quien la mujer señaló como “estafador”, por haberle robado un millón 340 mil bolívares en una compra de dólares. Así lo escribió en un mensaje a través de sus redes sociales, tres meses antes de que su cabeza apareciera envuelta en una sábana en el asiento de copiloto de un Mazda 3 y el resto de su cuerpo en una valija dentro de la maletera.

“A raíz de esa camaradería ellos hicieron otros negocios y por eso es que ella lo denuncia, porque la estafó”, asegura la fuente, también cercana a Trejo. Y revela más: “Como Carlos se borró del mapa, ella me llamaba para saber si yo sabía dónde estaba. Me dijo que unas personas con las que ella había trabajado antes le prestaron la plata que le dio a Carlos y, como él nunca le dio los dólares a cambio que se suponía eran parte de la transacción, ella no tenía cómo pagar de vuelta. Según su versión, Trejo solo llegó a devolverle Bs. 600 mi l-quedando pendiente  Bs. 740 mil- pero yo sabía que él no le iba pagar nada más, se lo dije varias veces. Por esa deuda, estas personas con las que hizo negocio, la estaban buscando y la habían amenazado de muerte. Fueron con un arma hasta su casa, me dijo por teléfono hace tres meses. Estaba muy estresada y asustada. Y mira lo que pasó”.

¿Quién es Carlos Trejo?

Era un infiltrado, un “sapo”. Es lo que dice Sairam Rivas, dirigente estudiantil y candidata a la Asamblea Nacional (AN), cuando se le pregunta por Trejo. El joven estuvo preso dos veces, por “guarimbero”.

Las autoridades policiales desmantelaron el campamento de la Plaza Alfredo Sadel, el 8 de mayo de 2014, y Trejo estaba entre los 51 jóvenes que fueron detenidos. Un mes después, asegura Rivas, su causa fue sobreseída junto a la de otros 45. Ella, acusada de instigación pública, agavillamiento y uso de menores en la ejecución de delitos, se quedó en el grupo de los que permanecieron en el Sebin y de ahí no salió hasta el 16 de septiembre, por una medida cautelar.

“Trejo llegó al campamento de la plaza (Alfredo Sadel) en abril, a los pocos días de que lo instalamos. Se ausentó durante 15 días y luego volvió. Desde el principio se identificó como miembro de Operación Libertad”, dice la dirigente estudiantil. Habla de la organización dirigida por Lorent Saleh, quien fue expulsado de Colombia, detenido en la frontera y posteriormente entregado a funcionarios del Sebin, en la capital venezolana.

Rivas rememora aquellos días y expone las razones por las que empezó a desconfiar de quien luego fue señalado por Hergueta: “Eso fue en cuestión de días. Mis compañeros y yo notamos conductas muy raras, sobre todo porque él se la pasaba dando órdenes militares, que si de formación. Eso a muchos de nosotros nos desagradaba. Cuando hacíamos los potazos para recolectar dinero y comprar la comida, que sería repartida en los campamentos, él siempre nos pedía plata. Se la pasaba pidiendo dinero, nos decía que le colaboráramos porque tenía que viajar, que su mamá estaba enferma, pero le dejamos claro que el dinero no estaba destinado para eso. Una vez nos pidió seis mil bolívares y seguía insistiendo en lo de su mamá, que después comprobamos que era falso. Creo que otros compañeros sí le colaboraron”.

La aspirante a la AN no duda al referirse a Trejo como un “sapo”. Lo repite varias veces: “Ese chamo era un infiltrado, era un sapo. Estoy segura”. Por eso tomó la decisión, junto al equipo de jóvenes manifestantes que coordinaba, de expulsarlo de la Plaza: “Eso lo hablamos, pero no nos dio tiempo porque la policía llegó antes de que conversáramos con él para pedirle que se fuera. Y entonces nos llevaron a todos presos”.

La segunda vez que lo agarraron no fue en Caracas, en un campamento de protesta, sino en Mérida, cuando caminaba hacía el Viaducto en compañía del dirigente nacional de Operación Libertad, ese que pide que su nombre no se revele en la elaboración de esta nota: “Estábamos en la Plaza Bolívar y nos acercamos a chismear a una concentración de chavistas que había allí. Cuando nos fuimos, nos paró una patrulla del Sebin, nos preguntó por qué estábamos en Mérida, si no éramos de allá y nos obligaron a montarnos en la camioneta para ir a verificar nuestras identidades. Paramos en una delegación del Cicpc y ahí bajaron a Carlos. A mí sí me llevaron al Sebin. Pero algo pasó que me soltaron como a las cuatro horas. A Carlos lo soltaron enseguida”, dice. “Antes ya habíamos tenido varios problemas porque él estafó a una gente y eso salpicó a nuestra organización. Pero él me decía que esa plata la iba a pagar y yo le creía porque estábamos en esta lucha juntos, la lucha del país, siempre colaborando con las protestas, activos, pues”.

Cuando la fuente de Operación Libertad dice que Trejo “estafó a una gente”, como lo denunció Hergueta antes de ser asesinada, se refiere a lo siguiente: “A una señora de Barquisimeto le prometió una caja de jabones con la condición de que le depositara 700 bolívares antes de conseguírsela y lo que hizo fue quedarse con el dinero. A otro señor le prometió un repuesto y con eso le quitó 9.200 bolívares y nunca le dio nada. Luego cuando se quedó en casa de Araminta González, él, que actúa como un patriota cooperante, la delató con el Cicpc y cuando se fue de pasó le robó unas cosas”, dice el joven, vía telefónica. Son las tarjetas de débito, una laptop y otros equipos electrónicos que Trejo habría sustraído del apartamento de González, la mujer que en mayo de 2014 le dio alojamiento en medio de las protestas y que luego fue detenida bajo la acusación de terrorismo, señala José Vicente Haro, su abogado defensor.

Además de visitar Mérida, el dirigente viajó con Trejo a San Cristóbal, Valencia, Caracas y San Antonio de los Altos para recorrer los distintos focos de manifestaciones. En esta última ciudad es donde conocen a Hergueta.

La última vez que hablaron fue en enero pasado: “Me llamó porque quería que nos reuniéramos, pero enseguida le dije que no, que si estaba loco. Le dije que se alejara porque yo no quería más rollos por su culpa, porque su fama de estafador me estaba salpicando”. Ahora, asegura quien en alguna oportunidad lo consideró su amigo, no sabe si el presunto “sapo” está en Venezuela o afuera, como él mismo lo sugiere en los últimos mensajes que envió desde su cuenta de Twitter, donde, por cierto, nunca respondió a las acusaciones de Hergueta.

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