Peregrinación y despedida final (3)

El martes 25 de noviembre empezó la movilización. La protesta seguía latente y era necesario desarticularla, pero también había que trasladar a los intoxicados. Los custodios prepararon los autobuses. Mientras unos reos eran llevados al hospital por sobredosis, otros salían del penal y enviados a otras prisiones del país.  La misma fórmula la aplicaron el 25 de enero de 2013, cuando ocurrió la llamada  “Masacre en Uribana”, antes de que instalaran el nuevo régimen penitenciario en la cárcel.

Al saber que los presos estaban siendo transferidos a otras prisiones, los familiares abandonaban Uribana y se iban tras ellos. Así salía el gentío y cesaban los enfrentamientos entre parientes y militares apostados en las afueras del penal. Poco a poco se recuperaba la tranquilidad.

Entre el 24 y el 26 de noviembre, los familiares de los presos acamparon en los alrededores del penal. Dormían a la intemperie y prácticamente se adueñaron de los dos kilómetros circundantes, pues los militares instalaron una alcabala que no permitían el acceso y les negaban información sobre el paradero de los reos.

 

“Dormí afuera por dos días, estaba desesperada”, comenta Victoria Yépez, esposa de un expresidiario. El 26 de noviembre el Ministerio logró que funcionarios del Grupo de Respuesta Inmediata y Custodia (Gric) entraran a  la cárcel y recuperaran el control.

Algunos de los reclusos que trasladaron iban intoxicados. Los llevaban para Cepella, en Portuguesa; y para la cárcel de La Cuarta, en Yaracuy. Al grupo más nutrido fue distribuido entre la Penitenciaría General de Venezuela (PGV)-en total 640-  y 738 a Tocorón.

Se registraron varias muertes por intoxicación en estos estados. En total, fueron 38 personas que perdieron la vida por este suceso. La lista oficial nunca fue publicada.

 

Continúa con…

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