“Perder a un hijo es un dolor que no pasa” (5)

Virginia Azuaje (42) está sentada en su cama. Tiene los ojos aguarapados y admite que su hijo, Jesús Eduardo Palacio Azuaje (22), se le escapó de las manos cuando era adolescente. Es madre soltera y tiene siete muchachos.

Jesús estudió hasta sexto grado y desde entonces agarró la calle. Aprendió a consumir drogas y cayó preso en 2013 por robo. Estaba en Uribana y tomó el cóctel la noche del 24 de noviembre de 2014, luego de que los reos se hicieran con el control del penal David Viloria.

La madre lo crió en la calle 11 del barrio Macuto, al sur de Barquisimeto. Era un niño tranquilo, hasta que conoció la piedra. Tenía que encontrar dinero como fuera para comprar el vicio. Robaba, robaba y robaba, no había opción, su madre era muy pobre y no tenía para darle dinero.

A los 15 años se fue con una novia a vivir en El Cují, al norte de Barquisimeto. El martes 25 de noviembre de 2014 Virginia escuchó que había unos muertos en Uribana. Cuadró con la novia de su hijo y se fueron al hospital.

La muchacha entró a la morgue y lo reconoció entre los cadáveres. “Es tu hijo” le gritó la muchacha a Virginia y ella empezó a llorar. A penas recuerda la escena se le vuelven a inundar los ojos de lágrimas.

“Perder a un hijo es un dolor que no pasa” comenta la mujer al tiempo que baja la cabeza y muestra una foto de su hijo que aún conserva en su celular aunque confiesa que no le gusta ver retratos de él. “El papá se llevó todas las fotos de él. Yo no las quiero” asegura Viginia y se tapa los ojos con un paño.

Foto: Frank Alfaro

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