Marcos Tarre: La delincuencia organizada afecta todo, incluso la gobernabilidad - Efecto Cocuyo

Marcos Tarre: La delincuencia organizada afecta todo, incluso la gobernabilidad

El reciente entierro de Teófilo Cazorla Rodríguez, alias “El Conejo”, quien se hiciera conocido como el “pran” o “mandamás” del Centro Penitenciario de San Antonio, en la isla de Margarita, y fuera asesinado en una discoteca de Porlamar, prácticamente paralizó la entidad insular. Como si se tratase de una celebridad al estilo Al Capone, hubo tiros al aire de pistolas y armas largas entre ellas AK47, si vemos los diversos videos que circulan por las redes sociales. Incluso un motorizado, quien al parecer se detuvo para criticar al occiso, fue asesinado a tiros por miembros del cortejo fúnebre.

¿Qué clase de situación es esta más parecida a la escena de una película del salvaje oeste que a una de un país civilizado y democrático? ¿De dónde salen las armas que accionaban? ¿Cómo se explica que jefes de presos controlen las cárceles mediante organizaciones que se dedican a la delincuencia organizada tanto dentro como fuera de los penales?

Para Marcos Tarre, coautor junto con Carlos Tablante del libro recién publicado “El gran saqueo”, donde analiza el auge de la corrupción y la impunidad en Venezuela; el fenómeno de los pranes es una de las 12 nuevas modalidades delictivas que han surgido en Venezuela durante los últimos 17 años.

Tarre es un especialista en el tema de la seguridad. De profesión arquitecto, ha sido jefe de la Policía de Valencia, y es conocido también como columnista y autor de novela negra. Por su parte, Carlos Tablante fue dirigente del Movimiento al Socialismo (MAS), gobernador del estado Aragua (1990-1996), parlamentario y presidente de la Comisión contra el Uso Ilícito de Drogas (1996-1998).

El fenómeno de los pranes –explica Tarre– comienza a darse por quién tiene más poder de fuego. Hace 20 años había homicidios en las cárceles, los presos se mataban, aunque no en las cifras a las que hemos llegado. Aunque últimamente los números de muertes con chuzos o con chopos y armas de fabricación artesanal han bajado un poco .

¿Cómo se explica que en una cárcel pueda haber armas de todo tipo en poder de los reclusos?

–A una cárcel no entra nada que no pase el control externo de la Guardia Nacional y el control interno de los funcionarios. En algún momento a algún GN le habrá dicho un preso “Consígueme un revólver, necesito algo más funcional que un chopo”. Entonces empezó una escalada, se pasó del revólver a la pistola, luego descubrieron que lo más efectivo eran las granadas de mano, porque una granada en un sitio confinado tiene un efecto letal terrible.

Señala Tarre que éste es un ejemplo muy directo de corrupción, porque el funcionario que recibe dinero por las armas es un corrupto. Este tráfico de armas en las cárceles alimenta todo el fenómeno de los pranes.

–La teoría de la manzana podrida ya no funciona –asegura Tarre–. En cada organismo hay un funcionario corrupto, pero ese no es un caso aislado; ese funcionario tiene supervisor, hay un contexto que ayuda, facilita, dificulta o impide la corrupción. En el caso venezolano, facilita. Para conseguir una granada, por ejemplo, se crea una cadena de corrupción. Existe una nueva modalidad de delincuencia organizada que controla actualmente cerca de la mitad de las penitenciarías.

De la pequeña escala se pasó a la mayor. Para tener una idea, se dice que durante el motín de El Rodeo I, en junio de 2011, se hicieron más de 30 mil disparos del lado de los presos, tras resistir durante un mes todos los intentos de retoma del penal por parte de la GN. Ese motín dirigido por dos de los principales pranes, “El Yoifre” y “Oriente”, concluyó con la rendición del primero y la fuga del segundo.

El motín dejó un saldo de 19 muertos y al menos 22 heridos. “El Yoifre” declaró ante fiscales del Ministerio Público (MP) cómo adquirían las armas a través de funcionarios “tramposos”, es decir corruptos. A raíz de estos sucesos fue creado el Ministerio de Asuntos Penitenciarios, a cargo de Iris Varela.

–¿Por qué a todas estas la ministra Varela asegura que en la cárceles no hay armas?

–La ministra ha tratado de organizar algunas cosas, se ha fotografiado al lado de los pranes, ha habido una reducción de homicidios en la cárceles. Parece que hay como una cierta “paz mafiosa”, para decir: “Oye, sigan en sus negocios, pero no se maten tanto”. Como muy bien dijo la psicóloga social Colette Capriles, la ministra del sistema penitenciario es como una embajadora ante los pranes, encargada de negociar y de llegar a acuerdos con ellos. Para el presidente Maduro, que es quien designa los ministros, parece que los resultados que ha obtenido son satisfactorios porque la ha ratificado en su cargo.

Ya en un libro anterior, “El estado delincuente”, Tarre y Tablante detectaron 14 modalidades de delincuencia organizada tradicional: tráfico de drogas, secuestro, contrabando, comercio ilícito, entre otras. Pero desde el año 1999 hasta ahora no solo se han consolidado estas modalidades, sino que han aparecido algunas nuevas, desde el “reciclaje” de teléfonos celulares hasta el “bachaqueo” de gasolina y alimentos. Ese libro, que ya va por la tercera edición, debió levantar alguna roncha porque los primeros 5.000 ejemplares fueron adquiridos y desaparecidos por un anónimo comprador.

–¿En qué consisten estas nuevas modalidades delictivas?

–Nosotros hemos detectado 12 nuevas modalidades. La mayoría de ellas ha surgido por políticas o ausencia de políticas del Gobierno. Por ejemplo, la industria de reciclaje de celulares. En Venezuela se roban al año 1.300.000 celulares. Hay partes que van a Colombia, las meten en cajas nuevas. No es solo un malandrito que se roba un teléfono, sino que hay toda una industria detrás de eso.

Tarre calcula que entre el 30% y el 50% de los más de 24 mil homicidios anuales en Venezuela, se relacionan con delincuencia organizada y cerca de un 10 % de la población se ha visto afectada por robo o hurto de vehículos y otras modalidades de delincuencia organizada tradicional. Los ilícitos cambiarios también han llegado en este período a su máxima expresión. Se dice que el contrabando de gasolina, como industria, maneja más dinero que el narcotráfico y que esto no ha terminado con el cierre de la frontera con Colombia.

Asimismo, el “bachaqueo” o reventa de productos de primera necesidad con precio regulado, que si bien hay personas que lo hacen individualmente, también es una industria que se lucra. Por otra parte, recientemente apareció el tema de las megabandas en las supuestas zonas de paz creadas por el Gobierno, que han intentado reproducir en las calles los esquemas de los pranes en las cárceles, de extorsión y control de zonas.

–Todas estas 26 formas de delincuencia organizada generan enormes cantidades de dinero y los delincuentes tienen dos opciones: o legitiman el dinero, cosa que no es fácil porque hay cierto tipo de controles; o se lo gastan, que es una manera de legitimar también, aunque es tanto lo que ingresa que es difícil gastarlo todo. Entonces se crea una especie de centrífuga de corrupción, de impunidad y de fortalecimiento de la misma delincuencia organizada.

–Es de suponer que la impunidad estimula el surgimiento de nuevas formas delictivas.

–La impunidad está medida. Tú agarras la cifra de homicidios y la cifra de expedientes elaborados y de sentencias que se hayan producido y, en el caso de homicidios, hay más del 92% de impunidad. Es decir, que si tú matas a alguien tienes nueve posibilidades sobre 10 de que no pase nada. El problema es si la víctima es una persona conocida, si es del oficialismo, entonces ahí sí las cosas funcionan. Y funcionan por las enormes cantidades de dinero que manejan los delincuentes, de tal manera que cuando se detiene a alguien lo primero que hace es sacar un fajo de billetes del bolsillo y preguntar “¿cuánto cuesta que me dejes ir?”.

Considera Tarre que el lenguaje del dinero funciona a todos los niveles. Antes había una corrupción más selectiva, mientras que ahora se ha generalizado, estimulada por la crisis económica que sufren los venezolanos, la cual hace que muchas personas busquen la oportunidad de hacer negocios. Que sean legales o no pareciera que cada vez importa menos.

–Los venezolanos –explica Tarre– nos debatimos entre estas circunstancias y la concepción que la gente tiene y es que el que se aprovecha de la oportunidad, el que se está robando unos reales y todo el mundo lo sabe, no se le ve como delincuente sino como un “vivo”. Entonces, una de mis preocupaciones en ambos libros es tratar de dar a entender que el corrupto es un delincuente, que el corrupto cuando se está robando dinero de la nación está quitando la oportunidad de que haya más policías mejores formados o mejor pagados, de que los servicios funcionen mejor, o de que haya comida y medicinas. Y esa percepción definitivamente tiene que cambiar porque se le está haciendo un gran daño al país.

–Los ilícitos cambiarios no son nuevos entre nosotros. ¿De qué manera el control de cambio favorece la corrupción?

–Siempre ha habido corrupción, pero era selectiva. Sin embargo , la corrupción que se ha visto en estos años supera todo lo conocido. Mientras más controles, hay más posibilidades de corrupción. Y por supuesto que todo el tema del control de cambio ha generado listas de Cadivi de hasta 90 mil personas sospechosas de haber hecho trámites indebidos hasta los grandes negocios planteados en mis libros.

Recuerda Tarre que la salida de Carlos Andrés Pérez de su segundo gobierno se debió a un caso de corrupción que consistió en una alteración en las partidas del gobierno por 250 millones de bolívares para darle seguridad a la entonces candidata presidencial Violeta Chamorro en Nicaragua. Una suma que ahora parece irrisoria, comparada con los montos actuales. En su libro “El Gran Saqueo”, Tablante y Tarre plantean que los ingresos por concepto de petróleo en las administraciones Chávez-Maduro superan los 816 mil millones de dólares y se calcula que lo “evaporado” supera el 55%.

–Los montos de los que estamos hablando hoy en dólares son de otra dimensión. Lo que han dicho de los fondos de Cadivi está en el orden de los 20 mil millones  a 50 mil millones de dólares. Esta corrupción ha gozado de la mayor impunidad porque no ha habido una investigación del Congreso, no ha habido sanciones; los datos que se conocen son por otras vías, hay un efecto cascada de la corrupción. Esa, para mí, es una de las explicaciones del enorme grado de criminalidad que está ocurriendo en el país, cosa que los políticos no entienden porque uno les plantea que detrás de los homicidios está la delincuencia organizada, pero ellos lo que plantean es que hay que bajar el número de homicidios. Sin embargo, no van al fondo, no tratan de entender lo que realmente está pasando. La delincuencia organizada afecta todo, incluso la gobernabilidad.

 

cuadro delincuencia

 

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