“¡Mamá, nos van a matar!”, historia detrás de un enfrentamiento policial - Efecto Cocuyo

“¡Mamá, nos van a matar!”, historia detrás de un enfrentamiento policial

Los huecos en la puerta, entre el ojito mágico y cinco calcomanías de “Chávez, corazón del pueblo”, dan la bienvenida al apartamento 6-01 del Bloque 19 en la UD3 de Caricuao. Cinco días antes de que Aracelis Sánchez y Milagros César entraran a esa vivienda, funcionarios de la Brigada de Acciones Especiales (BAE) del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (Cicpc) ya habían entrado, ya habían disparado, ya habían matado. Los hoyos eran huellas de balas y muerte.

El viernes 29 de enero de 2016 hubo allí un enfrentamiento más entre policías y delincuentes. Versiones policiales indicaron que cinco delincuentes habían sido dados de baja en los apartamentos 6-01 y 4-01 de ese bloque de la UD3. Algunos medios los señalaron de ser secuestradores e integrantes de la banda de “El Chivo”, robacarros y homicidas; unos dijeron que detonaron una granada dentro de la casa, otros que era una bomba lacrimógena y otros aseguraron que éste último artefacto no estalló y fue parte del botín que incautaron los funcionarios, en el que también había cuatro armas de fuego.

Con cascos, chalecos y capuchas color negro, el BAE, grupo de choque creado para combatir a la delincuencia, tardó menos de una hora en localizar a su objetivo. A las 12:49 del mediodía, los familiares de “El Chivo”, “El Charmuta”, “El Catire”, “La Catira” (como los identificaron los funcionarios) habían llamado a sus familiares: “¡Nos tienen rodeados, nos van a matar! ¡Nos van a matar! ¡Mamá, véngase para acá!”, dijeron cada uno a sus progenitoras por teléfono y minutos después murieron por las balas.

Un video que grabó un vecino, muestra cómo un grupo de efectivos con camisa azul y chaleco apilaron uno a uno los cuerpos de José Alfredo Chourio Mejías, Antony Gregorio Mejías, Mariangela Quintero Sánchez y de otro joven en una camioneta blanca pick up. Ese es el nombre de los fallecidos, los que le pusieron sus padres al nacer, según contaron a Efecto Cocuyo.

En una minuta policial que se filtró a la prensa se aseguraba que tras el enfrentamiento por resistencia a la autoridad, los jóvenes fueron auxiliados y llevados al Hospital Pérez Carreño, donde fallecieron. Otro parte extraoficial señala que los cuerpos ingresaron sin vida al centro asistencial.

Los uniformados habían dado por completada la operación, pero una llamada a uno de los funcionarios les hizo devolverse. “Queda uno en el cuatro”, fue lo que se gritaron entre ellos en la entrada del edificio y lo que los vecinos contaron a Efecto Cocuyo. Los uniformados subieron al apartamento 4-01 donde se “escondía” “El Gonzalito”. También se habría enfrentado según la versión policial y por eso recibió dos tiros.

Como Nelson Enrique García Oropeza fue identificado por sus parientes el último de los fallecidos. Ellos aseguraron a Efecto Cocuyo que el joven gritaba “¡Me entrego, me entrego!” y que llamó a un allegado antes de que los funcionarios ingresaran al apartamento.  Cerca de una hora estuvieron allí con él y al final lo sacaron sin vida.  Solo se escucharon dos disparos, según testimonios de los vecinos.

“Los tiros están en la sala, pero el cuarto está lleno de sangre. Es decir, que lo mataron allí y simularon los huecos de la pared para que pareciera un enfrentamiento”, elucubró un pariente de Nelson Enrique y agregó que a su hermano es a quien ellos llamaban con cariño “Gonzalito”.

Una versión: “los picharon”

Al día siguiente, Efecto Cocuyo fue al edificio y habló con los vecinos quienes aseveraron que los jóvenes consumían marihuana y hacían reuniones. Desmintieron que fuesen asesinos o secuestradores.

Información extraoficial confirmó que efectivamente los fallecidos estarían involucrados en el consumo de estupefacientes y agregó que aparentemente este año incursionaron en el delito de hurto. Al parecer, la banda que controla el monopolio del delito en la zona se enteró de las fechorías del grupo y los habría “pichado” (señalado) con el Cicpc.

Las familias desmienten esta versión y solo la de Nelson admitió que el joven consumía cannabis. Sin embargo, José Alfredo y Anthony habían sido detenidos meses antes en hechos aislados, supuestamente al confundirlos con unos delincuentes.

La esperanza

“Esto es una ejecución extrajudicial ¿sabe?”, le dijo Aracelis Sánchez a los parientes de José Alfredo Chourio Mejías y  Antony Gregorio Mejías el 3 de febrero. Por primera vez, después de cinco días, habían regresado al apartamento que los cuatro jóvenes fallecidos compartieron en vida.

Aracelis dice que el Cicpc le mató a un hijo en 2013, al igual que a Milagros César. Ambas recorren la ciudad para buscar a los parientes de las víctimas de lo que ellas presumen sean violaciones a los derechos humanos. Desde su tragedia, empezaron a formarse en el área legal para exigir justicia por cada caso y apoyar a otros que pasen por lo mismo.

“Nosotras pasamos por lo que ustedes están pasando, sabemos lo que sienten. Por eso venimos aquí, porque queremos brindarles ayuda. Cuando a uno le matan a un hijo, uno no sabe qué hacer, pero en nuestro comité y en Cofavic los vamos a orientar”, así se presentó Aracelis ante la familia de José Alfredo, mientras mostraba la camisa en la que tenía una foto estampada de Darwilson Sequera, su hijo asesinado.

Ese 3 de febrero, Aracelis y Milagros intercambiaron experiencias con los padres de José Alfredo y Anthony. Las familias habían ido al apartamento a buscar las pertenencias, pero el desastre en el que estaba les dificultó el objetivo.

El piso de parqué estaba levantado y las láminas habían desaparecido. El contenido de los closets lo dejaron encima de las camas. Había libros y ropa regados; había sangre en paredes y pisos, al igual que huecos. También se vieron algunos casquillos olvidados por el Cicpc y la ausencia de algunos artefactos eléctricos se dejó notar mientras la dueña del apartamento ordenaba.

En ese escenario, Aracelis y Milagros escucharon la angustia de ambos grupos familiares. “Yo me imagino que ellos (Fiscalía) buscarán si tienen expediente”, preguntó uno de ellos a lo que las mujeres les indicaron que las leyes no permiten que las autoridades simulen un enfrentamiento para dar muerte a una persona con expediente policial.

Desde 2013, Aracelis y Milagros han contactado a más de 45 familias que han tenido un caso de violación de derechos humanos. Intentan registrar la Organización de Familiares Víctimas de Violaciones de Derechos Humanos (Orfavidh), pero la burocracia se los ha impedido. Cuando llegaron al apartamento 6-01 del bloque 19 de la UD3 de Caricuao, les hacía falta cinco casos para completar los 25 que necesitan para denunciar la situación en la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

– “Ayúdeme por favor, ayúdeme a hacer justicia”, le pidió la madre de Nelson García a Aracelis.

– “Tranquila que sí lo vamos a conseguir”, le contestó tomándola de las manos, en el cuarto donde mataron a su hijo del apartamento 4-01.

Las otras víctimas

José Alfredo y Anthony eran obreros. Nelson estudiaba Administración. Ahora forman parte de la lista de Aracelis y Milagros de los casos que la CIDH va a conocer, gracias al apoyo de Cofavic.

Para la fecha de publicación de este artículo los padres habían denunciado a Fiscalía, pero la ausencia del expediente policial mantiene paralizada la investigación. Deben esperar que el Cicpc envíe las actas del procedimiento.

Estos son algunos de los rostros de las violaciones de derechos humanos en el país. En 2013 y 2014 el Ministerio Público recibió 16.245 denuncias por estos delitos e imputó a 1.816 funcionarios de seguridad, según el Informe Anual que publica la institución. Para 2015, el documento no emitió la cantidad de casos recibidos, pero puntualizó que 1.312 uniformados fueron imputados.

Lea más en: Aracelis convirtió asesinato de su hijo en una lucha contra ejecuciones extrajudiciales (Video)

Comentarios

1 Comment
  1. ESTE CUERPO POLICIAL ES UN ORGANISMO EFECTIVAMENTE PREPARADO PARA ESTE TIPO DE SITUACIONES. CUANDO ESTE GRUPO SE DIRIGE ALGUN LUGAR A ELIMINAR A ESAS ESCORIAS DE LA SOCIEDAD, ES PORQUE YA LOS TIENEN PRECISAMENTE UBICADOS EN TODAS SUS ANDANZAS. ESTOS DELINCUENTES NO TIENEN COMPASION CON NADIE CUANDO ROBAN, MATAN, SECUESTRAN, TORTURAN Y COMETEN CUALQUIER TIPO DE FECHORIAS, NO LLAMAN A LA MAMA; EN MUCHOS CASOS NI SIQUIERA LA BENEFICIAN CON LO QUE OBTIENEN PRODUCTO DE SUS VAGABUNDERIAS…

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