Las puertas del infierno se abrieron durante siete días en Uribana (1)

“Me cago en su Cristo, yo soy el que manda”, así se presentó Julio César Pérez, interventor del Centro Penitenciario David Viloria,  ante 300 reos del Módulo Uno del penal mejor conocido como Uribana, en el estado Lara. Parado frente a él estaba el vocero de la población carcelaria esa mañana del 19 de noviembre de 2014; tenía la Biblia entre las manos, Julio César se la arrancó y la rompió.

Tiró los pedazos al suelo y se empezó a reír. El vocero, que llaman “El Varón”, se paralizó durante segundos. Luego se agachó y recogió los retazos.  “Encerrado ves a tu má sufrí, los amigos corren como ratas y se pierde la esperanza. Dios es lo que queda. Lo único que queda”, relata un testigo, “Rafael”, nombre ficticio porque no quiere que se sepa su identidad.

El resto de los presos se quebraron. “Qué es lo qué es. Deja el bicheteo”, soltaron algunos mientras que otros empezaron a aullar: “Wou-ou-ouuuu” y agitaban sus brazos. Se amotinaron al ver la actitud del interventor.

Pero Julio César se amotinó más. “Nadie podía ser más arrecho que él”, recuerda “Rafael”. El funcionario llamó a 10 custodios que acababan de llegar con él a Uribana. Con unos bates envueltos en paño, empezaron a golpear a los presos y los sacaron al patio.

Uno de los reos estaba en silla de ruedas y unos 10 eran mayores de 60 años. Pero no perdonó a nadie. También los obligó a salir. Ya era mediodía, el sol picaba en la piel y el suelo de la cancha hervía.

Mandó a desnudar a todos los reos y les ordenó que se lanzaran al suelo boca abajo. No tuvieron más remedio que hacerlo y algunos sufrieron quemaduras en el pecho y en los genitales.

En ese grupo de reos torturados estaban Raúl Emilio Baduel y Alexander Tirado, presos desde principio de 2014 por protestar  contra el Gobierno de Nicolás Maduro. Luego de horas de insultos y golpes dejó que los prisioneros regresaran al Módulo Uno.

Al día siguiente, 20 de noviembre, los presos le pidieron celulares prestados a custodios que estaban contra las torturas y les avisaron a sus familiares lo que pasaba. Los parientes fueron al Edificio Nacional, en el centro de Barquisimeto, y formalizaron la denuncia ante la fiscal 13 en competencia carcelaria, Rosimar González.

El interventor no perdía tiempo. Pasó a otros módulos, se metía en las celdas que miden cuatro metros por cuatro y donde conviven hasta 13 internos, les botó la comida y los golpeó, según él, para ganar el respeto.

Suspendió el suministro de agua, luz y comida a toda la población y acuarteló a los custodios. Decía que no confiaba en ellos porque estaban en el penal desde hace más de 10 años, antes de la masacre en Uribana (2013)  y la instauración del régimen penitenciario.

La mañana del 21 de noviembre una comisión de médicos forenses -en compañía de la fiscal- llegó al barrio Valles de Uribana, al norte de Barquisimeto.

Iban en camionetas, rodaron por la principal del sector. Pasaron la ciudad penitenciaria Fénix, que dirigía Julio César antes de ser trasladado a Uribana, llegaron a la cárcel y entraron al Módulo Uno. Los familiares de 10 reos denunciaron el maltrato, los examinaron y comprobaron que era cierto.

Apenas se fueron los expertos, Julio César desató su furia. Decía que era el anticristo y que hacía con los reos lo que le daba la gana. Así pasó el 22 de noviembre, el domingo 23 los presos se declararon en huelga de hambre.

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Al día siguiente,  algunos, familiares aseguran que los presos descubrieron armas de fuego enterradas en el Módulo Tres: “Una caleta”, como se dice en el argot carcelario, que dejaron los pranes de Uribana antes de la intervención en 2013.

“Acto seguido se escucharon detonaciones”, asegura “Rafael”. El interventor y los militares se alertaron.  Supuestamente, los custodios que estaban en contra de Julio César, facilitaron la salida de algunos privados de libertad de sus respectivos módulos; otros tuvieron que arrancar las bateas que están en las celdas y golpear las paredes hasta que abrieron boquetes encontrando una vía de escape.

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La ministra de Asuntos Penitenciarios, Iris Varela, se pronunció al respecto en su momento y aseguró que la situación irregular se había disparado porque se implementaba el nuevo régimen penitenciario. “Solo se trata de una protesta que se suscitó, porque se está poniendo orden en el penal y se eliminaron privilegios que tenían un grupo de privados de libertad”.

SOS

Corrieron al personal administrativo, a custodios y militares. Los prisioneros hicieron pancartas con la señal de auxilio internacional SOS, se montaron en los techos y garitas del penal mientras que otros se metieron al área administrativa.

Sacaron mesas, pupitres; atravesaron  estantes detrás del portón de entrada a la prisión y les prendieron fuego. También incendiaron los módulos y asaltaron la farmacia. Tomaron el control, Julio César perdió. Los reos de nuevo eran dueños y señores de Uribana.

 

Continúa con…

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