La nueva ola de migrantes venezolanos en Nueva York

“O salíamos del país o nos mataban”, confiesan Yonatan y Wendell.  Ambos son activistas de Derechos Humanos. Llegaron a Nueva York el lunes 25 de abril de 2016. Su testimonio silencia el bullicio que hay en este salón de la Iglesia la Guadalupe, en la calle 14, en la zona de Chelsea, en Manhattan.

Cada miércoles, desde hace dos años, los acentos venezolanos se multiplican en un recinto donde antes se reunían cinco personas. Por estos días suelen ser más de 20 los asistentes y cada semana varían. Llevan 20 años, 15 años, 10 años, 15 días, tres días  en Nueva York. Tienen en común que son venezolanos. Unos narran historias de dolor, otros relatan experiencias que intentan llenar esas dos horas de encuentro con esperanzas. Varios ofrecen algún apoyo para quienes llegan recientemente a la ciudad.

No siempre se conocen unos a otros y eso no impide entrar en confianza de contar algunos trances. A veces hasta de llorar.

Así pasó el 4 de mayo cuando escucharon a Yonatan y a Wendell, una pareja homosexual, que llevan la bandera de la ONG Venezuela Diversa. También a Lucía (nombre ficticio), exfuncionaria del Ministerio de Relaciones Interiores. Tiene dos días en la ciudad. Llegó desde un tercer país hacia donde huyó tres años atrás cuando pensaba que podía rehacer su vida.

Muy diferente fue la noche del miércoles 27 de abril.

Diálogo por amor a Venezuela“Dame una reina pepeada, dame una pelúa…” Las cadencias venezolanas se multiplican. Suena la música. Esa vez fueron consumidas unas 400 arepas en pleno corazón de Manhattan. El grupo Diálogo por Amor a Venezuela celebraba sus dos años. Es un espacio que fue fundado por Robert González y Samuel Moret, justo cuando algunas ciudades en Venezuela eran golpeadas por la violencia y comenzaron a llegar más paisanos a Nueva York. Desde entonces se reúnen la rectoría de  la Iglesia de La Guadalupe, templo ubicado en la calle 14. En Chelsea.

No hay tiempo esa noche para la tristeza. Es una fiesta de “traje”. Así reza la invitación. Varios grupos llevaron el relleno, la música y las bebidas.

Pero una semana después otra sería la historia. El 4 de mayo se preparan los asistentes para escucharse. Robert distribuye un manifiesto, cada uno va leyendo una frase. El texto concluye: “Te quiero en las diferencias, porque las diferencias son las que quiero.”

También se sella el compromiso de la confidencialidad. Y algo en lo que enfatiza González: los acuerdos particulares que aquí se hagan entre dos o más, no son responsabilidad de Diálogo.

No falta el chiste. “Es decir que si usted sale y se toma un café con alguien y esa persona no paga, es un asunto entre ustedes.”

Cuando consulto sobre mi condición de periodista, algunos acceden a que su historia sea contada, pero prefieren resguardar su identidad.

Reglas claras. La conversación empieza.

Muchos y pocos en contacto
Venezolano NYC Luz Mely Reyes

Los primeros en hablar expresan alegría por escuchar un acento venezolano. Algunos confiesan que en más de una década viviendo en NYC nunca habían compartido con tantos connacionales. Otros declararían, con menos de tres días en la ciudad, que vinieron para quedarse.

Así los matices de las voces venezolanas se van distinguiendo: maracuchos, guaros, gochos, orientales, caraqueños, guayaneses. Alguno respira con alivio al comentar lo maravilloso que es estar en un ambiente donde si dices “eres una rata”, no se lo tomen literalmente.

Lucía está con su hija de siete años. Acaba de llegar procedente de otro país al cual huyó hace tres años. “Para salir con las tablas en la cabeza”. Trabajaba en el Ministerio de Relaciones Interiores en Caracas. Todos los días la acosaban por ser adeca, o por no comulgar con el Gobierno revolucionario. Decidió vender todo y largarse.

Tres años después busca otro destino. Apenas puede hablar, la voz se le quiebra constantemente. Teme quedar en una situación ilegal y que debido a sus condiciones de precariedad, la separen de la niña. Robert la calma. Le dice que luego verán qué opciones hay.

“Siempre sale un ángel” comenta este caraqueño criado en el 23 de enero. Vive desde hace 15 años en Manhattan. Es VIH positivo. Tomó la decisión de hacer sus maletas debido a su condición de salud y porque dos de sus hermanos fueron asesinados por un colectivo que controla la zona de El Observatorio, en Caracas.

Durante unos años sufrió una depresión que lo llevó al consumo de drogas. Gracias  a los grupos de apoyo pudo  superar el trance. Esas experiencias labraron su sensibilidad. Hoy es uno de los primeros en apoyar a cuanto paisano llega, con una mano delante y otra atrás. Promueve esta suerte de grupo de apoyo porque así fue que salvó su vida. Cada tanto expresa: El amor es la respuesta. Y cuando nota mucho drama sin sustento, lanza el cable a tierra.  No duda en dar una palmada, un abrazo y en recordar que no se pueden permitir los abusos.

“Somos unos desplazados”

González sostiene que los venezolanos se han convertido en una población desplazada.

Las estadísticas oficiales reportan que en el estado de Nueva York habitan aproximadamente 14.500 personas de origen venezolano. Según los datos del Censo 2010, 9.500 viven en la ciudad de Nueva York. La percepción entre los propios venezolanos residenciados en esta ciudad es que “somos muchos más”.

A diferencia de migraciones anteriores, en los 90 o luego del año 2000, cuando llegaban venezolanos a establecerse con fondos así como artistas, intelectuales o estudiantes (la generación Cadivi), desde hace dos años hay una ola de inmigrantes venezolanos, que aunque son profesionales, arriban a Nueva York sin dinero, sin planes y sin previsión. Huyen de Venezuela como de la peste.

También hay una población flotante que va y viene.  Se emplean temporalmente. En promedio, un trabajador sin permiso puede ganar como mínimo 100 ó 120 dólares al día. Se hospedan en casa de familiares o amigos y con ello consiguen dinero que se les multiplicará al regresar a Venezuela y cambiarlo en el mercado paralelo.

Algunos han llegado porque algún amigo de un amigo, o un conocido les ofreció ayuda. Cuando aterrizan, otra es la historia.

Así le pasó a Fabricio (nombre ficticio).

El joven licenciado en Estudios Internacionales llegó a la casa del amigo de un amigo venezolano. Pensó en suspender el viaje porque no pudo obtener dólares de Cencoex (subsidiados) pero su anfitrión le ofreció ayuda. Le prestó 1.500 dólares y le dio habitación. El sueño de Fabricio iba viento en popa, hasta que su ángel le pidió tener un encuentro sexual, a lo cual él se negó. Como represalia, el individuo insistió en que le pagara lo que le debía. Ya Fabricio estaba trabajando y empezó a cancelar la deuda. Luego, el sujeto le retuvo el pasaporte como garantía de pago.

Situaciones como la anterior podrían configurar un delito de trata de personas, pero aún no hay denuncias oficiales. Quienes han pagado con favores sexuales su estadía en la ciudad, o incluso quienes se han negado a hacerlo, temen que si denuncian puedan ser deportados.

Fabricio logró recuperar su documento y se alejó de su anfitrión.  Intenta permanecer en la ciudad lo más que pueda.

A Robert González le ha llamado la atención la ola de venezolanos que se desplaza hasta Nueva York y el área triestatal compuesta por New Jersey y Connecticut.

El  centro natural de la migración criolla ha sido Miami, debido, entre otras cosas a que Nueva York es una de las ciudades más caras de los Estados Unidos y porque a pesar de que se habla español en cada esquina, si no se maneja el idioma es difícil incorporarse a la estructura de la ciudad.WhatsApp-Image-20160710(13)

“Cada uno tiene en su casa un miniconsulado desde donde trata de ayudar a quien va llegando, pero hay recursos de la ciudad que, si nos organizamos, podemos utilizar para apoyar a los que están y a los que vayan llegando”, afirma.

Una prueba circunstancial puede ser Diálogo por amor a Venezuela. Durante más de cinco encuentros, a los cuales asistí en dos meses, cada miércoles había caras nuevas.

La mayoría de los que asisten revelan que salieron de Venezuela por las condiciones económicas, de salud o por la inseguridad. Otros simplemente están de paso, supieron del grupo y se acercan a explorar.

Venezuela Diversa

Un grupo poco visible, pero organizado son las personas LGBTI. Varios son VIH positivo. Si se quedaban en Venezuela, hace 15 años o en 2016, firmaban su sentencia de muerte.

Tomar previsiones

La psicoterapeuta Rosa María Bramble atiende a personas que se han acogido al derecho al asilo, sea por razones políticas o por razones de orientación sexual e identidad de género.

Ha proporcionado testimonios de expertos en casos de personas que han huido de sus países debido a la violencia dentro de la pareja, la tortura sexual, la persecución política y la mutilación genital femenina.  Hace evaluaciones psicosociales para los solicitantes de asilo perseguidos por orientación sexual, la violencia política, y como resultado de la trata de personas.

Desde hace 19 años reside en Nueva York. Es también venezolana. En su experiencia, los venezolanos a quienes ha recibido en consulta, llegan en una situación que no duda en catalogar de trauma.

Relata que se ha incrementado el número de personas de nacionalidad venezolana, incluso familias y parejas que trata como pacientes. Hay parejas, explica, que han tomado la decisión de emigrar juntas, pero luego se separan porque se ven sometidas a distintas presiones. Otros dejan a su familia en el país y viajan como una primera avanzada.

Bramble sugiere a quienes piensen en emigrar que tomen algunas previsiones. La separación del país, de los seres queridos y la falta de planes y dinero pueden producir cuadros ansiosos en las personas que les dificultan sus posibilidades de adaptación.

Nueva York, la ciudad de los rascacielos, la ciudad que nunca duerme es un crisol de nacionalidades. Todos los entrevistados coinciden en afirmar que antes no se veían tantos venezolanos.

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Los que han escogido esta ciudad como residencia pueden dividirse en cuatro segmentos. Hay una población muy pequeña de venezolanos de clase alta y media alta, otro sector compuesto por académicos, intelectuales, artistas y profesionales de alto nivel, un sector integrado en su mayoría por profesionales que cuentan con recursos producto de su trabajo. Un cuarto segmento podría estar formándose. Se trata de venezolanos, aun profesionales, que emigran sin contar con ahorros ni documentos para residenciarse de manera temporal.

A diferencia de otras migraciones latinas, como las puertorriqueña, dominicana o colombiana, la venezolana aún no tiene sentido de comunidad, tampoco se pueden ubicar en un sector determinado de la ciudad.

Robert González explica su tesis del desplazamiento forzoso porque, sostiene, muchas de estas personas no estarían aquí si las condiciones del país fuesen diferentes. No obstante, alega que las razones económicas no son nada especiales, porque millones de emigrantes en distintos países escogen Nueva York como destino para mejorar sus situación económica. Lo que hace diferente a los venezolanos es la confluencia de toda una serie de factores, que técnicamente se ubicarían en la categoría de desplazamiento.

Sin embargo, los venezolanos no reciben trato preferencial, ni hay posibilidades de que lo tengan, aunque hay iniciativas que intentan impulsar una ley ante el Congreso estadounidense.

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Mientras la situación del país empeora, los venezolanos siguen saliendo. Son decenas de historias las que cuentan. En las próximas entregas las conocerán

Más historias

A continuación un sumario de las historias que relatan la vida de algunos venezolanos en Nueva York y que podrá conocer en diferentes entregas.

“O nos vamos, o nos matan”

La mirada de Yonatan brilla. Es defensor de Derechos Humanos. No habla inglés. La primera vez que lo vi, junto a su pareja Wendell, no tenían un lugar propio donde dormir, aunque una mano amiga les lanzó un bote salvavidas. La segunda vez que hablamos, ya estaban buscando cómo regularizar su situación con una estadía temporal. Ahora viven en un refugio de la ciudad. Comen en un programa público y pese a no estar del todos felices, no se dan tiempo para la queja. La penúltima vez que los veo ya son voluntarios en la oficina del Orgullo Latino, que atiende a la población LGBTI.

Mientras meten condones en sobres, van contando su historia.

La generación Cadivi

Decenas de venezolanos comenzaron en la década del 2000 a estudiar en universidades de Nueva York. Sus estudios fueron posibles gracias a los dólares subsidiados del control del cambio. Se trata de la generación Cadivi. Una de las generaciones mejor formada. Algunos decidieron quedarse, otros regresar. Mariana Martín es una de ellas.

Ricos y famosos. Todos trabajan

La venezolana Grecia Palomares es una modelo internacional. Ha vivido en París, Dubai, India. Desde hace 14 años vive en Nueva York. Ella, como cualquiera que desee llevar una vida tranquila en esta ciudad, debe trabajar y mucho.

Diez millones de dólares aquí es nada, comenta Ernesto Rangel, promotor musical que intenta dar a conocer al talento venezolano en la ciudad de los rascacielos. Todos los venezolanos, con fondos, que han venido a esta ciudad, deben trabajar. Esta es una ciudad con una fuerte cultura del trabajo.

La diáspora de la arepa

El Cocotero es un restaurant que abrió sus puertas hace 15 años. Su menú criollo atrae a propios y extraños. Pero no son los únicos, Patacón Pisao, Guacuco, Arepa Factory. Todos son locales venezolanos que han abierto sus puertas en Nueva York y que tienen como principal atracción la tradicional arepa venezolana.

Arepa factory

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Comentarios

5 Comments
  1. Es irónico que vi en algunas gráficas, hijos de Chavistas radicales en el país auto denominándose desplazados del régimen. ¿Doble moral?

  2. Lamento decir que todo lo que brilla no es oro, meses atrás comente y recomend a Maria (hija) que esta NY acudir a “Dialogo de Amor Venezolanos en NY” ya que al ver este articulo me indentificaba con la que vive mi hija Maria allá (nombre ficticio), y encontrar posibles soluciones a los Inmigrantes, Maria me dijo papi al principio me senti como en casa y de verdad es un encuentro con tu gente, pero alli lo que se persigue es quien tiene para dar, como tu dices en esta vida nada es gratis, me dieron dos (2) numeros telefonicos a los cuales llamé y nunca contestaron, le envie durante 2 semanas mensajes Wsspt a uno de los coordinadores y a duras penas me dio informacion del encargado de brindar ayuda legal “Gratis”, es triste que tus paisanos se comporten peor que en Caracas. Me sirvio como una experiencia más en esta busqueda de soluciones

  3. yo tambien pense oo mismo, este grupo es pura fachada, no ayudan a nadie, que lamentable, porque nuestra comunidad venezolana, no es como otras comunidades latinas radicada en new york, ellos se ayudan y es una ayuda no de gratis pero si es una ayuda de verdad.

  4. Soy de venezuela estoy en new York. Y estoy detrás. De personas con intención. De hacer la diferencia resaltar la verdadera y buena identidad del venezolano. Digale a su hija me siga en Instagram mi cuenta es @iovicata… He buscado para enviar medicinas ayuda para allá. Cono en otros estados y aca me ha costado ese apoyo.pero. nunca me niego a tender la mano a alguien

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