La Candelaria azotada por la delincuencia

En 15 días han sido asesinadas 4 personas en la parroquia Candelaria, ubicada en el corazón  de Caracas. Dos de ellos fueron Conan Quintana y Luis Ángel Álvarez,  muertos la noche del  jueves 14 de mayo,  en la esquina Mirador tras recibir los disparos de delincuentes que buscaban robar  la Gran Cherokee en la que se trasladaban. Quintana no solo era consejero universitario y secretario general de la Unidad Pedagógica Experimental Libertador (Upel) sino también un líder vecinal enfocado en enfrentar los problemas de su parroquia.

16 personas han muerto víctimas de la violencia en esa zona desde mayo de 2014 hasta la actualidad de acuerdo con reportes de Carlos Julio Rojas, coordinador de la Asamblea de Ciudadanos de La Candelaria y del Frente en Defensa del Norte de Caracas. Desde el momento de su creación, en 2008 y 2012 respectivamente, ambas agrupaciones  se avocaron en buscar solución a la inseguridad en la parroquia caraqueña. Conan Quintana formaba parte de las dos.

Este viernes 15, vecinos, estudiantes y maestros de Quintana se acercaron al Ministerio de Interior y Justicia, cuya sede se encuentra en la Esquina Platanal de la Av. Urdaneta, a escasas tres cuadras de donde mataron a Quintana, para protestar por la inseguridad que azota Caracas y específicamente esa parroquia.

En julio de 2014, una manifestación vecinal parecida se produjo en la esquina Miguelacho luego de que José Correia, comerciante de 77 años que tenía más de 50 años en la zona, fuera asesinado tras un atraco. En esa misma esquina la familia Quintana tenía su venta de quesos.

“Me he tenido que tirar al suelo tres veces en un mes luego de escuchar tiroteos en la Plaza La Candelaria” comentó Sol Rojas, vecina de la zona y segunda madre de Quintana, entre lágrimas.

Los ojos aún bañados de Matilde Arias. activista de la parroquia, se escondían tras lentes oscuros. “Nos están matando”, decía con dolor. Recordó a Quintana como un joven  humilde, sin mala intención, de buenos principios y dispuesto a ayudar a todo aquel que lo necesitara.

“Conan me dijo en enero que lo iban a matar” dice Belkis, otra vecina, que considera la situación de La Candelaria de preocupación. “Es una lotería”, se refiere con respecto a quién puedan asesinar los delincuentes.

Los establecimientos allí cierran máximo a las 6:00 de la tarde. El miedo es generalizado y no hay respuesta por parte de ningún organismo público, dijo Oscar Arenas otro de los luchadores sociales de la urbanización.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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