Jóvenes en huelga de hambre le piden ayuda al papa Francisco

Dos rosarios cuelgan en su pecho. Uno es su amuleto personal, lo ha tenido siempre. El otro, es un regalo de su compañera Emily Vera a modo de bautizo por la primera huelga de hambre que realiza. Erick Santana es de El Tigre, estado Anzoátegui; cumple mañana -3 de junio- 24 años, y la vez siete días sin ingerir alimentos. Pasará su cumpleaños con mareos, debilidad y dolor en las articulaciones, al igual que los seis jóvenes que lo acompañan en “la lucha”. “Prefiero morir en mi país luchando por una causa a morir a manos del hampa”.

En tres colchones y dos sillas playeras bajo un toldo permanecen los siete estudiantes que iniciaron una huelga de hambre el pasado miércoles 27 de mayo. Erick está en una de las sillas, al lado, Emily. Julio César Rivas, Anthony Rosales, Jesús Gómez, Laura García y Kimberling Sierra están acostados entre cobijas y almohadas. Todos tienen tapaboca y se encuentran en la entrada de la Iglesia La Guadalupe en Las Mercedes, Caracas. Solo toman agua mezclada con suero fisiológico cada dos horas.

Tras la huelga de hambre que iniciaron el dirigente opositor, Leopoldo López, y el exalcalde de San Cristóbal, Daniel Ceballos, miembros de la plataforma Juventud Activa Venezuela Unida (Javu) decidieron unirse a esta medida para exigir la liberación de los presos políticos, el anuncio de la fecha de las elecciones parlamentarias, el acompañamiento de organismos internacionales -ONU, OEA y la Unión Europea- en estas, y el cese a la represión y a la censura en el país.

“Llegué a Caracas y me dijeron: bueno, Erick, hay que tener mucha fuerza, mucha valentía, esto va a ser algo histórico. Pienso que es un tema de mucha fortaleza espiritual, mental, psicológica. Nos ataca el hambre, pero la gasolina que nos motiva es la solidaridad que nos han demostrado las personas”, dice Erick sosteniendo su tapaboca. Hace seis días pesaba 63 kilos, ya no sabe cuánto peso ha perdido.

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Tensión y glucosa alta, mareos y hasta desmayos. Los síntomas de debilitamiento que han sufrido estos jóvenes. Anthony Rosales sufrió un colapso la noche de este lunes 1 de junio. “Se descompensó, comenzó a llorar y se desmayó”, contó uno de los cinco miembros de logística que los atiende, sin embargo continuó en la huelga. Salud Baruta y Salud Chacao van en las noches a realizarles una evaluación médica.

“Esta es mi quinta huelga de hambre. Lo máximo que duré fue 23 días y eso me costó que un riñón se redujera como una pasa. Pero no me importa, cuando a mí me tocó estar preso, mis amigos, que ahora están detenidos, asumieron una acción como esta para sacarme de la cárcel y lo hicieron. Estuve preso un mes en Yare. Eso fue en el 2009 por protestar en contra de la Ley Orgánica de Educación (…) en la última huelga logramos reducir la lista de presos políticos de 56 a 11. Una vez que llegó Maduro la lista se ha multiplicado”, relató Julio César Rivas, diputado del Consejo Legislativo del estado Carabobo.

Para Laura, Anthony, Julio, Emily, Jesús y Kimberling, tampoco es la primera vez que dejan de comer para hacer una serie de exigencias al gobierno. A pesar de los riesgos que corren y los daños que han sufrido sus organismos, continúan realizando este tipo de medidas. Ellos sienten que es eficaz y que sí son escuchados.

La Iglesia es la intermediaria

El Cardenal Jorge Urosa Savino visitó a los siete estudiantes la tarde de este martes. Él fue uno de los intermediarios para que el Papa Francisco recibiera una carta enviada por ellos el 27 de mayo. En ella piden que la máxima autoridad católica visite a cada uno de los presos políticos en las cárceles del país y sea el puente para su liberación.

“También por eso quisimos hacer la huelga aquí en la casa de Dios, para que él nos ayude. El padre Jairo –de La Guadalupe- nos ha ayudado muchísimo, está pendiente de nosotros, todas las noches viene y oramos”, indicó Laura, quien lleva cinco días sin ingerir alimentos.

Kimberling se unió el 1 de junio. “Tranquilos, que yo estoy tomando bastante agua”, dice por teléfono al recibir una llamada de sus familiares. Dos jóvenes maracuchos también se unirán a la huelga de hambre de La Guadalupe este miércoles 3 de junio.

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“La angustia y la ansiedad son terribles en estos casos”

El médico internista Freddy Febres, señala que las consecuencias de una huelga de hambre terminan con fatales consecuencias para el cuerpo humano.

“Al no ingerir alimentos, la persona depende de las reservas que tenga. Cuando el organismo no consume utiliza sus reservas en grasa, pero la grasa se va quemando. El azúcar, la glucosa, es la gasolina normal del organismo, cuando no hay glucosa los triglicéridos se redoblan y se transforman en glicerol y ácidos grasos. Se entra en un sistema que trata de producir energía. La energía la produce adenosín trifosfato, moléculas energéticas que usa el cuerpo para mantener el calor”, detalla.

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Luego de esto, la producción de ácidos libres aumenta y hay tendencia acidosis metabólica por el exceso de ácidos grasos libres. “Los músculos se debilitan por el autoconsumo de proteínas y se pierde la masa muscular, la fuerza. El sistema nervioso central disminuye y puede haber confusión y tendencia a la pérdida del conocimiento. Puede traer problemas neurológicos. Puede haber úlcera, angustia. La adrenalina está a millón. La ansiedad. Es terrible porque no estás pensando ni coordinando bien. También se dan problemas gastroenterólogos y rectocolitis ulcerosa”, explicó el doctor Febres.

Los riñones y el hígado también se ven afectados porque ellos producen azúcar y al no tenerla, se descontrolan.  “El metabolismo renal se afecta por falta de glucosa. Por eso hay personas que toman agua y comen dulce, chupeta, etc”.

Vanessa Arenas / @VanessaVenezia

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En la pared de la entrada de la iglesia, han pegado fotos de sus hijos y de la Virgen.

Fotos: Vanessa Arenas y Daniel Blanco

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