Los griegos: primero pago y luego existo

Nuevamente lo que sucede en Grecia podría representar un punto de inflexión en la historia contemporánea de Europa. Para quienes nos hemos preguntado cómo terminará la saga de esta crisis, la respuesta podría revelarse tan pronto como al final de esta semana. Es verdad que durante los últimos meses lo único que parece haberse concretado son una serie de reuniones en Bruselas que no lograron nada. Pero ahora llegó el momento de volver a prestar atención. Este domingo se llevará a cabo un referéndum que marcará un hito determinante en la historia de Grecia y de todo el continente europeo: quizás el más importante en los 60 años de su proyecto de unificación.

Para contextualizar hagamos una pequeña recapitulación. Las largas negociaciones entre los ministros de finanzas europeos y representantes del Gobierno actual -liderizado por Alexis Tsipras- han fracasado una y otra vez durante la últimas semanas. Yannis Varoufakis, el ministro de Finanzas griego, ha basado su estrategia en la convicción de que a Europa costaría más el “Grexit” (la de salida de Grecia de la UE) que aceptar los términos, cada vez más moderados, de su propuesta. La intransigencia de la contraparte, en especial la de Christine Lagarde (directora gerente del Fondo  Monetario Internacional) y de Wolfgang Schäuble (ministro alemán) se ha traducido en una serie de capitulaciones – cada vez más evidentes- por parte del Gobierno de Tsipras.

El pasado 22 de junio muchos creían que finalmente llegarían a un acuerdo. Para entonces la propuesta de Syriza – el partido de Tsipras- se había alejando considerablemente de las promesas que lo catapultaron al poder en enero de este año. Lejos de eliminar la austeridad y cancelar la deuda, el Gobierno de Tsipras – en busca de un acuerdo lo antes posible- aceptó un programa de mayor austeridad y de reajuste estructural: tal y como querían en el FMI y el Banco Central Europeo. La propuesta incluía recortes adicionales que suman casi €8.9 mil millones entre 2015 y 2016. Incluso se subirían algunos impuestos en el sector turístico, y la edad de retiro aumentaría en 2016.

Tsipras buscaba un trato lo antes posible para evitar un posible default. El programa de rescate con la UE exige un pago el martes 30 de junio, y los pagos de todo el mes de junio al FMI fueron agrupados (€1.6 mil millones en total) para ser pagados el mismo día. Grecia no tiene cómo pagar, y es por eso que la última propuesta de Syriza cede tanto ante las exigencias de sus prestamistas.

Sin embargo, esto no fue suficiente para Lagarde y los alemanes. El trato no sería aceptado por su parte si no se incluían aún más reformas, incluyendo la eliminación de ciertos beneficios para los pensionados. La medida significaría que algunos pensionados que reciben cerca de €500 mensuales perderían casi €200 de su pensión para el 2017. En vista de que casi el 50% de los pensionados en Grecia actualmente reciben pensiones por debajo de la línea de pobreza, Tsipras y sus seguidores decidieron no dar su brazo a torcer. Syriza ya tendría que lidiar con costos políticos elevados en casa por su propuesta original, y aceptar las nuevas condiciones podría haber significado un suicidio político para el partido de izquierda. Es entonces cuándo surgió, de forma repentina y apresurada, la idea de someter los términos de la negociación a un referéndum que se llevará a cabo el 5 de julio.

El referéndum es el domingo y el Gobierno podría entrar en default este martes 30 de junio. En medio de esta crisis política, para agravar la situación, lo griegos comenzaron a retirar dinero de sus cuentas bancarias. El resultado es que mientras el Gobierno hace campaña para un referéndum que responde a un posible default a destiempo, la población entra en pánico bancario. A pesar del vencimiento del pago este martes, Mario Draghi, el presidente del BCE, anunció que mantendrá la inyección de liquidez de emergencia a los bancos griegos en un esfuerzo por establecer confianza. Pero esto no fue suficiente: Tsipras anunció este domingo 28 de junio la implementación de control de capitales.

El “corralito” comenzó el domingo tras una reunión de emergencia del gabinete que culminó con el anuncio de Tsipras. El límite de retiro de cajeros automáticos es de €60 euros, y los bancos comerciales permanecerán cerrados por los momentos. Las colas de los cajeros automáticos aumentan en todo el país.

Es este el contexto en el que se debaten las opciones del referéndum. ¿Sobre que votarán exactamente los griegos este domingo? La página web del parlamento griego dice lo siguiente:

“El pueblo griego tendrá que decidir a través de la votación si acepta o no el proyecto del acuerdo que fue presentado el 25 de junio de 2015 por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional y que consta de dos documentos sobre los cuales se propone realizar el referéndum: el primer documento se llama ‘Reformas para la realización del programa actual y los ulteriores‘ y el segundo — ‘Análisis preliminar de sostenibilidad de la deuda’”

Los documentos mencionados constituyen la propuesta de austeridad y recortes que quiere la Troika. En efecto, la opción del “Sí” acepta los términos de la Troika, mientras que la opción del “No” se mantiene fiel a las posturas que llevaron a Syriza al poder. Sin emabrgo, a estas alturas del juego, votar “No” podría ser equivalente a votar directamente por el Grexit. El partido de Tsipras ha expresado una y otra vez su interés de permanecer en la eurozona siempre y cuando esto sea posible sin tener que caer nuevamente en la espiral de deuda y austeridad en la que se ha encontrado desde el 2010. Pero esto es justamente lo que sucedería, a los ojos de Syriza, si se aceptan los términos actuales (es decir, si gana el “Sí”). Ambos resultados tienen significados que van más allá de lo aparente. Mientras el “No” es una forma indirecta de aceptar las implicaciones de romper con los prestamistas, incluyendo la posibilidad de salir de la eurozona, el “Sí” podría ser interpretado como un revocatorio indirecto al gobierno de Syriza.

En lo que parece ser el final de camino, los temores de los pesimistas se han hecho realidad. Las opciones, a pesar de todo el forcejeo, siguen siendo las de los extremos: austeridad pura y dura o salida definitiva de la UE. El mensaje que le envía Europa a sus miembros parece implicar que la austeridad no se negocia, ni siquiera si su costo es la soberanía.

Tsipras podría haber tomado la decisión con su gabinete de aceptar las exigencias de la Troika, lo  que hubiera sido efectivamente una traición a su electorado (y a sus propios ideales). Podría también haber sido coherente con su campaña y haber rechazado los términos sin consultar a la población. Entre Escila y Caribdis, el referéndum pone el destino de Grecia –y de Europa- en manos de su gente.

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