Familia de Jesús Acosta con la tristeza clavada en el alma

Por:  Ibis León / @ibisl

Fotografías Alexandro Cegarra

Luis revisa con insistencia el borde de la reja. Quiere encontrar el rastro del disparo. Pero no lo logra. Justo detrás de esa puerta, su primo, Jesús Acosta, pasó los últimos minutos de su vida resguardándose de un grupo de motorizados armados, identificados como “Los Gayones”, que tomaron las veredas de la urbanización La Isabelica, en Valencia, el 12 de marzo de 2014.

Crónicas olvidadas de la violencia política
Luis y su prima Jesika conversaron con Efecto Cocuyo en su casa de la urabanización La Isabelica, en Valencia

Ese día, 10 minutos antes de que la bala alcanzara al estudiante del sexto semestre de Ingeniería de la Universidad de Carabobo, su mamá y su hermana le pidieron que se fuera con ellas, pero como Jesús no quiso le dijeron que se refugiara en la casa del vecino hasta que pasara el peligro. Él les entregó la cartera y bromeó por lo sobreprotegido que lo tenía su madre.

–Se sentaron a echar cuentos en la casa del vecino y en un momento Jesús se paró y dijo que tenía que irse. El vecino se asomó por la puerta y le ordenó: “Tú no te vas todavía, mira dónde están los locos esos”. En ese momento, Jesús se incorpora detrás de él y es cuando lo impactan –cuenta Luis. “Vente que a Jesús le dieron y está mal…”, le dijeron a través de una llamada telefónica.

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Luis recibió el mensaje de la muerte de Jesús por teléfono

La bala, disparada de una Glock 9 mm, se partió al chocar contra la puerta metálica donde estaba asomado el estudiante y uno de los trozos rebotó y le atravesó la sien, de acuerdo con el reporte que el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) ofreció  a los familiares. Información que contradice la versión del gobernador del estado Carabobo, Francisco Ameliach, según la cual presuntos francotiradores, apostados en las platabandas de los bloques de la urbanización, dispararon al muchacho y al resto de las personas que fueron heridas ese 12 de marzo.

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A casi un año del suceso, Jesika  Acosta tiene aún una mirada desconsolada. No habla. Intenta contener las lágrimas. Recuerda que estaba a punto de almorzar cuando recibió una llamada de su prima en la que le decía que su hermano había sido abaleado.  Se puso los zapatos y salió corriendo.

La tragedia continuó los días siguientes, cuando la familia, al regresar del cementerio Jardines del Recuerdo, donde despidieron por última vez a Jesús, encontraron un reguero de vidrios rotos y descubrieron que habían violentado su casa para robarles una computadora portátil, una tableta, artículos de aseo personal y algunos medicamentos.

El 2 de julio, su familia regresó al cementerio para llevarle flores el día de su cumpleaños.

–Le pusimos rosas blancas, azules y rojas porque los niños no se ponen de acuerdo –dice Jesika, con pesar, al referirse a sus dos hermanitos de cuatro años 

La familia recuerda a Jesús como un muchacho divertido, alegre, jocoso, que se ganaba a la gente.

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Tenía planeado comprar un apartamento y casarse con su novia, al graduarse de ingeniero. En sus ratos libres participaba en competencias de ciclismo. Era deportista.

Hasta la fecha, sólo se encuentra detenido un funcionario del Cicpc, en el Sebin de Valencia, de nombre Carlos Ramos, por estar supuestamente implicado en el asesinato, aunque las versiones de los testigos inculpan a “Los Gayones”.

–Este año no hemos ido más a la Fiscalía ni al Palacio de Justicia porque tenemos claro que ya no van a hacer más nada. Ahora esperamos  la justicia divina –se resigna Jesika.

 

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“Tenemos claro que ya no van a hacer mas nada…”

 

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