En Florida, votan por el menos malo #EleccionesEEUU

No hay colas. No hay Plan República. No hay militares ni vendedores de guayoyo en termo de metal. A pesar de que pareciese que el sol también quiere votar, pues brilla en todo su esplendor; no hay personas sentadas con sillas plegables bajo una sombrilla esperando que la fila se mueva. Las elecciones en Florida son civiles y por lo menos en esta ocasión, más nerviosas que entusiastas.

Afuera del centro de votación Vacation Village Social Center en Weston (también conocida como Westonzuela), hay voluntarios que esperan a los ciudadanos que decidieron aguardar hasta el 8 de noviembre para ejercer su derecho. En Estados Unidos existe la posibilidad de expresar su preferencia desde 10 días antes de la fecha de la elección. Se puede hacer personalmente o por correo.

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“Aquí no pueden grabar ni tomar fotos¨, dice una venezolana con acento “camuflado”. Es la coordinadora del centro. Tampoco quiere ofrecer su nombre ni gráficas ni informar sobre cuánta gente ha llegado. Se limita a decir que “todo va muy bien”. Solo permiten ingresar al centro a los votantes. No hace falta cédula, en Estados Unidos no hay un solo documento de identificación. Los ciudadanos pueden presentar la licencia de conducir o un carnet de estudiante. Incluso, si la persona no carga nada encima, puede votar en una boleta provisional.

Un chico vestido con camisa blanca, pantalón negro, corbata y zapatos de goma rojos busca una sombra bajo el árbol. Llegó temprano pero no a votar. Es uno de los cientos de abogados voluntarios de Hillary Clinton que se donó su tiempo para garantizar que los votantes puedan ejercer su derecho sin contratiempos. “No puedo dar mi nombre, pero nuestra labor es asegurarnos que nadie es intimidado o manipulado a la hora de votar. Ha pasado en otras ocasiones, pero hoy aquí, todo ha marchado sobre ruedas”.

Justo enfrente está Maria Prodi, de Brasil. Es voluntaria por Donald Trump. No está demasiado convencida de que sea el hombre, pero lo prefiere a Clinton. “Es que Hillary ha hecho cosas ilegales, cosas por las que cualquier otra persona estaría presa. ¿El muro para evitar que entren inmigrantes ilegales? Eso no es ilegal”, dice. Al enterarse de lo qué es el voto castigo dice: “sí, eso es. Mi voto es punitivo”.

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Llegó hace siete años al país y asegura que hizo todo de acuerdo con las reglas. Esperó lo que le correspondía y ahora es ciudadana del país norteamericano. No quiere que otros lleguen de manera furtiva o ilegal. No le parece justo. Es republicana, manifestó en contra de Dilma Roussef en su país natal y hoy espera no tener que repetir la historia latinoamericana.

Richard Catarsio es colombiano y tiene 19 años. Es su primera vez y va a votar por Trump. Su mamá está al lado y refrenda cada palabra que el chico dice. “Voté por él porque el sistema en Washington está corrompido. A ella no le importan las libertades; en cambio, él garantiza menos control del Estado en la vida privada de la gente”. Ella asegura que hace rato dejó de explicarle a sus conocidos y amigos las razones de su decisión. Decidió dejar así esa guerra. “Aunque es cierto que mucha gente lo compara con Hugo Chávez“.

Como si hubiese escuchado la conversación, Yelitza Chávez confiesa que su voto es para Hillary. “A Trump lo vemos como un segundo Chávez. Me identifico con las propuestas de ella y no me gusta cómo la gente lo apoya a él. Hay mucho radicalismo” dice esta venezolana que tiene 19 años viviendo en el país norteamericano. Pudo salir un momento de su trabajo para ejercer su derecho. Está apurada, pero antes de irse le da tiempo a decir que toda su familia está en Venezuela. Esa es otra de las razones por las que vota.

Foto principal: EFE

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