En el Clínico dar a luz es un “parto seco”

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“Las que no se ve que están sufriendo, que no están botando nada, las dejan allí esperando”, dice la madre de una paciente del Hospital Universitario de Caracas (HUC) mientras aguarda noticias de su hija a las afueras de Sala de Parto. Su comentario va dirigido a la decena de mujeres embarazadas que con panzas de más de 30 semanas, dolores de todas las escalas y una paciencia bien fraguada, esperan a ser atendidas por algún médico la noche del lunes 21 de marzo.

De esas 10 mujeres, al menos tres están listas para parir. Andrea, cuyo verdadero nombre prefiere mantener en reserva, llegó a las 8:00 am al centro de salud y media hora más tarde tuvo su primera dilatación. “Si a mí, que tengo orden, no me han recibido después de tantas horas, ¿qué le espera a las demás?”, se pregunta a eso de las 8:00 pm. Comenta que durante todo el día fueron contadas las pacientes que ingresaron a la sala y que la última que recuerda, fue una joven de 16 años, prioridad por presentar un sangrado.

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La bata de Andrea le cubre poco, pero ella no tiene mucho pudor. De hecho se ha peinado especialmente para la ocasión con una cola alta que le recoge todo el cabello. No tiene maquillaje pero su piel, morena y tersa, brilla. Definitivamente está presta para conocer a su nuevo hijo. Ella ya es madre de dos, lo que la hace parecer una matrona al lado de las dos primerizas que se sientan a su lado. Tiene un carácter fuerte y aunque de vez en cuando maldice por las dolencias, se encuentra tranquila y bromea ante las demás.

Francys, tampoco desea que se publique su identidad, tiene 21 años y 36 semanas de embarazo de su primer hijo. De todas, es la que más parece sufrir. Se levanta a menudo para caminar un poco, se toca el rostro y la panza, e incluso masajea un poco más abajo cuando ya parece que no puede más. Fue al hospital porque notó que desprendía una “baba” y asumió que daría a luz en cualquier momento. Al igual que Andrea, llegó temprano en la mañana y pasadas las 8:30 pm sigue esperando para entrar a observación.Crisis Salud Embarazadas 3

Médicos se pronuncian

Efecto Cocuyo recogió la denuncia de Yuggeny Oropeza, una residente de Ginecología y Obstetricia del HCU, que el 10 de marzo en una asamblea organizada por la Sociedad de Médicos Internos y Residentes dio a conocer las fallas del servicio. Hacinamiento, falla en medicamentos antihipertensivos, falta de insumos básicos como batas y telas quirúrgicas, de hemoderivados, pocas camillas y poco personal, fueron tan solo algunas de las quejas que realizó en esa oportunidad.

“Vemos como constantemente estamos en un estado de hacinamiento total, en donde las pacientes que se encuentran ahí sentadas no es que están esperando a ser atendidas, sino que acaban de parir, o acaban de ser operadas de una cesárea”, dijo Oropeza en esa ocasión al referirse a una de las imágenes que mostró. De acuerdo con su denuncia, luego de dar a luz había mujeres que permanecían flotantes hasta por 24 horas al no haber ninguna cama disponible en hospitalización.

Otra de las situaciones alarmantes era la falta de camillas en observación. “Peor aún (…) hay pacientes que, como no tenemos camillas, tienen que sentarse hasta dos y 3 pacientes en una misma cama (…) incluso las que  están en trabajo de parto, con delicadas condiciones hay hasta  dos pacientes en una misma camilla”, recalcó.

La doctora presentó ante los medios una serie de fotografías que daban fe de todo lo expuesto. “No pedimos más que las condiciones mínimas para atender a los pacientes con calidad (…) de tratar de respetarles  sus derechos humanos por que a final de cuentas traemos a los futuros niños del país”, concluyó durante su derecho de palabra.

Oropeza también señaló la falla importante de antihipertensivos necesarios para atacar la preclamsia, una de las principales patologías que se manejan en sala de parto y tampoco hay Aines que son los fármacos antiinflamatorios, analgésicos y antipiréticos que se utilizan para calmar los dolores de las parturientas. Hizo énfasis en que tampoco cuentan con la cantidad mínima de hemoderivados para atender las complicaciones operatorias que se presenten.

Este lunes era evidente que con menos personal la atención era más lenta, pero las condiciones del hospital tampoco le favorecían. Una ayudante de enfermería dice, cerca de las 9:00 pm, que se armen de paciencia. “No hay donde verlas, no hay donde montarlas, no hay donde realizarles el tacto, ni camillas, ni sillas. Esto está full, no hay donde acostar a las pacientes y las que están dentro las tienen hasta en las silla de rueda”, les aclara y aconseja que cualquier dolor extraño entren por la puerta.

Carmen, nombre ficticio para guardar su identidad, tiene 42 semana de embarazo lo que significa que se encuentra en la última semana. No tiene mayores dolores, tampoco sufre demasiado, pero sí posee la panza más grande de todas las presentes. A su vez es la menor de ellas, tiene 19 años y será madre por primera vez.  “Yo lo que quiero es que me digan es si voy a parir hoy o no”, suelta de repente.

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Según refiere la joven, hace una semana vino a observación y como no presentaba síntomas de trabajos de parto la devolvieron a  su casa. En esa oportunidad también le tocó aguantarse más de 12 horas para ser atendida. “Me dijeron que esperara un poco más pero no sabemos, si le llega a pasar algo al niño, me preocupa porque tengo ya más semanas de la cuenta”, apunta. Luego de hablar con una residente a las puertas de la sala, prefirió marcharse.

Otro de los casos era el de una de las madres con Hepatitis C que ante el riesgo de contagiar a su hija tenía pautada una cesárea para esta semana. “Me iban a ingresar de una vez, pero tengo que esperar”, dice. Ella teme porque ya comenzaron los dolores y si tiene contracciones su cesárea se haría más riesgosa. “Ellos tienen que ver”, fulmina.

Ante tal situación las parturientas ni se percataron de la atmósfera de calima que las rodeaba, pero sí se quejaban del calor intenso. Ni el olor a quemado las preocupa más que no las puedan atender esta noche. “Aquí estaremos, hasta las 3 de la mañana creo yo”, bromea Andrea ante la expexctativa. Cada vez que sale la residente a la puerta van todas en fila a preguntar cuánto les falta o qué haran. Ella pide paciencia y todas de regreso a los asientos. Las tablas duras de madera y se amoldaron a sus cuerpos regordetes, tienen hasta puesto fijo en cada fila de la sala. Todas seguirán, en una no tan dulce espera.