El día que Muhammad Alí se metió a los venezolanos en el bolsillo - Efecto Cocuyo

El día que Muhammad Alí se metió a los venezolanos en el bolsillo

 

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Muhammad Alí pisó suelo venezolano por primera vez el jueves 19 de agosto de 1971, dos días antes de la exhibición de ocho rounds que realizó frente a dos sparrings en el Nuevo Circo de Caracas, en la misma velada en que Vicente Paúl Rondón defendió exitosamente por segunda vez su título de Campeón Mundial del Peso Semicompleto, al vencer por decisión unánime pero protestada por el público al estadounidense Eddie “Bossman”” Jones.

La llegada a Venezuela del boxeador más famoso, inteligente y controversial de la historia –y el más grande, si me permiten coincidir con él- atrajo por igual la atención de aficionados locales al boxeo y de variados sectores del país. Desde las primeras horas de la tarde, de acuerdo con las reseñas de la prensa de la época, las instalaciones y los alrededores del aeropuerto se colmaron de personas que fueron a recibirlo, deseaban verlo de cerca y, con un poco de suerte, hasta conseguir un autógrafo de una figura que, más que un ídolo deportivo, era ya un personaje apasionante, con una fuerza avasallante para desatar pasiones y un talento único para generar revuelos.

La imagen de Muhammad Alí emergió del avión a las 6:30 de la tarde y produjo algarabía entre los privilegiados que pudieron acceder a la terraza del edificio del aeropuerto. Precedido de su manager Ángelo Dundee y en manga de camisa, levantó la mano derecha para saludar y responder los aplausos y gritos de la gente. Lentamente, comenzó a bajar por la escalerilla. La bola se corrió y las aproximadamente cinco mil personas que lo aguardaban, según cálculos periodísticos, comenzaron a agolparse en la puerta de salida. Los minutos de espera se hicieron largos.

La marejada humana comenzó a impacientarse. Predominaban los jóvenes. Entre quienes bajaron a Maiquetía había muchos estudiantes, activistas sociales e incluso grupos musulmanes. La gente no entendía las razones por las cuales demoraban tanto los trámites aduanales de una persona de su importancia y tan conocida. Se corrieron los rumores de que la seguridad lo sacaría por otra puerta y se fueron hacia las laterales.

El motivo de su tardanza se reveló al día siguiente en reportes de los diarios: Alí tuvo problemas con la visa. Al parecer, dificultades en el consulado de Estados Unidos en México, de donde venía al comenzar la gira de exhibiciones que continuaba en Caracas, retrasaron la entrega del documento. Por tal razón, tuvo que sostener una larga conversación con las autoridades de la Oficina de Inmigración del aeropuerto, quienes finalmente autorizaron su ingreso.

Pero también se especuló sobre una razón existencial. Se dijo que el problema se debió a que la visa se le concedió a Cassius Marcellus Clay, quien ya no existía, porque el único nombre que aceptaba y con el que se le reconocía en todo el mundo es el de Muhammad Alí, que le fue conferido en 1964 por Elijah Muhammad, el líder de la Nación del Islam, a la cual se sumó el 25 de febrero de ese año, un día después de vencer a Sonny Liston y conquistar el título mundial.

Alí cumplió su trámite legal y salió al encuentro con el público y los periodistas que  aguardaban en los pasillos del edificio del aeropuerto. La prensa destaca la admirable paciencia con que atendió a todos: saludó, dio la mano, se dejó tocar, firmó autógrafos y hasta fue besado por dos jovencitas. Luego respondió las preguntas. En los periódicos del día siguiente se coincide en que lucía cansado por el viaje y las luces, pero que su rostro estaba lozano como el de un artista y no como el de un boxeador.

El aparente descuido de los promotores al gestionar la visa y la forma como se resolvió el enredo no quedó del todo claro en las reseñas periodísticas. Lo que, en cualquier caso, no se pudo modificar fue el poster de la velada: un afiche en blanco y negro con las figuras en guardia de Vicente Paúl Rondón y Eddie Jones. Al centro, con el torso desnudo, el brazo derecho extendido y el índice señalando hacia adelante en plan amenazador, la imagen fresca de Muhammad Alí acapara la atención con la siguiente leyenda: “Con la presentación del más grande campeón de los pesos completos, Cassius Clay”.

Hacía cuatro meses, exactamente el 8 de marzo, Muhammad Alí había sido derrotado por Joe Frazier en la llamada pelea del siglo. Ese día perdió su invicto, la oportunidad de recuperar el título de campeón mundial del cual fue despojado por negarse a cumplir con el servicio militar e ir a Vietnam, y recibió un golpe en su ego, el más grande de Estados Unidos de acuerdo con Norman Mailer, pero no lo suficientemente fuerte como para quitarle la idea de que su puesto no podía ser ocupado por más nadie.

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Caracas fue la segunda etapa de su gira de promoción y preparación con miras a recuperar el título en una nueva pelea, aún no fijada, con Joe Frazier. Su archirrival se había paseado por la capital venezolana hacía apenas 15 días –llegó el 4 de agosto- en plan de artista, al frente de su banda The Nockouts, que mezclaba rock y soul, y había hecho presentaciones en televisión (RCTV) y en locales nocturnos. Habló muy poco de Alí. Solo dijo que si le pagaban 5 millones de dólares le daría la revancha.

Al finalizar la rueda de prensa de Alí comenzó la difícil tarea de salir del aeropuerto. Todas las puertas estaban bloqueadas por sus admiradores. La seguridad lo condujo por una de las laterales más alejadas. Cuando fue divisado se armó la grande. La gente corrió a su encuentro. En el intento por verlo hubo empujones y forcejeos. Muchos se montaron sobre los carros estacionados. El balance oficial del tumulto fue de 12 vehículos dañados, las respectivas denuncias de sus dueños, el inicio de las averiguaciones y ningún detenido.

Muhammad Alí llegó a Caracas en un año estelar para el deporte venezolano, sobre todo para el boxeo. Venezuela contaba con dos campeones mundiales. A Rondón se había sumado el 29 de julio Alfredo Marcano, quien conquistó sorpresivamente el título Ligero Jr. al fulminar en Tokio a Hiroshi Kobayashi. El 3 de septiembre Antonio Gómez se coronó campeón en el Peso Pluma al noquear también en la capital japonesa a Shoso Saiyo y, ya para finalizar el año, Betulio González se alzó con la corona del Peso Mosca al ser descalificado su rival Erbito Salavarría. En ese momento se vivía la efervescencia por la victoria de Cañonero en el Kentucky Derby,

El país debatía sobre la huelga que realizaban desde hace más de 50 días los trabajadores del hierro en Sidor; la UCV intentaba recobrar su normalidad con una convocatoria a elecciones formulada por las autoridades provisorias, encabezadas por el rector interino Oswaldo De Sola; los caraqueños soltaban lagrimones en el cine Canaima con el “Love Story” de Ali MaGraw y Ryan O’Neal, que ya llevaba dos semanas en cartelera, pero también se ponían intensos en el Olimpo con las interpretaciones de Sophia Loren y Marcelo Mastroniani en “Ayer, Hoy y Mañana”, de Vittorio De Sica; las amas de casa, por su parte, se daban banquete y sin colas con las ofertas “Lleve tres y pague dos” de  Central Madeirense (Ejemplo: 3 kilos de cebolla a Bs 1,30; precio normal, Bs 1,95) y la “Semana Criolla” de Automercados Cada (Solomo abierto a Bs 4,40 el kilo).

En el plano internacional, la crisis de la moneda estadounidense hacía hablar de la posible suspensión de la convertibilidad con el oro y daba para títulos del siguiente tenor: “El dólar se tambalea y el bolívar vigoroso” (Últimas Noticias), mientras la imagen del gobierno norteamericano se debilitaba en el mundo como consecuencia de la guerra de Vietnam.

Muhammad Alí fue uno de los primeros en cuestionarla públicamente en Estados Unidos, incluso antes que Martin Luther King. Su negativa  a incorporarse a las Fuerzas Armadas para no ir a “matar vietcongs” fue sancionada con la suspensión de su licencia para boxear y en abril de 1967 fue despojado de su título mundial. Para ese momento tenía un récord de 29 peleas ganadas, 22 por KO, y ninguna perdida. No pudo volver a pelear durante tres años y medio.

Al momento de su llegada a Venezuela, su imagen de antibelicista está agigantada. El magnetismo que irradiaba estaba en consonancia con la inteligencia que personificaba y que lo convertía, como lo señaló Mailer en “El Rey del Ring”, en el mismísimo espíritu del siglo XX, en el príncipe del hombre masa y de los medios masivos de comunicación. Todos estaban a la expectativa de lo que diría, y lo que dijo sorprendió a muchos e incluso desilusionó a otros, en concreto a los que esperaban que lanzara dardos más duros al Tío Sam.

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Las preguntas que la prensa le hizo a su llegada a Maiquetía se centraron en temas espinosos: el racismo, la guerra, la juventud. ¿Es difícil la discriminación en Estados Unidos? Los periodistas esperaban que lanzara un golpe noqueador pero él se movió y esquivó: “Los tiempos malos han pasado. La población negra ha venido superando la crisis. Estamos viviendo una época de paz. Nuestros derechos son más respetados. Hay decisiones, como la sentencia de la Corte en mi caso (El 28 de junio le había revocado el cargo de evasión de reclutamiento), que dejan más margen para respirar”.

Los periodistas quisieron acorralarlo y lo exhortaron a comparar a blancos y negros. “Hoy en día tenemos buenos cantantes en nuestra raza. Contamos con magníficos literatos. En básquet, atletismo, béisbol, boxeo, tenemos buenos atletas. Nada debemos envidiar a nuestros hermanos de raza blanca, a quienes amo con todo el corazón, pues vivimos bajo un solo cielo y respiramos el mismo aire”.

Luego la ofensiva se centró en Vietnam. “Creo que tengo derecho a escoger lo mejor para mí. Si tengo deberes, por ejemplo, pagar impuestos, cumplo al día. Creo que tengo derecho a escoger lo que me conviene. Por eso me negué a participar en una guerra que no es mía. Amo a mis hermanos y en Vietnam todos son mis hermanos. ¿Por qué he de matarlos?”.

Ok. El tono no fue el esperado pero algo lanzó. ¿Y a Venezuela viene por razones políticas? “Yo voy adonde se me paguen mis servicios como profesional del boxeo. No mezclo la política con el deporte. Mi religión impide que abrace situaciones políticas. Soy amante de la paz”. ¿Y cuánto ganará por esta visita? “No sé cuánto ganaré en esta exhibición. Solo he venido a atender una invitación, nada sé de honorarios. Mi mejor satisfacción es esto que estoy viendo, que se me quiere, y esto es un gran pago. Espero que les agrade lo que haré en el ring dentro de dos días”.

También le preguntaron si cree que le gustará Caracas. Respondió que donde va todo le gusta y que está seguro de que los venezolanos quedarán grabados en su corazón, por la sencillez como lo han tratado. “Ustedes tienen que ser un gran pueblo, pues han aplaudido a un desconocido como yo, de quien solo saben de mis luchas y de mis peleas en el boxeo. Eso para mí es mucho”.

El hombre del ego desbordó por su sencillez. Envió un mensaje a la juventud que hoy podemos lamentar no haber seguido. Aconsejó a ese pueblo joven que es Venezuela que se dedique al estudio, al trabajo y al prójimo. Que se aleje de los disturbios, que eso lo que deja es atraso y calamidad, que viva en paz y dentro del respeto a sus padres, que es lo mejor para la patria.

¡Y, por fin, le preguntaron sobre el boxeo! Hizo una promesa que no cumplió. Dijo que buscaría una revancha con Frazier y le ganaría, “porque un hombre como yo no puede ser vencido dos veces”, y aseguró que luego colgaría los guantes para dedicarse a la religión. Muhammad Alí peleó dos veces más con Frazier y lo derrotó en ambas ocasiones.  Se retiró el 12 de diciembre de 1981, 10 años después.

La caravana de Alí se enrumbó hacia Caracas. Al día siguiente, más de cinco mil estudiantes se quedaron esperándolo en el Aula Magna de la UCV, adonde había sido invitado por la Federación de Centros Universitarios. Una comisión integrada por los bachilleres Jesús Sotillo y Jesús Hernández Rojas, el profesor de la Facultad de Economía José Luis Briceño y el dirigente laboral universitario Teófilo Rodríguez fueron a buscarlo ante la impaciencia del público, que abarrotó el recinto desde tempranas horas. Nada. Razones de seguridad, según se dijo, impidieron que se dirigiera a la muchachada ucevista.

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El Nuevo Circo de Caracas se puso de bote en bote. Estaba por recibir, aunque en el momento no existiera plena conciencia de ello, a uno de los personajes más influyentes del siglo XX, a la figura –me permito volver con Mailer- más destacada en ese entonces en Estados Unidos, después del Presidente de la República, al boxeador que mejor supo expresarse a través del lenguaje del cuerpo sobre un ring, con brillantez e ingenio, con elegancia; en suma, estaba por recibir a una leyenda.

La figura imponente se asomó desde los camerinos. Los primeros que lo divisaron se pusieron de pie y comenzaron a aplaudir. La salva de aplausos, gritos, vivas, lo acompañaron en una lenta travesía que, vista en video con las imágenes de la época, permiten suponer el paso de un rey en su gloria. La gente se empinaba, se apoyaba en los asientos para poder verlo; quienes pudieron tenerlo al alcance a su paso intentaron tocarlo. Finalmente, Muhammad Alí subió al ring, al trono que dominó como nadie.

La ovación, para usar un lugar común de la época, fue atronadora. Luego del anuncio oficial  comenzó la exhibición con el sparring Lancer Johnson. Los primeros minutos fueron dedicados al “baile”. Erguido, con la cabeza inclinada levemente hacia atrás para no ser alcanzado en la cara por los ramalazos de su oponente, con los brazos abajo, con su estilo único, daba pasos laterales, giraba, soltaba un jab y respiraba, respiraba tan fuerte que los soplidos se oían por el audio del televisor.

El público estaba entregado y delirante. Celebraba con risas, gritos y aplausos sus desplantes, su juego de piernas conocido como “la bicicleta”. Despejó desde el primer instante las dudas sobre sus condiciones físicas, generadas por la poco vistosa pelea ante Jimmy Ellis hacía menos de un mes, y por la inocultable rueda que abultaba su cintura. Nada parecía hacerle mella. Muhammad Alí marcaba sus golpes con agilidad y precisión y, de repente, se sentaba sobre las sogas o colocaba los brazos sobre el cuello de su rival para dejar que lo golpeara en la zona abdominal. Luego, con agilidad, volvía a desplazarse y esquivaba los embates.

Después de cuatro round, continuó con Eddie Brocks, el segundo sparring. Fueron otros cuatro asaltos de ballet, de derroche de estilismo, a tal punto, que varios de los periodistas especializados coincidieron en sus comentarios del día siguiente en que Muhammad Alí todavía podía picar como una abeja y flotar como una mariposa, tal como lo hacía en los tiempos en que aún era el veloz Cassius Clay.

Muhammad Alí se metió en el bolsillo a las más de 8.000 personas que ese sábado 21 de agosto de 1971 asistieron al Nuevo Circo de Caracas. Cautivó con sus condiciones y con su profesionalismo, porque se tomó en serio su exhibición, salvo cuando hizo gala de sus dotes histriónicas y “acorraló” entre el ensogado al referee Rafael Toro. Esa fue la guinda que faltaba, porque demostró su humildad y simpatía. Al finalizar, le preguntó al popular “Torito”, que aún no salía de su asombro: ¿Te gustó mi estilo?

Al día siguiente, la prensa coincidió en que Alí se robó el show, en que salvó la noche en vista de la deslucida demostración de Vicente Paúl Rondón. Ese domingo viajó a Trinidad para continuar su gira.

Muhammad Alí volvió a Venezuela en marzo de 1974. En esa oportunidad vino en calidad de comentarista para una cadena de Estados Unidos de la pelea por el título de los pesos completos, la única que se ha realizado en el país en esa categoría, entre George Foreman –el entonces campeón- y Ken Norton, con la cual se inauguró el Poliedro.

Foreman acabó con Norton en cinco minutos. Alí, quien durante su carrera tuvo tres difíciles combates con el vencido retador, le declaró al periodista Jesús Cova que no tuvo tiempo de hacerle recomendaciones. De haberlo hecho, tal vez otro habría sido el resultado. Unos meses después, el 25 de septiembre de 1974, en Kinsasa, Zaire, contra todos los pronósticos, Muhammad Alí derrotó por nocaut a George Foreman y recuperó su título de Campeón Mundial de Todos los Pesos.

Gracias, Alí, el más grande.

Crónica basada en reseñas periodísticas de la época, en el video de la presentación de Muhammad Alí y en el libro “Rey del Ring”, de Norman Mailer.

 

 

 

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